Caso Marita: un fallo justo

Caso Marita: un fallo justo

El viernes se puso punto final a un triste proceso que se inició el 15 de abril de 2015 con el crimen de Marita Lanzetti a manos de su ex marido, Mauro Bongiovanni.

A lo largo de la semana que duró el juicio sólo quedó por dilucidar la imputabilidad o no del acusado ya que la autoría era indubitable al punto que fue confesada por Bongiovanni en el inicio de la propia audiencia.

El planteo de la defensa era prácticamente el único camino para recorrer. Era eso o aceptar lisa y llanamente la única condena posible ante los agravantes que tenía el hecho, aberrante por dónde se lo mire.

El sentido común, el Fiscal Pezzano y el Dr. Carioni se encargaron, con argumentos contundentes, de convencer a 9 de los 10 jurados acerca de la imputabilidad de Bongiovanni.

Pericias oficiales, antecedentes y la propia mecánica del crimen hablan de una persona con plena conciencia de la gravedad de los hechos que protagonizó.

La condena cayó de madura: CADENA PERPETUA.

Es, en nuestra opinión, un fallo justo.

La justicia penal actúa “ex post facto” –como les gusta decir a los abogados- o sea, después de producidos los hechos. No hay condenas “por las dudas”, “por antecedentes”.

Allí donde se violó la ley, se cometió un crimen, llega la justicia penal para intentar restablecer el equilibrio social roto por el delincuente.

La vida es el bien más preciado que tenemos los seres humanos. No puede la justicia penal devolverle la vida que le arrebataron a la víctima.

No admite la ley penal argentina que la sociedad, a través de sus instituciones, le arrebate la vida al victimario.

Sí puede, y eso hizo, ir por el segundo bien más preciado de los seres humanos: la libertad. Es justo.

No soy de los que le adjudican a la justicia penal un valor relevante desde lo educativo, desde lo ejemplar.

No creo que con ésta justa condena haya menos femicidios, menos violencia de género.

Sí estoy seguro que la justicia penal aplicó un castigo justo respecto del daño que causó Bongiovanni. No le reclamo otra cosa.

Luego viene el debate sobre lo que puede hacer la sociedad en su conjunto para reducir los casos de violencia de género, para evitarlos, para prevenirlos.

Allí sí, el caso de Marita pone bajo la lupa el sistema preventivo con que cuenta nuestra sociedad.

Creo que se avanzó mucho en éstos temas. De hecho, en los últimos años se profundizó la condena social hacia quienes ejercen éste tipo de violencia y se mejoró el marco legal. La aplicación del botón antipánico también suma en algunos casos.

Sin embargo, el caso de Marita desnuda falencias en el sistema que deben ser corregidas por la ley, por la educación, con la aplicación de nuevas tecnologías y con un mejor funcionamiento de todas las instituciones vinculadas a ésta compleja problemática.

Que no haya más Maritas no depende de éste fallo justo sino más bien de un mejor funcionamiento de todos nosotros como sociedad que se traduzca en un funcionamiento más eficaz de nuestras leyes y nuestras instituciones.

No es fácil, pero soy optimista de que caminamos en ese sentido.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.