Menos testosterona, más neuronas

Menos testosterona, más neuronas

Nuestro actual conflicto con la República Oriental del Uruguay se va ahondando sin prisa pero sin pausa, generando no solo el deterioro de las relaciones con el vecino país sino también envenenando las de toda la región que, quiérase o no, va a recibir los efectos negativos de nuestro enfrentamiento.

En el actual estado de cosas y visto el rumbo en que marchan nuestros dos países urge encontrar soluciones que destraben la cuestión y permitan que por un lado Uruguay tenga sus empresas papeleras y a su vez Argentina las garantías de que se utilizarán para procesar la madera las tecnologías de última generación disponibles que aseguren que el impacto ambiental sea el mínimo posible y que se establezca un sistema de control que impida que los acuerdos queden sólo en el papel.

Para ello es necesario dar una serie de pasos conducentes a la solución del conflicto, adoptando actitudes generosas y abandonando de una vez y para siempre la actitud de matón de la esquina, entendiendo que las políticas de estado en defensa de nuestros intereses permanentes se definen utilizando el cerebro, no nuestros atributos masculinos.

Si realmente queremos una solución del conflicto que, además de evitar el impacto ambiental, garantice que a mediano plazo podamos recomponer nuestra relación con Uruguay, entiendo que es necesario:

Dejar de lado la cuestión de quién incumplió primero sus obligaciones, porque ésa discusión no es conducente a la solución del conflicto. Nos guste o no se debe aceptar que la decisión uruguaya de radicar dos importantes papeleras en la margen oriental del río Uruguay es un hecho consumado. Dicha situación debe explicársele claramente a los vecinos de Gualeguaychú, señalándoles cuáles son los límites posibles de una acción exitosa en esta materia.

Renunciarse a aquellos cursos de acción dirigidos a causar un daño a nuestros vecinos, porque además de ilegales son ineficaces, generándose además resentimientos que dificultarán una discusión franca del problema.

Que los vecinos de Gualeguaychú entiendan que el corte de rutas no es un derecho que ellos tengan y que no pueden actuar como lo hicieron en el pasado. Para ello es indispensable que las autoridades nacionales y entrerrianas adopten posturas responsables, indicándoseles a los vecinos que, si fuera necesario se arbitrarán las medidas coercitivas para despejar el tránsito.

Que cesen las acciones ante los organismos internacionales de crédito que buscan entorpecer la financiación de la obra. Ésas gestiones, en el mejor de los casos, lograrán encarecer el financiamiento pero no impedirán que las obras se ejecutan.

Que, y quizás esto sea lo más importante, se dejen de lado las condiciones previas que se pretenden imponer para reestablecer el diálogo. La pretensión de condicionar el mismo a la suspensión de las obras por 90 días carece de razonabilidad, aunque imprudentemente Tabaré Vázquez la haya aceptado en Santiago de Chile. Si de lo que se trata es acordar realizar los estudios necesarios para determinar el real impacto ambiental y sobre ésa base diseñar las garantías de que el mismo sea mínimo, no se advierte porqué el cese de las obras debe ser una condición para el acuerdo, tanto más si se tiene en cuenta que las obras están en un tramo de su desarrollo que no determina el uso de la tecnología a utilizar.

Nuestro Presidente le pidió a Vázquez el “gesto” de suspender las obras como contrapartida del levantamiento de los piquetes que impedían la circulación. Solo la inexperiencia de Vázquez le pudo haber llevado a aceptar tal condición sin advertir que ella implicaba, en el fondo, poner en entredicho el derecho de Uruguay a llevar adelante el emprendimiento y a reconocer el derecho de nuestro país a impedir que las obras se hagan.

Personalmente descreo que el trámite iniciado ante el Tribunal de La Haya, tanto en lo que se refiere a la medida cautelar como al tema de fondo, vaya a tener resultado favorable para nuestro país. Creo además que está en juego algo más importante que la contaminación de un río binacional, cuestión que es en sí misma es muy importante, y ése algo es la calidad de nuestras relaciones globales con Uruguay.

Nuestros vecinos no tienen la posibilidad de retroceder respecto de las posiciones tomadas. Por ello se requiere una actitud más comprensiva de nuestro país, que sí puede dejar de lado planteos que, en última instancia, sólo se relacionan con una cuestión de prestigio personal de nuestros gobernantes, que no quieren aparecer como perdiendo la pulseada con un adversario que en su fuero íntimo subestiman.

La superación del conflicto de manera que se contemplen los intereses de ambas partes requiere grandeza de estadista, pensar en los intereses del país y olvidarse de las encuestas de popularidad.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.