Del campito y la vereda al mundo virtual

Del campito y la vereda al mundo virtual

“A mi también me gustó la idea… Y voy a entrar en la broma. Propuesta de un amigo es “sacudir” el facebook. Veamos si funciona. La broma se propone hacer un pequeño test para ver quién lee los mensajes cuando ellas no tienen fotos. Por lo tanto, si usted está leyendo este mensaje, haga un comentario utilizando una sola palabra sobre cómo nos conocimos. Una sola palabra… Por favor. A continuación, copie este mensaje a tu muro para que yo pueda también dejar una palabra, de acuerdo?.” Nadie sabe cómo comenzó, ni quien inició esta “cadena” que – aún con errores de redacción – circula con fuerza entre los usuarios de Facebook, la red social más usada a nivel mundial. “El Face” posee más de 1.700 millones de perfiles creados, de los cuales 1.500 millones se conectan “al menos” una vez al mes. El 24 de agosto pasado una de cada siete personas en el mundo usó Facebook para conectarse con sus familiares y amigos. Es decir que 1.000 millones de personas se conectaron al mismo tiempo.

En Gran Bretaña, el ente que regula las telecomunicaciones, publicó los resultados de un estudio realizado sobre los hábitos digitales de 2.000 adultos y 800 niños. Los hallazgos fueron contundentes: los niños de seis años manejan mejor la tecnología que los adultos de 45. En otras palabras, los niños de entre 6 y 7 años están más familiarizados con el uso de medios digitales como tablets, redes sociales, aplicaciones móviles o telefonía celular 4G, que los adultos de entre 45 y 49. Para muestra, un botón: la mitad de los adultos encuestados jamás había oído hablar de Snapchat [una app de mensajes], ni de los anteojos inteligentes de Google o el reloj hiperconectado de Apple.

La llegada de la banda ancha en el año 2000 marcó el nacimiento de una nueva generación llamada “niños del milenio”, que incluso antes de hablar ya juegan con tablets o smartphones. Son ellos los que a partir de los hábitos que desarrollan, quienes están dando forma a las comunicaciones actuales.

Interpelados por esta realidad, desde la asignatura de Formación para la Vida y el Trabajo [Cuarto Año de la Orientación de Economía y Administración de la Escuela Dr. Dalmacio Vélez Sársfield] se realizó un estudio de corte exploratorio sobre los hábitos digitales de los alumnos de ese establecimiento escolar.

El trabajo abarcó a 504 estudiantes de los niveles primario [4to, 5to y 6to grado de ambos turnos], secundario [1ero a 6to] y superior [Enfermería, Profesorados en Matemática, Lengua, Geografía y la Tecnicatura en Administración de Empresas]. Los alumnos de 4to A, B y C participaron activamente en el diseño y la ejecución del estudio y fueron guiados por los docentes Roxana Ramírez, David Ludueña y quien escribe esta Columna.

El 86% de los consultados repondió que poseía celular. Entre los alumnos del nivel primario esa cifra disminuye al 61%; mientras que asciende al 96% en el secundario y a un 98% en el superior.

En relación al modo preferido de comunicación, una abrumadora mayoría respondió que se comunica por WhatsApp, mientras que muy lejos se ubicó la llamada telefónica como modo usual. En este aspecto nuestro estudio coincide con el realizado en Gran Bretaña. Para los adolescentes ingleses de entre 12 y 15 años, las conversaciones telefónicas representan solamente el 3% de las comunicaciones, mientras que para los adultos la cifra es de 20%. La mayoría, concluye el estudio británico, prefiere enviar mensajes a través de Whatsapp.

Siguiendo con nuestro estudio, encontramos que un 97% del total de los alumnos entrevistados posee PC. El 65% de quienes concurren al primario poseen tablet, mientras que en el secundario esa cifra se sitúa en el 51%  y en el 36% en el nivel superior.

El 76% de los alumnos de primaria, el 99% de secundaria y el 100% del superior utilizan alguna red social, siendo el Facebook la más elegida entre las opciones. Cuando le preguntamos sobre la finalidad del uso de esas redes así ordenaron nuestros alumnos – de mayor a menor – los motivos: 1- Para mantener contacto con familiares y amigos, 2 – Informarse de eventos, realizar actividades de trabajo, 3 – Hacer nuevos amigos, 4 – Informarse de chimentos, 5 – A modo de entretenimiento y, finalmente, para realizar actividades de estudio.

Al preguntar sobre el tiempo de uso de las redes, un 27% nos indicó que lo hace con una frencuencia de entre 1 y 2 horas diarias, un 18% entre 3 y 4, un 14% entre 5 y 6.

Finalmente al consultarles sobre en qué momentos familiares hacen uso del celular, éstas fueron las respuestas: un 23% mientras se comparte una película o programa, un 16% en la merienda, un 15% en la cena, un 14% en el almuerzo, un 10% en el desayuno y un 22% respondió que habían acordado no usarlo en momentos familiares.

Estudios a nivel mundial indican que 9 de cada 10 jovenes están en las redes sociales y que éstas, junto a los dispositivos digitales, son elementos constitutivos del ser adolescente y de cómo se desenvuelven en las relaciones sociales. Buena parte de la socialización actual se ha desplazado del “campito” y las veredas a la virtualidad.

Frente a esta realidad, hay muchos que se preguntan qué hacer. Lejos de tener “la receta” y de agotar la discusión, me atrevo a compartir estas reflexiones fruto de mis lecturas y experiencias.

Primero, reconocer que la realidad es como es, no como nos gustaría que fuera. Forzarla a ser lo que no es, es la primera equivocación. Segundo, no caer en el engaño que lo virtual no es real: el mundo virtual está habitado por humanos bien “reales”, de todas las edades y características. Tercero, no alcanza con “desenchufar” a los niños y adolescentes del mundo digital. Tampoco con permitirles el ingreso a tontas y locas, como reza el refrán popular español. Cuarto, admitir que la PC conectada a internet no es una cafetera. No es un electrodoméstico más, necesita adultos presentes, maduros y no escandalizados. Quinto, conocer qué hacen, con quiénes chatean y se vinculan, quiénes son sus “amigos vrituales” son herramientas necesarias para construir con nuestros chicos y adolescentes acuerdos efectivos de acceso y uso de las herramientas digitales Sexto, asumir y educar en el sentido de que lo virtual tiene consencuencias. Lo que hiere cara a cara, también hiere puesto en un muro de una red social. Como así también lo que se escribe en las redes sociales, a la hora de buscar trabajo, cuenta.

Finalmente, como sostienen Canoura y Balaguer en “Hiperconectados. Guía para la educación de nativos digitales” atrincherarse detrás de los prejuicios no es la salida. La comunicación familiar SIGUE SIENDO el gran antídoto contra muchos males, incluso los virtuales. ¡Hasta la próxima!

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