De gobernador a candidato

De gobernador a candidato

A la hora de elegir los candidatos a la presidencia de EE.UU. las preferencias populares oscilan entre senadores y gobernadores. La diferencia entre ambos grupos no es insignificante. Los gobernadores son políticos con experiencia ejecutiva mientras que los senadores tienen conocimientos en cuestiones legislativas. La complejidad de los votos en el Congreso hace que siempre sea más difícil para un legislador. El primer paso en ese arduo camino que lleva a la Casa Blanca es crear una candidatura que responda a las expectativas de los votantes. Esta semana comenzó dicho proceso Chris Christie, el actual gobernador de Nueva Jersey, quien con mucha rapidez acaparó la atención de los medios y la opinión pública justamente por ser considerado uno de los aspirantes a la presidencia en las próximas elecciones presidenciales. El escándalo que inaugura su incursión en el ámbito nacional sirve justamente para crear dudas sobre su estilo administrativo y su manejo del poder ejecutivo. El final todavía no ha llegado a dicha crisis, pero el primer salvo de la interna republicana por la presidencia ya ha resonado en el entorno partidario y el resto de la nación.

El problema fue generado luego de que se conociera públicamente que el cierre por cuatro días de varios carriles de una autopista que permitía el ingreso al puente George Washington que conecta a Nueva Jersey con Nueva York se había originado en la oficina del gobernador. El plan supuestamente había sido creado por los asesores de Christie como retribución al intendente de Fort Lee, un demócrata, por no haber apoyado la reelección del gobernador. En una conferencia de prensa que duró dos horas, el gobernador presentó sus disculpas al pueblo de Nueva Jersey desde Trenton, la capital del estado. Dijo sentirse avergonzado por la conducta de algunos de sus asesores. Considerando que hace un mes había negado la posible participación de miembros de su equipo, esta admisión repentina puso en marcha un claro cuestionamiento de su liderazgo. Se iniciaron varias investigaciones en distintos ámbitos legislativos y judiciales. A fines de la semana pasada, varios de los involucrados fueron citados a comparecer ante la justicia, entre ellos Bridget Anne Kelly, segunda jefa de gabinete, quien hasta ahora no ha ofrecido ningún detalle sobre el posible papel del gobernador.

Tanto los detalles como la cantidad de comentarios y análisis confirman que este escándalo ha convertido instantáneamente al gobernador en candidato. El tono de la conferencia de prensa fue quizás el detalle en el que más repararon los que siguen de cerca su desempeño. En otras oportunidades, el gobernador había usado un estilo mucho más combativo, directo y llamativo hasta en el lenguaje usado para dirigirse a los periodistas. Su reputación por ejercer un control muy estricto entre sus colaboradores pareció esfumarse de repente al reconocer que no tenía conocimiento del cierre de los carriles y que tampoco sabía que el intendente de Fort Lee no había apoyado su reelección. Para evitar obvias comparaciones, el gobernador indicó que este incidente es la excepción y no la regla en la manera en que funciona su gobierno. Christie es reconocido ampliamente por su propio partido y por la oposición demócrata como una figura política con cierta flexibilidad ideológica que es justamente el elemento que lo convierte en el preferido del sector menos conservador del partido republicano como la esperanza para el 2016.

Pero justamente fue la reacción de su propio partido el detalle más interesante de toda esta saga. Desde el comienzo de la crisis y hasta la actualidad, el silencio de sus pares republicanos es quizás el elemento que dibuja con mayor claridad la futura candidatura del gobernador. Durante la crisis desatada por el huracán Sandy, que destrozó gran parte de la costa de Nueva Jersey, el gobernador aceptó la ayuda del gobierno nacional y recibió con un apretado abrazo al presidente Barack Obama cuando la comitiva presidencial visitó la zona dañada para ofrecer todos los recursos y la ayuda del gobierno nacional. Para muchos republicanos, ese espíritu de colaboración y esa sensibilidad a lograr resultados a través del trabajo conjunto con la oposición es realmente anatema. Muchos sueñan con la candidatura de un conservador como Ted Cruz o Marco Rubio y otros con Rand Paul o Paul Ryan, pero nunca con un moderado como Chris Christie. Los que apoyan al gobernador argumentan, con razón, que para lograr el triunfo electoral lo que el partido republicano necesita, es justamente un candidato incluyente como Christie.

Las investigaciones tendrán la última palabra porque los asesores responsables por esta primera crisis de la candidatura nacional de Christie deberán divulgar detalles de lo ocurrido ahora que lo requiera la justicia. Esa información surgirá en el momento oportuno. Lo que resulta claro de esta experiencia es que la fisura del partido republicano es profunda y notoria y que, de no tener algún tipo de resolución política, las primarias republicanas del 2016 volverán a ser un espectáculo capaz de reducir las posibilidades reales de cualquier candidato. Christie posee un estilo diferente a la mayoría de los políticos republicanos. Su principal atributo es su pragmatismo y su manera de administrar los asuntos públicos teniendo en cuenta el beneficio para el estado que representa. En el actual ambiente de Washington, el estilo y el contenido del mensaje de Christie reflejan una manera de gobernar que no tiene contexto ni representación en los corredores de la capital de la nación. Es ese estilo diferente lo que podría llevar a Christie a la presidencia. El único problema es que para recibir el ascenso de gobernador a presidente tiene inevitablemente que superar tres años como candidato.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.