Hebe sin filtro

Hebe sin filtro

(Me) “gustan todos los candidatos” que presenta el oficialismo “menos Scioli …Scioli es un tipo que en la época de la dictadura apoyó la dictadura. Si vos sos un tipo de una clase social que te la pasás andando en una lancha y te cagás en lo que pasa en tu país ya te das cuenta que estás del otro lado …  se manifiesta a favor de los derechos humanos “porque ahora es fácil”, pero hay que ver qué hacía en la última dictadura…Era de la clase social que estaba de acuerdo con que se llevaran a nuestros hijos”.
(Hebe Pastor de Bonafini)

“Quedate tranquila primero me voy a recibir y luego nos volvemos al sur a ganar plata. Quiero  ser gobernador”
(REINA CRISTINA, Olga Wornat)

A lo largo de los casi trece años que en este espacio reflexiono sobre el contexto político-social en el que se desarrolla nuestra cotidianeidad, una y otra vez lo he hecho sobre los hechos y decires de Hebe Pastor de Bonafini (Ensenada, diciembre/1928), éstos que se citan en el acápite han suscitado mi atención de manera tal que encontré necesario reflexionar sobre ellos pues, entiendo, definen no sólo su pensamiento sino, lo que es mucho más importante –y que justifican esas reflexiones- lo que sienten y piensan quienes militan en el espacio político del cual ella es una figura emblemática.

El matiz, el claroscuro, el intentar entender al adversario político, no forman parte de su forma de percibir la realidad ni de la estructura de su pensamiento. Para ella lo que realmente le importa es blanco o negro, su percepción de la realidad es típicamente maniquea, en donde lo bueno, lo nacional y popular, el “pueblo” en suma, está únicamente en su propio espacio político, que define como un “nosotros” en permanente conflicto con los “otros”, visualizados como el enemigo de todo lo bueno y justo que ella representa, enemigos con los que no se puede –ni debe-contemporizar.

Es en ese marco conceptual en el que deben analizarse las afirmaciones trascriptas en el acápite, que no son un exabrupto improvisado al calor de alguna discusión. Sus definiciones tajantes respecto de Daniel Scioli expresan el pensamiento del núcleo duro del cristinismo, que no confía en la fe nacional y popular del nombrado, que quiere autoerigirse en el continuador de la obra del actual gobierno.

Lo afirmado por Bonafini trasciende la figura del gobernador de la provincia de Buenos Aires pues sus apreciaciones se aplican a todos los argentinos que durante la dictadura militar (1976-1983) eran mayores de edad y además, económicamente incluidos en las clases media o alta, pues –para ella- todos aquellos que entonces eran de condición humilde, por definición, no fueron cómplices de la dictadura militar. Los otros, dogmáticamente, sí lo fueron. Su razonamiento es típicamente estalinista. Las responsabilidades no son por lo que uno hace u omite sino por pertenecer a una determinada clase social.

Estas reflexiones no están destinadas a defender a Scioli, no obstante corresponde que precisemos que el nombrado, nacido en enero/1957, en 1976 aún no era el Scioli actual, esto es el hombre vinculado con la política a través del peronismo. Tenía en marzo de ese año sólo 19 años y su horizonte vital estaba, hasta donde sabemos, totalmente alejado de preocupaciones de ese tipo. Si bien estuvo siempre interesado en la motonáutica como actividad deportiva, comenzó a competir profesionalmente recién en 1986, ya en plena etapa democrática, actividad que continuó aún después de su accidente (1989).

