Vidas paralelas

Vidas paralelas

El debate prometía ser interesante. Se trataba del proyecto destinado a modificar el RÉGIMEN ESPECIAL PARA LA DONACIÓN DE ALIMENTOS (2004) que regula la donación de alimentos para satisfacer  las necesidades alimentarias de la población  económicamente más vulnerable o, dicho de otra manera, sin eufemismos, de quienes no tienen qué comer y dependen para alimentarse de la caridad pública o privada. Se sancionó cuando no se contaban los pobres porque, decían,  hacerlo era estigmatizarlos. En realidad no querían contarlos porque era desnudar el relato de que vivíamos en una economía de desarrollo con inclusión en la que, con total impudicia, se afirmaba que ¡en Argentina había menos pobres que en Alemania! (sic).

El texto originario había sido vetado parcialmente, eliminando el Artículo 9° que disponía que “Una vez entregadas al donatario las cosas donadas en las condiciones exigidas por el artículo 2°, el donante queda liberado de responsabilidad por los daños y perjuicios que pudieran producirse con ellas o por el riesgo de las mismas, salvo que se tratare de hechos u omisiones que degeneren en delitos de derecho criminal”.

El fundamento del veto fue la protección de la salud pública, que como valor de carácter supremo exige su tutela y mantener la responsabilidad por los daños y perjuicios vinculados a la misma cuando ésta se vulnera”.

El proyecto -modificado a propuesta de Carrió manteniendo el sentido originario- propone restablecer  la limitación  de la responsabilidad por daño ocasionado por la ingesta de alimentos donados bajo aquel régimen, proponiéndose que el donante de alimentos responda por los daños que ocasione sólo cuando actúe con dolo. Su fundamento es que sin la enmienda la ley se convierte en una mera declaración sin efectos prácticos pues sin ésa limitación supermercados, restaurantes y bares, entre otros potenciales donantes, que generan que miles de toneladas de alimentos tiran a la basura  frutas y verduras demasiado maduras, productos próximos a su fecha de vencimiento y mercadería con envases dañados.

Tal como afirma el dicho popular –“El  camino el infierno está empedrado de buenas intenciones” la discusión parlamentaria derivó en un torneo de agresiones mutuas en el que expresiones críticas -que intentaron ser irónicas o burlonas- fueron retrucadas con otras que eran insultantes para quienes comenzaron siendo sólo antagonistas a quienes se debía refutar, para transformarse en un “otro” a quien había que descalificar política y moralmente.

La retaliación continuó en los medios después de terminada la sesión legislativa. Unos y otros exhibieron un egocentrismo notable a pesar del rol social que cumplen, de que invocan públicamente la necesidad de recuperar el diálogo para superar  las diferencias políticas y estar interesados en los que menos tienen.

En el ámbito de la psicología se señala que el egocentrismo es una actividad psíquica normal en una etapa de la niñez (de 3 a 6 años), que se caracteriza según Jean Piaget, en quienes lo padecen no poseen los mecanismos mentales capaces de hacerles entender que otras personas tienen creencias, necesidades y razonamientos diferentes a los de ellos. La perduración de esos rasgos  después de la  niñez permite describir esos comportamientos como un infantilismo político que impide un diálogo superador.

Carrió decidió contestar a los diputados Federico Masso y  Margarita Stolbizer, que se habían opuesto al proyecto pues entendían que había en la propuesta en debate un “problema ético”  -la pretensión de que es posible “sacar un certificado de buen samaritano regalando lo que me sobra [y] quedar liberado de cualquier responsabilidad por la calidad de lo donado  [que] es incorrecto pretender que el que dona alimentos no es responsable del daño [cuando] ese alimento por una cuestión de vencimiento termina matando a un chiquito[y además hay] un “fundamento de derecho” para objetar la ley […] porque “toda persona tiene derecho a no ser dañada” y a “ser indemnizada”. Carrió descalificó el planteo como manifestación de “progresismo estúpido”  y llamó “locos” a quienes lo sustentaban.

Después, utilizando las redes sociales, Carrió -sin disculparse- intentó aclarar sus dichos, afirmando –DRAE en mano- que tratar a alguien de estúpido no es un insulto  (¿?). La saga continuó cuando Stolbizer, entrevistada en un canal de televisión afirmó Carrió se para y me insulta directamente. Me dijo estúpida. Hay que estar muy mal para insultar a un colega en el recinto […] Carrió tiene trastornos de personalidad, es muy Cristina Kirchner, el síndrome de los que creen que todo lo saben, y se sacan cuando alguien le demuestra que no sabe todo lo que está diciendo  […] No se resuelve el problema del hambre con lo que sobra, mucho menos cuando hay riesgo”.

Según el DICCIONARIO DE LA INJURIA, de Sergio Buffano y Jorge S. Perednik, lo que tipifica al insulto es que con él se intenta ofender a alguien en particular. Para que haya insulto es necesario que exista una situación de conflicto, pues el mismo sólo es tal en determinado contexto. Lo que lo caracteriza es el ánimo de ofender, no la palabra utilizada y lo que se dice no necesariamente debe ser falso, pues lo que se busca con él no es trasmitir información sino molestar al otro. El insulto es más que un decir, es un hacer en el que la lengua es el instrumento de agresión. Coincidentemente Juan Cruz Ruiz afirma “El insulto es una cobardía que pretende dejar al otro indefenso” (LA SOCIEDAD DEL LENGUAJE BASURA).

Carrió y Stolbizer son dos prima donna de la política, que rivalizan entre sí por representar  al sector que cree posible y conveniente no disociar moral y política y que pone el énfasis en la defensa de las instituciones de la república. Hace tiempo que el ego de la primera tiene ganas de enfrentarse frontalmente con la segunda. A pesar de tener un  origen común en el radicalismo, son de estilos diferentes. Lilita era y es más personalista, en medida tal que aun declarándose alfonsinista se manifestó en  contra del núcleo de la reforma  constitucional de 1994, en tanto que Margarita era y es políticamente más orgánica. Su historia común es una historia de desencuentros y rivalidades que quizás requeriría de un nuevo Plutarco que  compare sus VIDAS PARALELAS.

Carrió es y será siempre Carrió. Cree que el mundo gira a su alrededor  pues es la única que tiene DDI con Dios y la Virgen, con quien –dice- se comunica sin intermediarios y dialoga de igual a igual. Fundamentalista y maniquea, está convencida que ella y la verdad son la misma cosa y actúa conforme la ética de las convicciones, fiel discípula de Fernando I de Habsburgo, hermano menor de Carlos I de España, cuyo lema era  “Fiat justitia et pereat mundus”.

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