Inseguridad, un debate necesario en la ciudad

Inseguridad, un debate necesario en la ciudad

Cuando abordamos la problemática de la seguridad en San Francisco, siempre hay que ponerla en un contexto para poder comprender lo que sucede y establecer algunas conclusiones que tengan correlación con los hechos y sirvan para tomar decisiones adecuadas.

Hay que comenzar diciendo que San Francisco no es una ciudad insegura en términos comparativos. Algunos tipos delictivos graves no están instalados o no suceden con frecuencia preocupante como son, por ejemplo, los secuestros extorsivos, las salideras bancarias o los homicidios por cuestiones particulares o en ocasión de robo.

Dicho esto, hay que marcar los hechos de inseguridad que sí se producen con frecuencia preocupante y que deben ser resueltos por vía de acciones colectivas, concertadas y teniendo como protagonistas centrales pero no excluyentes a las fuerzas de seguridad.

El tema de la seguridad no reconoce límites políticos, por lo tanto, en ningún análisis puede soslayarse lo que sucede en Frontera y en Barrio Acapulco ya que con ellos conformamos un mismo conglomerado urbano y tenemos, en el tema seguridad y en muchos otros, un destino común.

En orden de importancia, a nuestro entender, los temas más preocupantes son:

El narcotráfico: recientes declaraciones del Juez Federal, Dr. Mario Garzón, nos hablan de un informe de la DEA norteamericana donde se menciona a la ciudad de Frontera como un foco relevante de narcotráfico y de narcotraficantes. Las tres jurisdicciones municipales y las dos provinciales generan un marco de impunidad al que no se le encuentra soluciones políticas ya que pasar de una jurisdicción a otra significa evadir de la acción policial de uno u otro lado de la Frontera. Este delito, además de las graves consecuencias para los adictos, tiene una consecuencia colateral muy seria ya que pone en mano de los delincuentes ingentes sumas de dinero que le dan acceso a buenos abogados, a mejores tecnologías y a la posibilidad de corromper el sistema judicial y policial que debe perseguirlos. Además, acceden a mejor logística para planear otro tipo de delitos.

El robo a mano armada: casi a diario reproducimos información de delincuentes que ingresan a locales comerciales armados, reducen y golpean a quienes encuentran a su paso y roban dinero. No parece haber solución para este tipo delictivo.

El robo de motocicletas: números que brindan fuentes de la propia policía hablan del robo, en promedio, de dos motos por día en San Francisco-Frontera-Josefina, las motos robadas son revendidas en otras localidades, desarmadas para vender por partes o se pide un “rescate” a sus propios dueños. Se calcula que este negocio “mueve” más de 120000 pesos mensuales y hay pocos antecedentes de delincuentes detenidos por cometer este tipo delictivo.

Los arrebatos: también son innumerables los casos que se denuncian y otros tanto que no son denunciados por las víctimas ante la certeza de que la mismo no reportará ningún resultado.

Resistencia a la autoridad: este tipo delictivo es más reciente y muy preocupante. Al menos en cinco oportunidades a lo largo del presente año, informamos sobre acciones de vecinos de Barrio Parque que repelen a la policía, que no la dejan entrar al sectores del barrio, generando una zona liberada de presencia policial. Recibimos varios mensajes de vecinos del sector alarmados por esta situación en la que se sienten muy desprotegidos. El domingo, este accionar se extendió al barrio La Milka donde le costó muchísimo a la policía controlar la reacción en su contra de un grupo de jóvenes vecinos del sector. Este tipo de acciones nos hacen reflexionar sobre los motivos por los cuales existe en distintos sectores de la sociedad semejante pérdida de autoridad por parte de la policía. Hay ahí, seguramente, motivos educativos, motivos sociológicos y también responsabilidad sobre los modos en que se ejerce la autoridad policial que habrá que revisar. Lo grave de ésta situación es que, si no se controla, puede ser el germen de la aparición de verdaderos ghetos, como existen en algunas ciudades argentinas y muy notorias en otros países, donde la autoridad real la ejercen grupos de delincuentes que imponen allí sus propias leyes.

Insistimos, sobre éstos temas hay que impulsar la discusión y no cometer el error de creer que su solución vendrá, solamente, de la mano del accionar de las fuerzas de seguridad.

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