El bochorno de la Libertadores se gestó antes, mucho antes

El bochorno de la Libertadores se gestó antes, mucho antes

Saber lo que se debe hacer y no hacerlo es de un cinismo imperdonable. Esconder la incapacidad para hacer lo que se debe hacer detrás de una falsa prudencia, también. Trasladar obligaciones funcionales al “todos somos responsables” es de canallas.

La suspensión de la final de la Copa Libertadores, se gestó hace tiempo: si no pudimos organizar el pase del bastón presidencial ni una votación en la misma Asociación del Fútbol Argentino… ¿Tenemos derecho a asombrarnos en que no seamos capaces de organizar un partido?

La suspensión se gestó mucho antes. Cuando, por ejemplo, nos convencimos en que la responsabilidad exclusiva en estos casos está en la policía, liberando de todo compromiso a los hinchas. Algo así como si el ladrón no tuviera la culpa ante tu olvido de cerrar con llave la casa. O lo que es lo mismo, cuando trasladamos toda la responsabilidad del que anda con escape libre, al que no controla.

Se gestó cuando desarrollamos una asombrosa capacidad para justificar, minimizar y naturalizar todo.  Viendo el video de la agresión se advierte con claridad que no son dos o tres los tira piedras. Y que no estaban solos: contaban con una nutrida barra que aplaudía los piedrasos.

Se gestó cuando celebramos el desorden y al orden lo atamos a una ideología represiva. Cuando admiramos a los países desarrollados creemos que lo que alcanzaron lo hicieron sin un orden minimo ni pautas claras de funcionamiento social. Exaltamos modelos educativos como el finlandés si reparar que para ser docente hay que titularse luego de una carrera larga, ardua y exigente; que cada centro educativo diseña su propio proyecto de formación, pero respetando una base común que debe asegurarse y ser cumplida por todos; que las clases se preparan; que los alumnos estudian y que los padres se implican en el proceso de formación de sus hijos. No hay magia. Hay orden, esfuerzo y un sano sentido común.

Se gestó cuando no somos capaces de poner límites claros a nuestros hijos por miedo a que no nos quieran, no nos entiendan o tengamos que responsabilizarnos de ellos estando tan “ocupados” en cosas “más importantes”… Es más fácil (y hasta más “conveniente”) que a los límites los pongan otros: la Escuela, el Estado o vaya a saber quién.

Se gestó cuando justificamos que todo vale. Que la violencia se disfruta y no tiene castigo. Que a quienes de los detiene por atentar y resistir a la autoridad se los puede dejar libres en 24 horas. Eso sí, con la restricción de no poder acercarse a 500 metros del Monumental hasta que termine el proceso… ¿Alguien en su sano juicio puede creer que la justicia está en condiciones de controlar el cumplimiento de esta determinación cuando de todas las actas contravencionales labradas por las fuerzas de seguridad en partidos fútbol ni una sola avanza en las fiscalías?

Se gestó cuando la política permitió que los violentos ganen las calles y que a eso se le llame participación popular. Así, pasamos de la calle para todos a la para unos pocos: los violentos.

Se gestó cuando los barras se convirtieron en fuerza de choque de la política y se les permitió ser dueños de un negocio fabuloso: reventa de entradas, control de acceso a los estadios, comercialización de indumentaria oficial, cobro de dinero por exhibir banderas con inscripciones políticas, explotación de los estacionamientos alrededor de las canchas, y hasta la organización de tours por los estadios para extranjeros. Y todo es posible por la mirada cómplice de policías, empleados y dirigentes de los clubes. Sólo como dato, el viernes anterior al partido en un allanamiento a la casa del líder de la barra de River encontraron 300 entradas originales y 7 millones de pesos en efectivo.

Se gestó cuando la dirigencia política juega sus mezquinos intereses personales y electorales esperando sacar rédito a costa de la seguridad y de la vida de quienes deben cuidar. “Emboscada”, “zona liberada”, “desmanejo insoportable” fueron la clificativos que desde el Gobierno Nacional arrojaron al fallido operativo del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Se gestó cuando quienes deben actuar miran como espectadores. Una enorme cantidad de voces con responsabilidad directa de gobierno diagnosticaron las razones del problema. Como si la toma de decisiones dependiera de “vaya a saber quién”.

Se gestó cuado la prensa sensacionalista y bochornosa alimenta furias con relatos apocalípticos de los que sólo salen beneficiados ellos.

Una situación lamentable. De la que socialmente somos parte. Pero en la que hay unos que son más responsables que otros. Si aquellos comenzaran por hacerse cargo con la misma intensidad en la que ponen empeño para justificar lo injustificable, las cosas comenzarían a ser distintas. ¡Hasta la próxima!


¡Feliz Nochebuena! ¡Buen Año Nuevo!

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