¿Fracaso?

¿Fracaso?

“El amague de Macri de activar la Carta Democrática y ahora conformarse con un llamado al diálogo negado desde el arranque deja un sabor amargo. ¿Por qué la tibieza  ante los desastres que ocurren en Venezuela y que han tenido tanta relación con el kirchnerismo? Aún si se perdiera una votación, esa postura dejaría en claro que los derechos humanos no están en segundo o tercer lugar y que hay determinación de velar para que no haya más dictaduras en América”.
(Ricardo Roa // CLARIN)

Una de las características del actual Secretario General de la OEA, el ex Canciller uruguayo Luis Almagro, es la contundencia de sus pronunciamientos, su compromiso con la defensa de las estructuras democráticas de estas nuestras repúblicas americanas y las sucesivas denuncias relacionadas con las derivas totalitarias del gobierno venezolano de Nicolás Maduro, con el que ha mantenido varios y muy serios entredichos. Recientemente pidió la aplicación de la  Carta Democrática ante los sucesivos embates del gobierno bolivariano de ése país contra su estructura institucional republicana, ya que a las decenas de presos políticos, que lo son sólo por pretender poner un límite a aquellas derivas que se han traducido en la colonización del Poder Judicial -al que politizó y alineó incondicionalmente con su gobierno- agrega el desconocimiento de las facultades del Congreso -en el que la oposición cuenta con una mayoría abrumadora como consecuencia del resultado de la última elección de renovación parlamentaria- desentendiéndose de la decisión de éste de convocar un referéndum revocatorio de mandato presidencial a realizarse antes de fin de año pues, conforme el estado de opinión general en Venezuela, el resultado previsible será un voto afirmativo que saque a Maduro y los suyos del gobierno. Maduro le respondió recurriendo a una proclama patriotera invocando la defensa de la independencia de Venezuela señalando, además, groseramente qué podía hacer el Secretario General con la Carta Democrática que integra el plexo de normas del derecho público americano, atribuyendo todo a una conspiración de EE.UU.

El actual Presidente de nuestro país desde antes de asumir dicho cargo, y lo reiteró después en el ámbito del Mercosur, ha sido muy claro en sus denuncias de lo que está pasando en Venezuela, coincidiendo ésa posición con lo que denunció Luis Almagro, por lo que muchos esperaron que, frente a la convocatoria del actual Secretario General para que los países miembros decidan aplicar la Carta Democrática y suspendan a Venezuela como miembro, mantuviera aquella posición en el seno de la OEA aun cuando no había una mayoría de voluntades para hacerlo. En su desilusión ante lo resuelto, que fue llamar al diálogo a las partes en conflicto y ofrecer su mediación para favorecerlo, conforme lo auspiciara Argentina con el apoyo de Brasil y EE.UU., explican lo que entienden como un cambio de postura vinculándolo la propuesta con la candidatura de nuestra Canciller al cargo de Secretaria General de la O.N.U. y el hecho de que Venezuela es actualmente miembro no-permanente del Consejo de Seguridad, cuerpo que ha de decidir en definitiva quién ocupará aquel cargo, lo que es una imputación muy grave y, entiendo, sin fundamento.

Alguna vez en este espacio, siguiendo a Max Weber, distinguimos el accionar político guiado por la ética de las convicciones de aquel otro signado por la ética de la responsabilidad. El primero es el que se ajusta estrictamente a las convicciones personales del político que ejerce el poder, desentendiéndose de las consecuencias de los cursos de acción implementados, al estilo del lema de Fernando de Augsburgo, hermano menor del Emperador Carlos V –Carlos I de España-, a quien sucedió en aquel cargo: “Fiat justitia et pereat mundus” (Hágase justicia aunque perezca el mundo), lo que en el caso que nos ocupa implicaba adoptar una política testimonial, esto es sin consecuencias prácticas para las instituciones venezolanas pues tal posición, al no contar en la O.E.A. con un consenso mayoritario, se iba a traducir en los hechos en el rechazo de la moción del Secretario Almagro, lo que implicaba un claro y rotundo triunfo de la administración bolivariana.

La actuación conforme a la ética de la responsabilidad impone evaluar las consecuencias prácticas de hacerlo conforme a las convicciones y, frente a un resultado disvalioso, intentar cursos de acción que, aunque no traigan la solución querida para el problema que origina la necesidad de actuar, importen un avance en la solución deseada. La crítica periodística del acápite incurre en lo que se denomina “falacia del Nirvana”, error lógico de comparar cosas reales con cosas irreales o con alternativas idealizadas imposibles de lograr en los hechos. Voltaire señalaba algo semejante, pero con otras palabras: “Lo mejor es enemigo de lo bueno”.
Quienes critican la iniciativa Argentina olvidan, además, varios datos de la realidad. El primero, que el principio de no intervención en los asuntos internos de otros países es la regla más importante del derecho internacional latinoamericano, la que es celosamente respetada. Todo intervencionismo, tanto más si se piensa que está directa o indirectamente inspirado en intereses americanos, es sistemáticamente rechazado. Recuérdese, por ejemplo, que toda crítica al gobierno de los hermanos Castro en Cuba por ser una dictadura y por la falta de respeto a los DD.HH. estuvo y está vedada precisamente por el enfrentamiento de aquellos con EE.UU. El segundo, que la OEA es una institución en la que las decisiones deben tomarse por consenso mayoritario, muchas de las cuales requieren de mayorías calificadas (18 votos favorables en éste caso).

La resolución adoptada, aceptada por la propia Venezuela, supone el reconocimiento del gobierno de Maduro que en su país hay un conflicto entre poderes constitucionales, que los mecanismos institucionales no funcionan regularmente y que la oposición es parte legítima en la solución del conflicto; que su accionar no es destituyente y que el gobierno bolivariano no puede apoderarse de la representación del pueblo venezolano.

Se dirá que ello es poco y que no ayuda a la oposición. Es una opinión, como también la que afirma que aumentar el aislamiento de Venezuela mediante su suspensión como miembro de la OEA, hubiese terminado por hacer explotar la situación interna venezolana, como que el estallido podría traducirse, quizás, en choques callejeros, saqueos, división de las fuerzas armadas eventualmente enfrentadas entre sí, oleadas de refugiados hacia Brasil y Colombia… En fin, una deriva de consecuencias imprevisibles de las que ninguno querrá hacerse cargo. Venezuela está al borde de ser un  estado fallido y no es improbable un desenlace que termine en lo que los españoles denominan una “escabechina”. Nadie se quiere hacer responsable de lo que allí pudiera ocurrir. Realismo político que le dicen, inspirado en lo que pasó –y pasa- en Libia después del derrocamiento de Kadafi.

Señala también Marcelo Cantelmi, agudo observador de la realidad internacional, que otros países de la región, que encaran actualmente planes de ajuste para adecuar sus economías a la nueva realidad internacional, no quieren agudizar sus propios problemas económicos internos ideologizando los mismos. EE.UU., que apoyó la posición Argentina, por su parte, no quiere turbulencias en el proceso de acercamiento con Cuba. Es más, Washington gestiona que Francisco haga con el gobierno venezolano lo que hizo con el de Cuba. Si ésa gestión no se hace o fracasa, será sólo la necedad del gobierno bolivariano la responsable de lo que allí ocurra.  O sea que lo decidido va más allá de la candidatura de Malcorra.

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