La respuesta inconclusa

La respuesta inconclusa

En distintas ciudades de los Estados Unidos, el sábado 20 de julio fue la fecha en que muchos ciudadanos manifestaron abiertamente su opinión sobre el resultado del juicio a George Zimmerman. Como ha ocurrido en el pasado en otros casos similares, Trayvon Martin es ahora el símbolo de las persistentes tensiones sociales y raciales que todavía perduran en un país donde la diversidad es cada vez más amplia y más palpable. La decisión del jurado, acordando que la muerte de Trayvon fue un acto de defensa, obliga a todas las minorías a cuestionar la seguridad personal de los más jóvenes. El mismo Barack Obama agregó que él mismo podría haber sido Trayvon apenas treinta años atrás. En los detalles del juicio quedan ocultos una serie de mensajes que golpean a toda la sociedad y que obligan a repensar el cauce que recorren las relaciones entre distintos grupos. Sobre todo porque la sociedad todavía necesita responder los interrogantes que Trayvon dejó inconclusos en el último momento de su vida.

El contenido del juicio ayuda a explicar técnicamente lo ocurrido desde el punto de vista penal. Algunos analistas argumentan que probar la existencia de un asesinato en segundo grado era realmente difícil y que, como lo habían aconsejado algunos detectives a cargo del caso, probar un homicidio sin premeditación hubiera sido mucho más factible. Amén de los argumentos jurídicos, los abogados defensores solamente debían probar que existían dudas razonables sobre la culpabilidad del imputado. Como en muchos otros casos similares, diferencias en las declaraciones ante las autoridades judiciales y otros detalles fueron suficientes para justificar la decisión del jurado. Lo dramático es que, fuera del contexto de la jurisprudencia en general y del caso en particular, se ocultan ciertas verdades irrefutables: Trayvon pagó con su vida el aparente pecado de ir a una tienda a comprar golosinas y refrescos. No estaba armado ni molestó a nadie. La génesis del acontecimiento y la justificación solamente existieron en la mente de Zimmerman, que ni siquiera aceptó las sugerencias de las autoridades policiales.

El resultado final del juicio también oscurece los elementos contribuyentes a que este trágico episodio sirva para esclarecer pautas de conductas sociales futuras. El justificativo real de la conducta de Zimmerman tiene mucho que ver con la ley que en el estado de Florida permite estar armado en caso de necesitar actuar en defensa propia. La decisión de quién genera miedo y preocupación queda relegada a una cuestión subjetiva que no siempre refleja la verdad. En su argumento, el fiscal expresó con absoluta claridad que, en un breve instante, Zimmerman decidió que Trayvon era sospechoso, se bajó del automóvil y lo enfrentó a pesar de las instrucciones policiales de no hacerlo. Cuando se agrega el arma a dicho contexto, las mismas leyes protegen a la persona que la transporta y que, muy posiblemente, recurra a la misma para dar por terminado el conflicto. Zimmerman sabía que las leyes apoyaban su conducta y el resultado del juicio confirma su apreciación original.

Es indudable, al mismo tiempo, que existe un concepto subyacente que tiene que ver, precisamente, con la conducta personal de los involucrados en el episodio. Los miembros de las minorías, todas las minorías, siempre deben responder a otra escala de valores cuando se trata de la conducta personal. Porque la sospecha está siempre presente. El mejor ejemplo fue la diferencia en la reacción personal de quienes observaron la difundida fotografía de Martin Luther King, Jr. encapuchado igual que Trayvon en lugar del saco y corbata de la fotografía habitual. Esta percepción existe porque en la mente de muchos no ha evolucionado el concepto de diversidad o de igualdad que se supone es parte fundamental de los valores que defiende el mundo entero. Cuando Zimmerman decidió que Trayvon cumplía las pautas conductuales de un sospechoso, ni la policía, ni Zimmerman ni el sistema jurídico fueron capaces de hacer algo para proteger la vida del muchacho. Ese solo momento, el momento inicial, fue también el momento final, definitivo e inamovible. La suerte de Trayvon estaba decidida.

Las movilizaciones de esta semana para reclamar la justicia que la sociedad le debe a Trayvon responden a la imperiosa necesidad que tienen las familias afroamericanas de dar respuesta a los interrogantes que presentan sus propios niños. Vivimos en un mundo en el que las comunicaciones instantáneas nos permiten vivir experiencias ajenas con inusitado detalle. Quizás la elección de un presidente que tuvo que superar todos estos escollos personales haya generado expectativas irreales sobre la manera de resolver divisiones históricas que no aceptan desaparecer. Ante el cambio demográfico que tiene lugar en la democracia más importante del mundo, estas preguntas demandan una explicación que refleje con mayor precisión la realidad que nos rodea. Ya no podemos hacer nada por Trayvon. Le debemos a él una respuesta más clara, más contundente y más representativa. Es imperativo encontrarla porque también es una respuesta que nos debemos a nosotros mismos.

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