El médico y la industria farmacéutica

El médico y la industria farmacéutica

La industria farmacéutica, a partir de costosas investigaciones, pone a disposición de la medicina, medicamentos que permiten tratar innumerables enfermedades.
Su importancia es tal, que se encuentra entre las entre las diez industrias más importantes de la actividad económica. Inevitablemente, se derivan de lo anterior varias cuestiones que propongo analicemos.

En principio, la necesidad que tiene la industria farmacéutica de mantener sus ingresos. Ingresos que la hacen no sólo viable; se obtienen cuantiosas ganancias.

Para lograr lo anterior, se apela a costosísimas campañas publicitarias, lo que trae aparejado un aumento en el costo del producto farmacéutico, que encarece enormemente los gastos en salud. Se calcula que las empresas farmacéuticas  gastan lo que representa más de un 30% de sus ganancias en gastos de “ventas y comercialización”. Entre países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el porcentaje del gasto en medicamentos en relación al gasto total en salud, en promedio, alcanza el 17%, representando también en promedio el 1,4 % del producto bruto interno de esos países.

Otra consecuencia de la necesidad de mantener altos ingresos, es la salida al mercado de medicamentos que no necesariamente son superiores a los ya disponibles, pero son siempre más costosos. Se invierten enormes recursos y son tratados miles de pacientes en estudios de grandes dimensiones, con el objetivo de demostrar que el nuevo medicamento no es inferior al ya existente.

La promoción y el uso no controlado de los medicamentos que se expenden sin receta médica, es otro costado de este inmenso negocio, que deriva en un incalculable aumento del costo directo e indirecto (complicaciones de uso y abuso de la automedicación) en salud.

Un capítulo muy importante en este temas es la relación de la industria y los médicos. La relación es tanto a nivel individual como a través de asociaciones médicas.
Una interesante investigación en Estados Unidos revela que 92 % de los médicos aceptaron muestras médicas gratis de visitadores médicos, 61 % recibieron invitaciones a comidas, actividades no médicas o viajes con todo pago, el 13 % recibió “beneficios financieros o de otra índole” y el 12 % incentivos por participar en protocolos clínicos sobre diferentes fármacos. Se estima que en EEUU las compañías farmacéuticas invierten de 8,000 a 15,000 dólares por médico por año. Así también, con respecto a la relación de la industria con asociaciones médicas, se calcula que cerca del 60 % de las guías clínicas que se editan en los EEUU, están subvencionadas por la industria farmacéutica, con el conflicto de intereses que esto implica.

Es preocupante también el hecho de que los médicos no terminan de advertir el alcance de estas prácticas de la industria. Son interesantes las conclusiones a las que arriba una investigación en EEUU, que advierte que, entre residentes de medicina, 61 % manifestó que se no sienten influenciados por la propaganda de medicamentos desde la industria. Más aún, entre médicos y residentes de otra investigación, se objetiva que obsequios de libros, comidas financiadas por la industria, muestras médicas, presencia de visitadores médicos durante las horas de trabajo, fueron consideradas éticamente aceptables. Y aún más importante es el hecho de que se constatado que la única información que recibe un grupo numeroso de médicos sobre nuevos medicamentos es a través de la propaganda médica. Hecho de mucha gravedad, con consecuencias impredecibles.

Es auspicioso el hecho de que esta conflictiva y no deseable relación entre la industria y la actividad médica, ha comenzado a preocupar, tanto a las asociaciones médicas, a los seguros sociales, a los estados y a la misma industria farmacéutica. Existen ya empresas que han adherido a normas de buenas prácticas de comercialización y asociaciones médicas que han dictado pautas y han desarrollado “guías éticas” sobre “obsequios” de la industria farmacéutica destinados a los médicos.

Dos cuestiones son centrales en esta discusión, que abordaremos en futuros encuentros.

Primero, el rol del estado, con su ineludible responsabilidad en la autorización y el control de la comercialización de medicamentos. Además, es quien en gran medida termina pagando la factura.

Segundo, los médicos. ¿Son víctimas del sistema o partícipes necesarios con una importante cuota de responsabilidad?

Hasta el próximo encuentro.

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