Una sociedad enferma

Una sociedad enferma

“El acto psicótico nunca está disociado de las coordenadas que organizan el entorno social, la locura interpreta las contradicciones del ambiente y las actúa, a veces de manera inofensiva, otras fatales y violentas”
(Sergio Zabalza /Psicoanalista // CLARIN 17.06.2016)

“De alguna manera esto se ha convertido en una rutina”
(Barak Obama – Presidente de EE.UU.)

El reciente asesinato de 50 personas, más el saldo de otras tantas heridas, algunas de gravedad, ocurrido días atrás en una discoteca de Orlando (Florida) frecuentada por miembros de la comunidad gay, pone sobre el tapete una serie de interrogantes que van mucho más allá de saber si Omar Siddique Mateen (29), estadounidense, hijo de padres afganos radicados en ese país, de religión musulmana, tenía o no sus facultades mentales alteradas, si fue influido por la ideología extremista del ISIS y si una confusa y mal digerida mezcla de religión y política traducida en homofobia, fue lo que determinó elegir como víctimas a miembros de aquella comunidad.

De la información recogida para estas reflexiones resulta que sólo en lo que va de 2016 se han registrado 133 tiroteos masivos en Estados Unidos, siendo el de Orlando el peor en cuanto a número de muertos y heridos. Otros episodios ocurrieron en el pasado: el 25 de febrero de 2016, en Hesston (Kansas), Cedric Ford ingresa a la fábrica donde trabajaba y da muerte a 3 de sus compañeros y lesiona a 14 personas más; el 2 de diciembre de 2015, en San Bernardino (California), Syed Rizwan Farook y Tashfeen Malik, ingresan en un centro de convenciones donde se celebraba una fiesta y asesinan a 14 personas y hieren a otras 20; el 16 septiembre de 2013, en Washington (D.C.), Aaron Alexis, en un tiroteo dentro de la Marina deja 12 personas muertas; el 14 de diciembre de 2012, en Newtown (Connecticut), Adam Lanza, (20), ingresa en la escuela primaria de Sandy Hook y mata a 27 personas, entre ellas a su mamá que trabajaba como profesora y a 20 menores de edad; el 20de abril de 1999, en Littleton (Colorado), dos estudiantes, irrumpen en una escuela y matan a 13 personas y hieren a 23; el  22 de abril de 2016, en el condado de Pike (Ohio), 8 miembros de una misma familia, incluido un joven de 16 años, murieron tiroteados en lo que pudo ser una ejecución por motivos desconocidos; el 20 de febrero, 6 personas, entre ellas un niño de ocho años, fueron asesinados por Jason Dalton en Kalamazoo (Michigan); el  1° de agosto de 1966, Charles Whitman, tirador de élite, mata a 16 personas desde la azotea de la Universidad de Austin (Texas). El día anterior había matado a su mujer y a su madre; el 18 julio 1984, Oliver Humberty, veterano de Vietnam, asesina  a 22 personas en un restaurante en San Diego (California); el 20 agosto 1986, Patrick Henry Sherrill, cartero amenazado de despido, mata a 14 personas en una oficina postal de Edmond (Oklahoma); el 29 diciembre 1987, Gene Simmons, sargento retirado, mata a 16 personas (5 miembros de su familia) en Russellville (Arkansas); el 16 octubre 1991, el camionero George Hennard, mata a 22 personas en una cafetería de Killeen (Texas); 16 de abril de 2007, Seung-Hui Cho, (23), mata a 32 personas y se suicida en el campus universitario de Blacksburg (Virginia); el 5 de noviembre de 2009, el psiquiatra militar Nidal Hasan mata a tiros a 13 personas en el Centro de Procesamiento de Preparación de Soldados en Fort Hood (Texas); 16 de septiembre de 2013 Aaron Alexis mata a 13 personas en el Mando de Operaciones de la Armada en Washington (DC).Todos utilizaron arman de asalto y en la mayoría de los casos fueron ultimados por la policía. En otros se suicidaron.

