La prevención de enfermedades cardiovasculares y la actividad física en edad escolar

La prevención de enfermedades cardiovasculares y la actividad física en edad escolar

La enfermedad cardiovascular es la principal causa de morbi-mortalidad en nuestro país y en el mundo. En general, ésta es secundaria a enfermedad ateroesclerótica, que es la responsable principal de la cardiopatía isquémica y el accidente cerebrovascular.

Aunque las fases avanzadas de la ateroesclerosis y los eventos clínicos de la enfermedad se observan en personal adultas, las fases iniciales de esta enfermedad se observan ya en niños. Existe evidencia que este proceso ateroesclerótico está fuertemente relacionado con la exposición a factores de riesgo desde la niñez.
La obesidad constituye una auténtica epidemia de la edad pediátrica en los países desarrollados. Se estima una prevalencia del 17 % de niños y adolescentes con un índice de masa corporal sobre el percentilo 95% para sexo y edad.

En Argentina según el “mapa de obesidad” del grupo CESNI, la prevalencia global estimada de sobrepeso-obesidad es 31,9%.

Las cifras de prevalencia indican que el incremento de sobrepeso-obesidad en la edad pediátrica es creciente, lo que tendrá un alto impacto en la salud.

Existe una probabilidad muy alta de que la obesidad se mantenga hasta la edad adulta cuando el niño ha sido obeso. Así, el riesgo de obesidad en la edad adulta es al menos dos veces más elevado. Además, las personas que fueron obsesas en la infancia presentan morbilidad y mortalidad más elevada que las personas que no fueron obesas en su infancia.

La obesidad, está fuertemente relacionada con la enfermedad ateroesclerótica. Estu-dios en niños y adolescentes han demostrado que la acumulación de grasa abdominal está asociada a un incremento de triglicéridos, la disminución del HDL colesterol (el colesterol bueno), hipertensión arterial y diabetes.

El hábito sedentario es un importante factor de riesgo para el desarrollo de  enfermedad ateroesclerótica y está asociado a mayor prevalencia de otros factores de riesgo, como la obesidad, la hipertensión arterial, la disminución del HDL colesterol y la diabetes. Estudios prospectivos han demostrado que individuos que realizan actividad física regular, presentan un perfil de riesgo favorable con menor desarrollo de patología cardiovascular.

La actividad física de los niños es una medida preventiva y terapéutica que reduce el riesgo de futuras enfermedades cardiovasculares. Mantener una buena condición física aeróbica en la infancia, reduce el riesgo de desarrollar  enfermedades cardiovasculares en la edad adulta. Asimismo, la capacidad cardiorespiratoria fue inversamente relacionada a la presencia de sobrepeso-obesidad, colesterol elevado e hipertensión arterial sistólica.

Un estudio de intervención español concluye que los niños con mayor nivel de actividad física presentaron mejores valores del perfil antropométrico (relación entre altura y peso) y bioquímico (valores de colesterol, triglicéridos y glucemias) relacio-nados con el riesgo cardiovascular.

Por otro lado, tanto el hábito sedentario como el hábito de realizar actividad física regular en la infancia, se trasladan a la edad adulta. Sobre todo, altos niveles de actividad física en adolescentes, predicen altos niveles de actividad física en adultos.

Conocemos también lo que se ha dado en llamar fenómeno de anidamiento y canalización. Existe evidencia de la presencia de factores de riesgos ateroes-cleróticos en relación con la obesidad en el adolescente en forma de anidamiento (diferentes factores de riesgo en forma conjunta), como también de su traslado (canalización) hacia edades mayores. La obesidad se asocia, como ya se ha referido, con la presencia de alteraciones en el perfil lipídico, intolerancia a la glucosa, hipertensión arterial y cambios ateroescleróticos en la pared arterial.

A largo plazo, la obesidad en la infancia y adolescencia se asocia a mayor morbilidad y la mortalidad en la edad adulta. El aumento observado en la mortalidad es por un lado, mortalidad por toda causa y por otro, mortalidad secundaria a enfermedad coronaria, afección cerebrovascular e hipertensión.

Nuestros hijos ocupan más del 70% de sus horas de vigilia diaria en actividades relacionadas directa o indirectamente con la escuela.

Podríamos hacernos la siguiente pregunta: ¿Qué importancia le dan en la actualidad las instituciones educativas al desarrollo de actividades relacionadas con la prevención cardiovascular, en particular, a la promoción de la actividad física?

Dos horas semanales de “educación física” parece ser toda la respuesta. Siempre que no haya que practicar para el desfile o la destinemos para una “reunión de padres” u otro asunto de “mayor” importancia.

Una buena noticia es que, desde hace unos años,  las competencias intercolegiales han tenido un nuevo y fuerte impulso. Esto debería dar lugar en cada colegio al desarrollo de estrategias de promoción de la actividad física recreativa, favoreciendo una sana competencia, que sabemos, desembocará en probados beneficios físicos y psicológicos, a nivel individual y social.

Para terminar, una buena tarea para los padres, que me parece muy importante para nuestros hijos. La de involucrarnos más en estas cuestiones. Que nos parezca tan importante “la hora” de matemática o de literatura como el espacio, físico y de tiempo, que se destina para el desarrollo de las actividades que harán de nuestros chicos adultos sanos.

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