Para combatir la “dékada” el remedio debe ser “Kambiemos”

Para combatir la “dékada” el remedio debe ser “Kambiemos”

El proceso electoral de “medio término” finalmente comenzó. Y no de la mejor manera. Inició porque por ley se pone en marcha con unas elecciones primarias obligatorias y simultáneas donde los ciudadanos definimos dos cosas: 1 – Qué partidos serán los habilitados a presentarse en las elecciones de octubre [aquellos que obtuvieron al menos el 1,5% de los votos válidamente emitidos]; 2 – Cuál será lista que representará a cada partido político, de ahí que se la considere una interna abierta.

No de la mejor manera porque los resultados fueron innecesariamente manipulados. La maniobra constó básicamente en dilatar la presentación del resultado real en la Provincia de Buenos Aires y Santa Fe. Dos distritos donde finalmente el gobierno nacional perdió.

Inecesaria manipulación no sólo desde lo que se espera de un gobierno que también venía a cambiar estos viejos vicios de la política argentina, sino porque aún cuando no fuese ese el objetivo final, con esta acción empañó una clara consolidación de Cambiembos a lo largo y ancho del país, donde luego de agosto emergió como una fuerza electoral competitiva y de alcance nacional.

Es en estos momentos donde suelo preguntarme si la institucionalidad importa realmente o sí solo se habla de República, división de poderes, etc. según sopla el viento. Miro con angustia cómo los seguidores del actual gobierno ahora justifican con argumentos parecidos en lo absurdo lo mismo que antes combatían: “antes también se hacía así y peor aún”. Una suerte de relativimo político donde se hace imposible la sensatez. Algo así como que para combatir la “dékada” el remedio debe ser “Kambiemos”.

En el sistema electoral argentino el escrutinio consta de tres momentos claramente diferenciados. El primero comienza una vez que termina de sufragar el último elector en cada una de las mesas. Ese momento se extiende hasta que el presidente de mesa elabora el acta que luego será procesada en la sucursal de correo asignada para ese distrito electoral, dando inicio a un segundo momento que conocemos como “escrutinio provisorio”.

Éste tiene lugar a razón de la demora que implica enviar todas las urnas [que contienen en su interior las actas originales realizadas por el  presidente de mesa y los fiscales partidarios] a un único centro de cómputos para que se proceda al conteo. El escrutinio provisorio básciamente consiste en efectuar el conteo de los votos siguiendo los telegramas con los resultados de cada urna enviados por los presidentes de mesa. Debido a que los partidos políticos que fiscalizan la elección cuentan con copias de las actas en las que están los resultados enviados por el correo, éstos pueden fácilmente verificar si los datos que se van volcando coinciden o no con la documentación que tienen en su poder.

El escrutinio provisorio carece de valor legal y prácticamente nunca coincide exactamente con el resultado final establecido por el escrutinio definitivo [entre otras razones porque no computa votos impugnados y recurridos]. Sin embargo, debido a que los partidos políticos pueden ejercer control sobre los datos es usual que acepten el resultado del escrutinio provisorio. Esta es la razón por la cual es costumbre que el candidato perdedor reconozca su derrota basado en los datos del escrutinio provisorio, sin esperar al “escrutinio definitivo”.

El escrutinio definitivo es el único que tiene validez legal y se realiza bajo la autoridad de un juez electoral. Comienza a realizarse usualmente algunos días después de finalizado el escrutinio provisorio y puede durar días o semanas, según la complejidad de la elección que se escruta. Básicamente consiste en contar todos los resultados volcados en todas las actas confeccionadas en las mesas electorales. También corresponde al escrutinio definitivo verificar si las actas son válidas y resolver sobre los votos impugnados y recurridos.

En la noche del pasado 13 de agosto, entre las 21.00 y las 23.00 hs. el Gobierno Nacional se atribuyó la victoria en Buenos Aires con poco más del 20% de los votos escrutados provisoriamente a sabiendas que el resultado finalmente sería otro. En esa larga noche instaló la idea absurda del “empate técnico”, inexistente en un sistema democrático donde se pierde y se gana por 1 voto. Sino habría que preguntarles a los habitantes de la Comuna de San Roque en nuestra Provincia, donde en el año 2015 los candidatos a Jefes Comunales quedaron empatados en 270 votos cada uno y lo debieron resolver con un segundo llamado.

El escrutinio definitivo en Córdoba adjudicó el triunfo a Cambiemos con el 44,39% [875.908 votos], en el segundo lugar se ubicó Unión por Córdoba con el 28,56%, [563.622 votos], lo que representa una diferencia de 15,83 puntos. El tercer lugar con el 9,89% [195.077 votos], fue para el sector kirchnerista del Frente Córdoba Ciudadana, encabezada por el dirigente sindical de los docentes universitarios y de la CTA local, Pablo Carro. ¿Unión por Córdoba fue víctima del cambio por el que militó fuertemente en las presidenciales pasadas o este resultado es sólo un mensaje de apoyo al gobierno nacional?

Llaryora consolidó en nuestro Departamento su liderazgo al obtener una diferencia de 10 puntos porcentuales sobre Baldassi: 47% a 37%. Junto a Cruz del Eje, Minas, Pocho, Río Seco, San Alberto, San Javier, Sobremonte y Tulumba, San Justo es uno de los 9 Departamentos donde se impuso Unión por Córdoba.

A fines de noviembre de 2015 Cambiemos obtuvo en nuestra Ciudad el 79% de los votos [12.735], a un año y medio la misma fuerza política alcanzó el 44.73% de los votos [5.922 de Baldassi + 868 de Dante Rossi], el 34,27% menos. Aún así le alcanzó para ganarle a Unión por Córdoba, quien consechó el 37,37 % de los votos [5673]. El kirchnerista Pablo Carro alcanzó el 5,72% [748], Encuentro Vecinal Córdoba [Aurelio García Elorrio] el 2,03% [308], Liliana Olivero el 1,53% [232] y Luciana Echeverría el 1,51% [229]. Votaron 15.181 electores, el 73,15% del padrón.

El gobierno nacional no necesitaba ninguna reforma del sistema electoral para realizar una carga adecuada de los datos del escrutinio provisorio. Alcanzaba con modificar aquello que había funcionado mal hasta entonces.

Es por ello que instalar la urgencia del voto electrónico, sobre el que ya he argumentado mis reparos en tres de estas Columnas, carece de sentido en este contexto. No obstante y en tiempos de Netflix al alcance de la mano, los invito a ver la segunda temporada de Scandal. Esta ficción nos advierte de como el fraude con el voto electrónico es posible y de dimensiones tales que es capaz de voltear un resultado electoral. Sino les gusta la ficción los invito a mirar hacia Venezuela [uno de los pocos países del mundo que aplica el sistema], en donde la empresa que proporcionó la plataforma tecnológica de votación y prestó servicios para las elecciones en ese país desde el año 2004 denunció que el Gobierno en los pasados comicios del 30 de julio “agregó”… un millón de electores. ¡Hasta la próxima!

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