La Cajita Feliz

La Cajita Feliz

“Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros”.
(Groucho Marx)

“Lamentablemente, los problemas y desequilibrios macroeconómicos se han exacerbado en 2014 y prometen incrementarse aún más durante el año electoral por cuanto va quedando claro que el Gobierno continuará aferrado a las mismas políticas que los causaron […] Tal como lo ha hecho en los últimos siete años, el Gobierno pretende seguir tapando el sol con la mano, comprando tiempo y posponiendo la inevitable corrección macroeconómica)”

(Luis Secco//Perspectivas económicas)

Con seguridad durante mucho tiempo nos acordaremos del mes de enero/2015 en el que la denuncia del Fiscal Alberto Nisman en contra de la Presidenta, su Canciller, un Diputado Nacional y otros personajes menores por encubrimiento del atentado contra la AMIA fue seguida de la muerte de aquel en circunstancias tan dudosas que la misma denunciada afirmó en un primer momento que se trataba de un suicidio -versión en la que fue seguida por su actual vocero preferido -Aníbal Fernández, Secretario General de la Presidencia- que improvisó toda una teoría psicológica del porqué de esa trágica decisión en línea con la argumentada sin razón de la denuncia que había conmocionado el ambiente político nacional y ocupado las primeras planas de la prensa extranjera. Sin solución de continuidad ni advertirles a sus soldados del cambio de frente, Cristina afirmó que lo ocurrido era todo lo contrario, que, aunque no tenía pruebas, estaba convencida de la verdad de lo que ahora afirmaba: Nisman había sido asesinado.

En la tarea de despegarse de la muerte del Fiscal y de los hechos denunciados por él días antes de su trágico fin, no se ahorraron argumentaciones, por grotescas que parecieran, destinadas tanto a desacreditar la denuncia y al denunciante como a desligarse de toda responsabilidad en esa muerte. Tantos, tan variados y a veces tan disparados argumentos se esgrimieron que, a pesar de la gravedad institucional de los hechos comentados, pareciera que el inspirador de algunos de esos dislates colectivos no era otro que Groucho Marx.

Tanto el Jefe de Gabinete de Ministros, Jorge Milton Capitanich, como el secretario del Pensamiento Nacional, Ricardo Forster, y aún la propia Presidenta, llegaron a decir que con la muerte de Nisman la prensa opositora pretendía ocultar el éxito de la temporada veraniega en la costa…

Sobre el porqué de ésa afirmación versan estas reflexiones. Para que nos entendamos: Contrariamente a lo que puedan pensar algunos, el Gobierno está lejos de sentirse derrotado y toda su actividad está orientada desde hace tiempo a optimizar los resultados de la elección de octubre próximo, intentando reeditar las condiciones que rodearon la elección de 2011 que posibilitó la reelección de Cristina con algo más que el 54% de los votos. En ése resultado incidió de modo determinante la percepción positiva por el electorado del estado de la economía dado que para la mayoría, que no adscribe ideológicamente a ningún partido, el sentido de su voto está determinado por cómo está su situación económica.

Es por eso, a pesar de que la macroeconomía está pidiendo a gritos cambios que modifiquen el curso actual, el Gobierno, postergando toda reforma para después de 2015, insiste en medidas tendientes a privilegiar el consumo de las clases medias y en mejorar sus condiciones de vida, pues con ello espera captar los votos de ese segmento social para que, si es posible, quien sea en definitiva el candidato oficial, éste gane en la primera vuelta. Recordemos que si alguien supera el 40% de los votos emitidos y hay una diferencia superior al 10% con el segundo, gana sin segunda vuelta quien sacó más votos. De otro modo, esto es si hay segunda vuelta, el resultado puede ser otro porque la oposición, mayoritaria pero fragmentada en la primera de las vueltas, optaría por quien quede en carrera para poner fin a la experiencia kirchnerista.

El gasto fiscal terminó por descontrolarse ya que en 2014, sin contar intereses, aumentó en el 44%  por sobre lo gastado en el año anterior, porcentaje que resultó superior en un 10% al porcentaje de aumento experimentado en 2013. El gasto primario del gobierno nacional en éste año superaría el billón y medio de pesos ($ 1.530.000.000.000), que equivale -según ha precisado algún analista- a gastar $ 175.000.000 por minuto. La mayor parte de los activos del BCRA son ya títulos de deuda del Tesoro Nacional y se prevé emitir unos $ 275.000.000.000 este año. El gobierno trata así de mejorar la capacidad de consumo de la clase media, que de otro modo quizás le pueda ser políticamente esquiva, y para ello promueve planes crediticios de todo tipo, posterga la disminución o quita de subsidios, mejora los trenes del conurbano bonaerense, aumenta a los jubilados, refinancia las deudas de las provincias adictas y un muy largo etcétera en el que se incluye tanto el control del valor del dólar blue como la facilidad con que se viaja al extranjero, para lo que no hay restricciones de dólares como las que sufren muchos importadores. Se viaja pagando en PESOS y hay financiamiento de pasajes y hoteles en 12 cuotas, aunque las agencias de viaje paguen los servicios en el exterior en dólares. El resultado de esa promoción del consumo está dado, entre otros parámetros, por la cantidad de turistas que reciben las plazas tradicionales. El control de la inflación -que se sigue negando- y el resto de las medidas macroeconómicas necesarias se patean para más adelante.

Frente a los niveles de consumo que demuestra la temporada de verano, considerados políticamente auspiciosos, los episodios comentados sacan del centro de la escena lo que quería presentarse como un logro fundamental de la política del Gobierno -crecimiento con inclusión-, situación que los dejó en un estado de confusión mental pues vieron, de un día para otro, inesperadamente, diluirse entre los dedos una estrategia electoral que consideraban de resultado probado.

Esa estrategia apunta, como expresábamos, a generar, a cualquier costo, condiciones de que le permitan ganar la próxima elección en primera vuelta, y de no lograrse ese objetivo que posibiliten mantener un relato como el que quedó impreso en el imaginario peronista al ser derrocado Perón (1955). Parafraseando a Osvaldo Soriano, lo que se quiere, si no se logra imponer el candidato del FpV, es que la “década ganada” quede en la memoria colectiva como un período en el que no había penas ni olvidos, el cual se quiera recuperar después de un interregno de gobierno opositor para poder reparar las consecuencias del necesario reordenamiento de la economía que el próximo gobierno deberá implementar para lograr un desarrollo sustentable.

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