Llaryora y sus circunstancias

Llaryora y sus circunstancias

“Mira es que yo soy yo y mi circunstancia” (Ortega y Gasset)

La famosa frase del filósofo español calza a la perfección en el momento de la vida política que atraviesa el sanfrancisqueño Martín Llaryora, vice gobernador de la provincia de Córdoba.
Claramente, nuestras decisiones no dependen excluyentemente de nuestra voluntad.
La voluntad de Llaryora de cara a las elecciones de medio término es –o era- no llevar sobre sus hombros ninguna candidatura relevante.

Se siente cómodo en la vice gobernación. Después de unos meses iniciales de zozobra encontró su espacio, logró encuadrar la relación con el gobernador Schiaretti, fue generando vínculos con el gabinete, tiene presencia mediatica facilitada por las acciones del gobierno y en la Legislatura también tiene un rol que le agrada y que lo pone en el lugar de un componedor de las relaciones hacia el interior del bloque de Unión por Córdoba y también con la oposición.

Es a partir de ese rol que tejió intensas relaciones con intendentes y legisladores del espacio opositor que le permiten jugar un rol cada vez que hay negociaciones en el parlamento provincial.

En la ciudad y la región, ya puede mostrar varias decisiones que favorecen la realización de obras de infraestructura verdaderamente millonarias.

Le venía bien ser mencionado como el plan B del peronismo porque eso lo instaló definitivamente en la mesa más chica de UPC, a la que solo acceden, en última instancia, Schiaretti y De la Sota.

Pensó que lo mejor para él era que, finalmente, De la Sota fuera el candidato. Incluso era permeable a participar de la lista como candidato testimonial en quinto lugar.

Incluso, por momentos, creyó posible que, si De la Sota declinaba la candidatura, Schiaretti optara por una negociación con Macri para plantear una elección de “baja intensidad”, con una candidatura de UPC de segundo orden y beneficios posteriores para la provincial.

Eso no fue posible. Ni siquiera lo consideró Schiaretti. No quiere que esta elección sea un trampolín para ningún dirigente de Cambiemos de cara al 2019, momento en el cual tiene decidido buscar su reelección. En octubre hay que jugar a fondo para que 2019 sea posible dicen cerca del gobernador.

Esta certeza sobre la necesidad de Schiaretti y por extensión, de UPC, de ganar o hacer la mejor elección posible es la que le impide a Llaryora ejercer su voluntad. Las circunstancias se lo impiden.

Llaryora sabe que los argumentos esgrimidos por De la Sota en su carta pública contienen solo parte de los motivos por los cuales no será candidato. Cree que también influyó la certeza de que octubre no será una elección fácil para UPC.

Es cierto que las encuestas favorecen en estos momentos tanto a De la Sota como a Llaryora, pero no son nuevos en esta actividad. Saben leer los contextos presentes, pero también futuros. No le será fácil a UPC “colar” un discurso provincialista en una elección en la que la discusión nacional tendrá una fuerte presencia.

Si Cristina fuera candidata en Buenos Aires no será fácil, tampoco imposible, hacer que los cordobeses no piensen en términos de macrismo-antimacrismo o, si lo prefieren, de kirchnerismo-antikirchnerismo.

A pesar de estas y otras circunstancias que lo hacen dudar, Llaryora piensa en términos de llegar a ser el gobernador de esta provincia y sabe con total certeza que para ello necesita de todo el poder que genera la estructura de UPC, por lo tanto, si esa estructura cree que lo que está en juego en esta elección es parte del 2019, Llaryora no esquivará el bulto y saldrá a poner lo suyo.

En su entorno, los más optimistas, dicen que una elección provincial como el candidato principal terminará de consolidarlo como la “esperanza blanca” para buscar la continuidad en el poder del peronismo.

También señalan que electoralmente, en términos de campaña política, tiene más potencial que De la Sota y puede representar el presente y también un futuro esperanzador. De la Sota, dicen, después de haber ganado todo en la provincia, no saldría bien parado de una elección demasiado reñida o de una derrota, circunstancias de las que Llaryora sí podría reponerse.

Por ahora pidió tiempo, si fuera absolutamente libre para decidir, diría “NO”, pero Llaryora no es sólo él, sino también sus circunstancias y esas circunstancias lo llevarán a decir “SI” y a partir de ese momento, la taba de su suerte estará en el aire.

Octubre nos dirá como cayó.

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