No sólo horroriza la secuencia glosada, sino el hecho de que después de cada una de esas masacres aumenta la demanda de armas y que, por presiones del lobby de los productores de armas, cuyo vocero es la ASOCIACION  NACIONAL DEL RIFLE, se impida sancionar normas que restrinjan la comercialización de  determinado tipo de armas. El planteo legal -aunque la verdadera razón de la oposición a la regulación limitativa de ese comercio no es otra que la defensa de los intereses económicos de las empresas que los producen y comercializan- es la invocación de la Segunda Enmienda a la Constitución de EE.UU., aprobada en 1791, que expresa: “Siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado libre, el derecho del Pueblo a poseer y portar armas no será infringido”. Ese texto, según ellos, faculta a los estadounidenses a armarse como se les antoje. Lamentablemente esa interpretación ha sido convalidada por la propia Corte Suprema que resolvió que ninguna ley estatal puede restringir el derecho de los ciudadanos a armarse (28.06.2010).

En realidad, a estar tanto a la letra de esa reforma y a las necesidades que se querían satisfacer  con su sanción a fines del siglo XVIII, el derecho a armarse del pueblo estaba reconocido en función de las necesidades de los estados que conformaban la Unión Americana en materia de su seguridad,  por lo que “la seguridad de un estado libre”  a que alude la norma dependía de la posibilidad de cada uno de ellos de levantar milicias armadas para afrontar los peligros que debiesen afrontar, reitero, los estados. Por ese entonces lo que se temía era el avance del Estado Federal por sobre la soberanía de los Estados de la Confederación. No se buscaba tanto garantizar  la seguridad de los ciudadanos como la de cada Estado en particular, por lo que el derecho reconocido por la Constitución Federal era a ésos fines, no para la seguridad personal de sus ciudadanos. Lo que se quería era cubrir una carencia de una fuerza estadual permanente y garantizar a cada Estado la posibilidad de convocar milicias armadas. Los milicianos que eran convocados a las filas, en ese entonces se proveían a sí mismos de sus propias armas y cabalgaduras. Si bien algunos pensaron que el derecho se reconocía para que cada uno garantizase su propia defensa personal, ello tenía sentido en una época en que los recién constituidos estados no estaban en condiciones de garantizar efectivamente tales condiciones a todos sus ciudadanos.

Hoy el contexto es manifiestamente diferente. Los EE.UU. tienen las fuerzas armadas más poderosas del planeta y su presupuesto militar supera en 5 veces lo que gastan las potencias rivales. A las milicias estatales se les suman múltiples organismos de seguridad nacionales y policías federal, estadual y municipal.

Por otro lado, señalemos que las guerras y golpes de mano no han sido extrañas a la historia de los EE.UU. Además de la guerra de la independencia, estuvo en guerra con Méjico (1846/48), apoderándose de lo que hoy son Texas, Arizona, California y Nuevo Méjico); tuvo su propia guerra civil, que logró imponer la economía y proyecto industrial del norte sobre la que economía esclavista que sustentaba el sud (1861/65). También peleó contra España (1898),  generándose con ella la independencia de Cuba –que quedó bajo la tutela americana (Enmienda Platt)-, y además Puerto Rico, Filipinas y Guam pasaron a ser sus territorios coloniales. Los presidentes americanos John Quince Adams, James Polk, James Buchanan y Ulysses S. Grant habían intentado infructuosamente adquirir aquella isla a los españoles. La voladura del acorazado Maine en la bahía de La Habana, atribuido sin razón a los españoles, dio el pretexto para la guerra. Los propios americanos  certificaron en 1975 que la voladura se debió a causas internas. En 1903 el Presidente Theodore Roosevelt propuso a Colombia comprarle lo que hoy es el territorio de Panamá para construir un canal interoceánico. Al tiempo que se rechazaba esa oferta estalló una revuelta en la zona prevista para construir el canal, que fue apoyada por EE.UU., quien rápidamente reconoció la independencia panameña, posibilitando la realización de la obra, que se inauguró en 1914.

También participó en la primera guerra mundial, de la que emergió como la mayor potencial económica y militar mundial (1917/19), de la segunda, tanto en Europa  como en el Pacífico (1941/45), de las guerras de Corea (1950/53) y Vietman (1964/73), y del largo enfrentamiento con la URSS definido como guerra fría, durante la que el uso de las armas nucleares desarrolladas fueron la amenaza constante.  A toda esa saga se le suman las invasiones de Afganistán (2001/2014) e Irak Esa presencia constante generó una cultura en la que se hace un culto al uso de la fuerza.

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