Continuamos charlando sobre prevención

Continuamos charlando sobre prevención

En salud nos referimos permanentemente a la necesidad de prevenir distintas enfermedades. ¿Qué otras cosas involucra la prevención?

Las distintas enfermedades que pudiéramos tener, se presentan en la población en un número dado de personas. Al número de nuevos casos de esa enfermedad en un determinado periodo de tiempo (por ejemplo, un año), le llamamos la incidencia de esa enfermedad.

Si cada uno de nosotros pertenecemos a la población a la que nos estamos refiriendo, tenemos un riesgo de determinada enfermedad igual a la incidencia de la misma.

Vamos con un ejemplo. Si, en una determinada población y en determinada franja de edad, la incidencia de infartos agudos de miocardio es de 1,4 casos por mil habitantes por año, cada uno de los pertenecientes a ese grupo, tendría teóricamente un 0,14 % de probabilidades de tener un infarto cada año.

En forma simple, prevenir, involucra una serie de medidas que hacen a una población tener menor riesgo de desarrollar una enfermedad del que se tiene actualmente.

Si con una medida de prevención, se disminuyera la probabilidad en un 50 % (que un porcentaje prácticamente imposible de alcanzar), tendríamos para una persona de esa misma población una probabilidad de 0,07 % de sufrir un infarto al año.

En la prevención de enfermedades cardiovasculares, principal causa de mortalidad en los países occidentales, un punto central es el control de los factores de riesgo, entre ellos la hipertensión arterial (en adelante HTA).

En un interesante artículo, un español que pertenece a la Sociedad de Hipertensión arterial de la Comunidad Vasca, hace referencia precisamente a esta cuestión.

Refiere en el comienzo, que la HTA es un factor de riesgo para ciertos eventos cardiovasculares, como el accidente cerebral, el infarto de miocardio o la insuficiencia cardiaca. Y que es un factor de riesgo porque se asocia estadísticamente  a dichos eventos, no porque sea causa necesaria y suficiente. Y provocadoramente analiza que la mayor parte de los infarto de miocardio acontece en pacientes con cifras de tensión normales, pese al descenso progresivo y persistente de las cifras que definimos como “normales”, que pronto llegarán al absurdo, para lograr incluir a todos los pacientes que tienen un infarto de miocardio entre los hipertensos.

Más adelante escribe: “El afán de prevención, de evitar los riesgos que conlleva la hipertensión, es una afán que puede llevar a la “pornoprevención”. Con cada decisión, desde el cribaje al tratamiento y seguimiento, se puede iniciar una cascada de intervenciones sanitarias cuyo final puede ser perjudicial para el paciente.
Para más adelante referirse a la “prevención cuaternaria”, que es evitar los efectos adversos y perjudiciales que provocan la intervenciones médicas de cribaje, diagnóstico, tratamiento y seguimiento. Manifiesta: “En la práctica clínica, la prevención cuaternaria exige formación, información, decisión, conciencia, ciencia y ética”
Sin embargo, luego de estas advertencias deja claro algunos puntos que vamos a destacar.

En cuanto al cribaje de HTA, esto es, la detección de HTA en pacientes que acuden  a la consulta por otro motivo, queda claro que los beneficios superan a los perjuicios en el diagnóstico precoz de la HTA. Se ha demostrado el beneficio del tratamiento de pacientes hipertensos diagnosticado mediante cribado.

En cuanto al tratamiento, advierte por ejemplo, que no existen estudios que avalen los resultados a largo plazo de las intervenciones terapéuticas no farmacológicas en la HTA. Bajan las cifras de tensión arterial a corto plazo el control del estrés, la reducción de sal, el aumento del potasio en la dieta, la actividad física y la disminución del consumo de alcohol. Pero se desconoce su utilidad respecto del resultado final en el tratamiento de la hipertensión.

Por otro lado, y muy importante, es la referencia al efecto de los cambios del estilo de vida en la población (no los pacientes). Y refiere que se ha calculado que si el impacto promedio de las intervenciones sanitarias en general sobre los años de vida ajustados según calidad ofrece una relación beneficio/costo de 4 a 1, los cambios en el estilo de vida presentan una relación de 30 a 1.

En cuanto al tratamiento, pone de relieve que son pocos lo medicamentos que han probado resultados a largo plazo, resaltando que la capacidad de un fármaco de bajar la tensión, puede no correlacionarse con su capacidad de reducir los eventos cardiovasculares asociados a la misma.

Intentemos ahora una conclusión final, aunque este debate seguirá siempre abierto. Es claro que diagnosticar a tiempo la HTA tiene beneficios probados a nivel de los pacientes y a nivel poblacional. Algunos fármacos han probado sus beneficios a nivel pacientes.

Pero lo más importante es el resultado de establecer medidas de prevención sobe el estilo de vida a nivel poblacional. Y el abordaje, obviamente, trasciende al médico en forma individual.  Son cuestiones de salud pública.

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