La publicidad y la medicación de los riesgos

La publicidad y la medicación de los riesgos

Continuando con lo charlado en encuentro previos, voy a referirme hoy a una situación a la que repetidamente asisten los médicos en su practica diaria. Es aquella en la que los pacientes le solicitan a su médico que éste le indique la realización de determinado estudio o le recete determinado medicamento. Le explican que han leído o le han comentado que existe un análisis por ejemplo, o una nueva medicación, que sería buena para ellos por este u otro motivo.

Seguramente, el paciente ha comprendido bien lo que ha leído y su preocupación es legítima. Sucede que muchas veces, la información vertida en los medios de comunicación y, como decíamos en otras ocasiones, incluso la información para los profesionales médicos, se expone de tal manera que, aún no faltando a la verdad, no se describe la realidad en su totalidad.

Voy a intentar describir lo anterior con un ejemplo.

En el año 2008 se dan a conocer los resultado de un muy conocido e importante estudio para la comunidad medica (casi 18000 pacientes). En él, se había investigado el potencial beneficio de medicar a pacientes con un medicamento para “bajar el colesterol” aún teniendo los pacientes valores de colesterol normal. En estos pacientes se debía solicitar determinado análisis de sangre. Si el resultado era positivo, aún con colesterol normal, el paciente recibía la medicación.  La conclusión del estudio fue que siguiendo estas indicaciones se reducía signifi-cativamente el riesgo de padecer de algún evento cardiovascular (muerto de origen cardiovascular, infarto de miocardio, necesidad de angioplastia, o accidente cerebral).

Presentado de esta manera, podríamos decir que existe un análisis de sangre, cuyo resultado positivo me indica que estoy en riesgo de sufrir un evento cardiovascular, incluso la muerte. ¿Me lo solicita doctor? Y que además, existe un medicamento que lo puede evitar ¿Me lo receta doctor?.

Trasladando los criterios de inclusión de pacientes en el estudio a la población general de los Estados Unidos, significaría que el 80% de los norteamericanos de edad media, deberían se tratados con tal medicamento. Desde el sentido común ¿suena creíble que tantos pacientes deberían tomar una medicación para reducir el riesgo de padecer una enfermedad, que por otro lado jamás pudieran tener? Es por lo menos para pensarlo, no?

Además, permanentemente aparecen nuevos estudios “que demuestran” lo inocuo (que no hace daño) de tal medicamento. A uno le queda la sensación de que el mensaje es: ”utilícenlo, de todas formas, no hace daño”.

Ahora, realmente ¿todos los pacientes con colesterol normal y análisis positivo de la población general se asemejan a los pacientes del estudio? No. Ellos eran en general hombres, con sobrepeso y con lo que se ha dado en llamar “sindrome metabólico”. Pero esto no se destaca en la información general. El mensaje es “todos”. El mercado es “todos”.

También se ha demostrado que el resultado positivo del mencionado análisis no mejora la predicción del riesgo cardiovascular que resulta de la utilización de los marcadores clínicos habituales (edad, sexo, hipertensión arterial, tabaquismo, colesterol y diabetes)

Y un dato que no parece menor. El investigador principal del estudio es dueño de un porcentaje, aunque bajo, de los derechos de comercialización para la realización de aquel análisis.

Nos encontramos pronto.

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