POLÍTICA DE ENTRECASA. Lo que se juega en Córdoba

POLÍTICA DE ENTRECASA. Lo que se juega en Córdoba

El escenario está definido –las PASO-  y los jugadores –candidatos- están en la cancha. Hubo cierre de listas y en Córdoba los postulantes de UPC y Cambiemos son, con leves variantes, los que se mencionaban.

Van a ser unas PASO raras, casi sin sentido. Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias es lo que expresan las siglas. Abiertas, Simultáneas y Obligatorias sí, de Primarias nada porque hay listas únicas o casi.

En los hechos las elecciones del 13 de agosto van a funcionar como una especie de encuesta masiva, con ningún sentido utilitario. Habrá que revisar, a la luz del sistema con el que se resuelven las candidaturas en las fuerzas políticas, el sentido de obligar a todos los ciudadanos a votar en la elección Primaria, pero bueno, eso es harina de otro costal.

Los datos políticos más relevantes de la presentación de listas son, en orden de importancia –al menos en mi opinión-, la ausencia de peronismo en las candidaturas del kirchnerismo, el hecho de que, por primera vez en 34 años el radicalismo de Córdoba no tendrá a uno de sus hombres encabezando una lista de diputados nacionales y el relegamiento del delasotista Passerini del tercero al cuarto lugar en la lista.

Cambiemos pone todas las fichas a la nacionalización

El armado de la lista cordobesa de Cambiemos deja en claro que apuesta todas las fichas a la nacionalización de la elección en Córdoba. El PRO tiene escasa representación territorial y la que tiene no es “amigable” con Baldassi y los postulantes de la UCR solo expresan representación territorial capitalina a través de la representación que ejercen de su jefe político, Ramón Mestre.

El discurso será unívoco y le pedirán a los cordobeses que “banquen” a Macri votando a Baldassi y a partir de allí, buscarán con lupa hechos que les permitan sostener que el gobierno nacional está bien encaminado. Las promesas y algunos conatos de concreciones de obras a lo largo y ancho de la provincia serán uno de los argumentos.

La estrategia es clara, aunque el riesgo que asumen no es poco. Macri obtuvo en Córdoba más de 70% de votos en el balotaje, ni más ni menos que el pasaje al sillón de Rivadavia. La vara está alta y el año y medio de gestión dejó arrepentidos en el comino que, habrá que ver si se expresan en esta elección o todavía extienden un voto de confianza.

La candidatura de Cristina es en la provincia de Buenos Aires, pero tendrá una presencia abrumadora en los medios nacionales y eso le vendrá bien a Cambiemos Córdoba para tratar de que el antikirchnerismo visceral de buena parte de los cordobeses se exprese votando a Cambiemos aunque en Córdoba, Cristina no sea candidata a nada.

En San Francisco y San Justo, la aspiración de Stoppani de figurar en un lugar decoroso de la lista de diputados nacionales para enfrentar a Llaryora fue pospuesta por los intrincados vericuetos del armado político de Cambiemos que privilegió al PRO en los dos primeros lugares y repartió entre los socios menores como la UCR y el Frente Cívico el resto de los cargos.

La idea era inteligente y una buena oportunidad para ganar en reconocimiento político local para lo que viene en el turno de 2019, pero los intereses nacionales no dejaron espacio para ejecutarla.

UPC y el difícil camino de equilibrar cordobesismo y sumar descontentos con Macri.

Llaryora y UPC no la tienen fácil en esta elección. Sin referencias nacionales, el desafío será contener el voto tradicional del peronismo cordobés –ya casi un partido provincial-, evitar o al menos morigerar al máximo la polarización nacional que buscará el macrismo con el kirchnerismo pero tratando de sumar el voto descontento con este año y medio de gestión de Cambiemos, especialmente en lo que refiere a la marcha de la economía en los sectores populares.

A éste aspecto de la estrategia le viene muy bien el hecho de que Accastello no se haya presentado como candidato. El kirchnerismo cordobés quedó vacío de peronismo y con candidatos ignotos. Los estrategas de UPC ven allí un porcentaje de votos del orden del 10% que les vendría muy bien para aspirar a ganar esta elección. A esos sectores, por lo bajo, sin demasiadas estridencias, tratarán de decirles que, en Córdoba, lo peor que le puede pasar a Macri, es perder la elección y acto seguido, un argumento de pragmatismo a ultranza: UPC, Llaryora, es el único que pone en riesgo una victoria macrista en Córdoba, ergo, hay que votar a Llaryora.

Para contener al peronismo, los argumentos irán por el lado de lo que consideran éxitos de la gestión Schiaretti, obras en toda la provincia y la defensa de los intereses cordobeses frente al centralismo porteño.

No estará ausente tampoco el activismo frente a intendentes radicales que sienten que su partido fue injustamente relegado de las candidaturas. Ahí van a tratar de “ralentizar” su activismo electoral con promesas de apoyos económicos posteriores por parte del gobierno provincial.

Lo mediático deberá tener especial atención en la estrategia de UPC. Para tratar de atenuar la nacionalización que bajará de los medios porteños, reproducidos por los de la Capital, tendrán un valor especial los medios locales con real penetración. Hacia allí deberán, o deberían apuntar sus mejores esfuerzos comunicacionales.

En el interior está la fortaleza tradicional de UPC pero tiene esperanzas de que la figura, menos conocida pero con más proyección de Llaryora los ayude a mejorar las habituales raquíticas performances peronistas en la Capital.

En San Francisco y San Justo, por cierto, no dejarán de tener presencia los llamados al localismo dado el lugar de origen del principal candidato de esta coalisión.

El regreso del bipartidismo

Con un kirchnerismo sin peronismo y con candidatos prácticamente desconocidos y una izquierda fragmentada y con escasa penetración electoral, Córdoba se encamina a recuperar su bipartidismo, tradicional en las primeras décadas de la democracia recuperada y roto por la presencia en los últimos turnos electorales por el Juecismo, hoy licuado y relegado en la alianza Cambiemos.

La elección en Córdoba se partirá en dos y allí concentrará, seguramente, más del 80% de los votos emitidos.

Para ganar, hay que superar el 40%.

De arranque, ninguna de las dos fuerza llega a eso.

En la inteligencia conque se plantee y ejecute la campaña, puede estar la diferencia entre ganar o perder la elección.

No es poco.

Macri pone en juego su victoria aplastante en el balotaje.

Schiaretti y Llaryora son el oficialismo provincial. Perder no es bueno de cara al objetivo de retener el gobierno provincial en 2019. Ganar significaría un espaldarazo para el gobernador en sus aspiraciones de liderar el post kirchnerismo a nivel nacional.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.