La afirmación de que Scioli apoyó la dictadura militar se basa sólo en el hecho de que él integró una clase social que se desinteresó de lo que pasaba en Argentina entre 1976 y 1983, lo que lo “ponía del otro lado”¸ con los “otros”. En realidad, y esto lo hemos precisado antes en este espacio, fueron  pocos los argentinos que se preocuparon por el destino de los que tanto el gobierno justicialista de  Perón e Isabel como el de los militares que derrocaron a ésta, definían como “delincuentes subversivos”. A decir verdad la mayor parte de los argentinos de entones siguieron viviendo sus vidas como pudieron, sin participar ni en la actividad de las organizaciones armadas ni en las represivas. Entre los que optaron por vivir sus propias vidas apartándose de ese conflicto fueron los esposos Néstor Carlos Kirchner y Cristina Elizabeth Fernández, que siendo entonces jóvenes militantes estudiantiles resolvieron migrar desde La Plata a la lejana Santa Cruz, adonde se dedicaron a hacer plata rematando propiedades de deudores bancarios afectados por la denominada Circular 1050 BCRA. Walter Curia (EL ÚLTIMO PERONISTA. La cara oculta de Kirchner), recuerda que Néstor fue denunciado por subversión económica a raíz de los intereses usurarios que pretendía cobrar a una deudora. A pesar de ser ambos abogados y de haber tenido cierta militancia juvenil mientras estudiaban en aquella ciudad, no se les conoce ninguna intervención en defensa de los DDHH de los santacruceños. Por el contrario, se conoce alguna foto en la que se ve a Néstor Kirchner en un acto con las autoridades militares de su provincia. Su propia hermana fue funcionaria del gobierno militar. Ellos nunca integraron en aquellos años organizaciones defensoras de los derechos humanos como lo hicieron otros políticos (pocos). Con la pauta interpretativa que postula Hebe poco o nada queda en pie del relato épico de los fundadores del actual revival nacional y popular.

Descalifica Bonafini los actuales pronunciamientos de Scioli en pro de los DDHH, porque, dice, “ahora es fácil”. Claro que sí, ahora es fácil. Las fuerzas armadas, tal como las conocimos desde 1930  hasta bien entrada la etapa de la “democracia recuperada”, ya no existen. El “ahora es fácil”  también se aplica a lo que en el relato oficial se quiere mostrar como un acto revolucionario, la orden dada al Gral. Bendini para descolgar el cuadro de Videla,  sin desconocer el simbolismo de ése gesto.

Cierto es que las responsabilidades políticas no siguen las reglas de la imputabilidad penal porque son mucho más amplias, comprendiendo acciones y omisiones, pero no es menos cierto que ésos comportamientos deben ser analizados al tenor delos paradigmas de la época para no caer en anacronismos que desfiguren lo históricamente ocurrido. Recordemos que aún en tiempos cercanos al fin del proceso militar, cuando se discutían las condiciones de la transición democrática, el candidato presidencial del justicialismo, Ítalo Argentino Lúder, defendía en representación de su partido, la constitucionalidad  de Ley de Pacificación Nacional (de autoamnistía) promulgada en septiembre de.1983 por el Gral. Brignone. También que, cuando se creó la CONADEP, el justicialismo no quiso integrarla, impidiendo además la posición sustentada por ese sector político incluir en la investigación que debía realizar ese organismo lo acontecido entre 1973 y 1976, a pesar que durante esos años murieron o desaparecieron más de 900 argentinos.

Bonafini confunde intencionalmente historia con relato, pretendiendo sustituir con una construcción ideológica el conocimiento de lo que realmente ocurrió entonces. No hay límites en esos abusos interpretativos. Sus efectos han sido señalados recientemente por  Eduardo Fidanza: “La Argentina marcha a una fractura que tiende a dividir a los votantes antes por la estructura social que por los programas y el perfil de los candidatos”.

One thought on “Hebe sin filtro

  1. Como siempre, Dr Gómez, un placer leer su columna. La construcción de cualquier relato era efectiva y duradera en los tiempos en que no existían medios para archivar palabras ni imágenes. El siglo XX cambió eso, pero la tentación de fabricar una historia favorable, todavía persiste en los políticos. Y sospecho que el móvil es más económico que ideológico.

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