¿Quién ocupa el lugar de quién? Ser adultos sólo por edad

¿Quién ocupa el lugar de quién? Ser adultos sólo por edad

Un estudio del año 2016 de la Organización Mundial de la Salud arrojó que el consumo dañino del alcohol causa 2,5 millones de muertes cada año y que una proporción considerable de ellas corresponde a personas jóvenes. Mientras tanto, en el camino a la muerte hay otras “postas” que las encabezan los daños cerebrales permanentes y los déficits neurocognitivos, con claros efectos negativos sobre el aprendizaje y el desarrollo intelectual.

La Argentina no es ajena a esta problemática. Está segunda entre los países de América del Sur con más alto consumo anual de alcohol puro por bebedor, con 16 litros, superada sólo por Perú, con 18,4 litros. Y la edad de inicio de consumo de alcohol es a los 13 años.

Desde la asignatura Ciencia, Tecnología y Ética los alumnos de Sexto Año de la Orientación Naturales de la Escuela Dr. Dalmacio Vélez Sársfield abordaron el estudio de las bebidas de mayor consumo en adolescentes y jóvenes, entre ellas, vodka, cerveza, vino, fernet y los energizantes. Al proyecto lo llamaron “conCIENCIA”.

Guiados por su docente, la Ing. Clara Lescano, realizaron inicialmente una investigación bibliográfica sobre el producto elegido, sus características, proceso de elaboración, componentes y efectos sobre la salud. Posteriormente, en el laboratorio, pusieron a prueba una serie de supuestos sobre esas bebidas encontrando que algunas estaban fuera de las especificaciones y detectando en ellas componentes que con el consumo sostenido pueden transformarse en perjudiciales para la salud.

De manera paralela realizaron una encuesta on line sobre el consumo de alcohol destinada fundamentalmente a alumnos de entre 15 y 18 años de la misma Escuela. Técnicamente este relevamiento no pretende transformarse en una muestra representativa del total de los jóvenes de Arroyito; sin embargo, nos da algunas pistas sobre la pautas de consumo alcohol de nuestros jóvenes. Veamos algunos hallazgos.

Los alumnos obtuvieron 106 respuestas, el 63,2% de mujeres y el 36,8 % de varones. El 46% de los que respondieron tienen 17 años, el 26% 18, el 17% 16 y el 10% 15 años. El 91% dice consumir alcohol. Y ese 91% consume con una frecuencia de entre 1 y 2 veces a la semana. El 50% consume bebidas blancas y le sigen el fernet, la cerveza y el vino en el orden de preferencia.

La mayoría de los consultados asocia a los accidentes de tránsito con el consumo excesivo de alcohol. Mientras que un consumo sostenido [a largo plazo] es asociado con enfermedades como el alcoholismo y la cirrosis.

El 87% cree que el alcohol es una droga y que es una de las más adictivas. El 82% cree que el alcohol no genera el mismo efecto en varones que en mujeres. El 76% cree que las “mezclas” emborrachan más. El 66% cree que una “ducha de agua fría” revierte o anula una borrachera El 85% considera que tomar sólo los fines de semana también produce daños al organismo. El 60% respondió que el alcohol los deprime. El 60% cree que mezclar el accohol con bebidas energizantes demora los efectos y síntomas de la borrachera.

El 70% cree que los varones se inician entre los 13 y 14 años en el consumo. Mientras que el 74% considera que las mujeres se inician más tarde: entre los 14 y 15 años.

El 48% asocia a la cocaína con conductas delictivas, el 25% al alcohol y el 18% a la marihuana. Y, finalmente, el 82% cree que el acohol es una droga legal porque está culturalmente aceptada, mientras que el resto opinia que porque es un negocio.

Asociado a este relevamiento, en el mes de mayo, el Centro de Estudiantes de la misma Escuela preguntó sobre la Ordenanza que limita el acceso de menores a los boliches. Obtuvieron 144 respuestas de jóvenes menores de 18 años. De ellas, un 93% considera que la Ordenanza es desacertada porque aunque busca ordenar la noche y controlar el consumo de alcohol en menores, no lo logra.

El fundamento de esta primera aprecación es que el 81% de esos jovenes que ahora no van al boliche se reúnen en otros lugares públicos (como el Río) o privados (como domicilios particulares) y/o viaja a otras localidades donde sí tienen permitido el ingreso a los boliches. Y en esos lugares el 91% dice que tiene permitido el consumo de alcohol y, además, un 70% de los entrevistados respondió que hay más control sobre el consumo de alcohol en un boliche que en las fiestas “privadas”.

Me permito hacer algunas “lecturas” de estos datos. En primer lugar, aunque refieran algunas percepciones erróneamente [como que una ducha fría revierta los efectos del alcohol, cuando en realidad solo se obtiene un borracho limpio] los jóvenes se encuentran suficientemente enterados sobre los efectos nocivos de un consumo excesivo y sostenido de alcohol en el tiempo. Esto me hace pensar, como reflexión inicial, que no sólo estamos frente a un problema de “falta de información”.

En segundo lugar, los jóvenes refieren que se les permite tomar en sus propios hogares porque “culturalmente” es algo aceptado. Y la expresión concreta de esa aceptación se materializa en los “permisos” familiares. Aquí deberíamos preguntarnos qué nos está pasando, jóvenes y adultos, que sabiendo que el alcohol es una droga, nos deprime, nos enferma, nos accidenta y nos mata seguimos consumiento y/o permitiendo el consumo sin control escudados en la estafa del “yo ya no puedo hacer más nada, que se haga cargo otro”.

Para cualquier sustancia adictiva una iniciación temprana en el consumo propende a aumentar la dependencia de esa sustancia en el futuro. Es decir, esta probado que cuanto más temprano se comienza a tomar alcohol mayor es el consumo de éste posteriormente. Si bien la Ordenanza que restringe el ingreso de menores a boliches apunta a este objetivo, no lo está cumpliendo. Y no sólo es una “percepción” del 93% de los jóvenes encuestados. Al no permitírseles el ingreso a estos lugares el consumo se ha trasladado a otros espacios, en donde la autoridad y el mundo adulto están ausentes.

Este año nos visitó Mariano Narodowski y no habló sobre “un mundo sin adultos”. Entre otras cosas nos dijo que “…los vínculos de los más jóvenes con los adultos ya no son asimétricos, sino que van haciéndose más y más equivalentes toda vez que el saber y el poder de niños y adolescentes se identifica en forma creciente con el de los mayores. Incluso en algunas áreas de la vida social y cultural son los mayores los que se subordinan a las pautas instaladas por los menores, produciéndose situaciones en las que corresponde preguntar acerca de quién ocupa el lugar de quién.”

Para cada año que inicia solemos proponernos propósitos. Sin embargo, sin acción los propósitos solo quedan en buenas intenciones. Y de éstas está lleno el infierno, como reza el refrán popular. Hacen falta obras. Que reconstuir un mundo adulto presente y confiable sea una de ellas.

¡Feliz Nochebuena! ¡Por un 2018 de buenos momentos compartidos en familia!

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.