Revolución iconoclasta

Revolución iconoclasta

Hacia fines de la dinastía XVIII en el Egipto Antiguo, hace su aparición un Faraón que impone un nuevo concepto religioso basado en una visión monoteísta. Akenatón decía y creía que había un solo dios creador del universo, en contraposición con el amplio panteón de la religión profesada hasta esos momentos. 

Los que vinieron -cuando muere este rey- para pasar al olvido lo que consideraban un verdadero sacrilegio, destruyeron sistemáticamente cada monumento, cada escrito y cada icono del incipiente monoteísmo de Akenatón. 

Ya en la Edad Media, la Iglesia a través de la Inquisición, persiguiendo el objetivo de combatir la herejía y preservar la unidad del Catolicismo torturaba y hasta llegaba a quemar en la hoguera a quienes sospechaban de no responder a los designios papales; además de destruir cualquier objeto cultural que no se ajustara a las pautas que Dios supuestamente dictaba a través de Ella. 

Más cerca temporal y geográficamente, en nuestra Argentina, se llegó a dictar un Decreto presidencial prohibiendo nombrar al ex presidente Perón. De más está decir que se intentó destruir sistemáticamente todo vestigio de sus gobiernos, especialmente los escritos, los cuadros, las fotos y las estatuas. 

Ni los sucesores de Akenaton lograron detener el avance del monoteísmo, ni la Iglesia Católica logró evitar su división y la proliferación de cultos, ni sus opositores lograron evitar el regreso de Perón utilizando como método el intento de “borrar” un pasado que existió. 

En la Argentina actual estamos asistiendo a un proceso peligroso en ese sentido. Es grande la tentación de sectores “iluminados” del gobierno por llevar adelante una especie de revolución iconoclasta contra todo lo que haya sucedido antes del 25 de Mayo de 2003, aunque ellos mismos hayan sido parte activa de ese pasado hoy vituperado. 

Nadie niega la aberración que significó el terrorismo de estado puesto en funcionamiento para combatir la subversión, pero no parece el camino correcto plantear un Museo de la Memoria, donde quede paradójicamente en el olvido una parte de la historia. 

No es bajando o subiendo cuadros, ni cambiando de destino bienes inmuebles que vamos a construir una memoria colectiva que contenga integralmente el pasado histórico; sino utilizando ese pasado de divisiones y aberraciones mutuas, para construir un futuro de unión nacional. 

Un Museo de la Memoria que sólo recuerde los absolutamente condenables hechos protagonizados por las FF.AA y deje en el olvido la secuela de muerte y destrucción provocada por los movimientos guerrilleros, lejos de consolidar una visión justa e integradora de nuestro pasado, va a ahondar en odios y resentimientos originados hace ya casi 30 años. 

Pero esta especie de revolución iconoclasta no se detiene en pretender borrar del pasado a ciertos personajes que mal que nos pese existieron durante el Proceso; sino que se extiende a épocas democráticas cuando en una visión absurdamente maniquea pretenden mostrar una década como nefasta en todos los sentidos. 

¡Y “guay”! de aquel que se atreva a reivindicar ideas y políticas en las cuales cree sinceramente porque será condenado a la hoguera de una prensa puesta al servicio absoluto e incondicional de los “iluminados” convertidos en noveles dioses paganos que pontifican y definen quienes son buenos y pueden gozar del “cielo oficialista” y quienes son malos y por tanto deben sufrir el “infierno opositor”. 

Mientras el Museo de la Memoria, los nuevos jueces de la Corte, la Rímolo y Soldan ocupan tapas de diarios, largos minutos de TV y radio, aumentaron la carne, los cigarrillos, el pescado; las empresas no tienen gas y los sueldos están más “congelados” que nunca. 

Pero eso ¿a quien le importa?, si ahora ya logramos descolgar un par de cuadros en la ESMA, tenemos nueva mayoría automática en la Corte y en los grandes medios, en los que hace un tiempo atrás estaba todo mal -ahora- solo se aceptan buenas noticias. 

¿Será ésta la primera ve en la historia universal que se logre desde el poder borrar una parte de la realidad tan sólo ignorándola?.

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