Una pesada herencia que de tan pesada no deja de heredar, aunque Ud. no lo crea

Una pesada herencia que de tan pesada no deja de heredar, aunque Ud. no lo crea

Mirando el ajetreado panorama electoral de este año el Gobierno Nacional dispuso, a fines del año que recien termina, concentrar en los primeros cuatro meses de 2019 un nuevo incremento en las tarifas. Gas, electricidad y transporte subirán un promedio del 40%.

Tomando sólo el gas tenemos que durante 2018 las subas rondaron el 77,6% y desde diciembre de 2015 el incremento acumulado es del 660%, según el Indice de Precios al Consumidor de la Ciudad de Buenos Aires.

Esta vez no fue necesaria una fastidiosa cadena nacional para hacer los anuncios. En pocas horas y de manera encadenada el Gobierno Nacional a través de sus Ministros de Transporte y Energía, comunicó las “buenas nuevas”.

La razón es la misma con la que viene justificado los incrementos anteriores: una pesada herencia que de tan pesada no deja de heredar. Mientras, la única solución posible sigue siendo que al ajuste lo paguen los de siempre.

No desconocemos que cuando se hereda se hereda todo, es decir lo bueno y lo no tanto. Así lo entendió el electorado que en 2015 fue llamado a “cambiar”. Sorprende que a finales del mandato del actual gobierno aquello “no tanto” lejos de resolverse, se agrave y que las soluciones no aparezcan.

Justificarse en el “roban pero hacen” es de un cinismo tal como el de “al menos estos no roban [pero la empeoran]”. Los países con alto nivel de control sobre el manejo de los fondos públicos y sus funcionarios, también son países cuyos gobiernos accionan sobre los asuntos que deben ser resueltos, proyectan y concretan. Algo que por estas latitudes parece un imposible.

Pero si algo le faltaba a esos anuncios de fin de año es que al día siguiente quien los hizo, renuncie. Iguacel fue quien siendo Secretario de Energía de la Nación, dispuso que los usuarios de gas – mediante aumento de la tarifa – debíamos compensar a las empresas del sector porque estas “habían perdido por la devaluación”. Ya conocemos que el Gobierno debió modificar la medida, aunque fue a medias. El aumento no iría directo al consumidor sino que lo pagaría el Estado, lo que equivale a decir lo mismo pero de una manera más elegante.

Volviendo al incio del párrafo anterior decíamos que quien hizo el anuncio de los aumentos, al otro día renunció. Algo así como que subidos a un avión, el piloto nos adelanta la hoja de ruta – en la que supuestamente cree – y al rato nos enteremos por la azafata que por “cuestiones personales” acaba de saltar con el único paracaídas disponible.

Nuestro país no es el único con una alta carga fiscal. El tema radica en que en aquellos donde la presión tributaria es importante, también son importantes en cobertura y calidad los servicios que presta el Estado. Alemania, por ejemplo, tiene una presión tributaria que supera al 40% del valor total de los bienes y servicios producidos en ese país [PBI], pero esa presión –una de las más altas de Europa – es sobre la cuarta economía del mundo; no como en nuestro país donde las prestaciones públicas son paupérrimas y el 48% de los niños, niñas y adolescentes es pobre y de ese 48%, el 20% posee privaciones “severas” como vivir en una zona inundable y cerca de un basural o no haber ido nunca a la escuela entre los 7 y los 17 años. Algo escandaloso e inmoral sólo justificable en un contexto alocado como el nuestro, que pasa de populistas de izquierda a populistas de derecha sin inmutarse.

En Córdoba, según un relevamiento de La Voz del Interior, los mismos productos que hace un año contaban $ 7.729 en diciembre llegaron a los $ 12.293: un 59,04% más. “Para la canasta que La Voz releva desde hace 10 años, 2018 marcó un récord que nadie festeja. Durante los últimos 365 días, los mismos productos observados en cuatro supermercados de la ciudad de Córdoba aumentaron un 59,04 por ciento y duplicaron el valor promedio anual de los últimos cinco años (27,62%).”, dice el informe publicado en la edición del pasado 30 de diciembre.

Jamás en todos estos años, desde esta Columna ni en lo personal, he perdido la esperanza en un presente sensato en el que anide un futuro mejor. Pero la realidad es como es, no como nos gustaría que fuera. Y la realidad no viene impuesta desde un planeta lejano y desconocido. Se construye, se crea con lo que hacemos y con lo que dejamos de hacer.

Daniel Alonso en una columna en el suplemento “Negocios + Economía” de La Voz del Interior dice que la realidad económica argentina bien podría ser pensada como una “franquicia de Ripley”, el del programa de televisión “Aunque Ud. no lo crea”. Y dice que el capítulo más nuevo de esta parodia se refiere al “impuesto a la ganacias a la renta financiera de las personas”.

Dice Alonso “Hay, por lo menos, un escaso sentido de la oportunidad, que además implica una bofetada a quienes ahorran en devaluados pesos (quizá el punto más urticante) y, por ende, un incentivo a dolarizarse en un país que, justamente, tiene una baja capacidad para generar ingresos en esa moneda.” Y una alta cultura en resguardarse en esa moneda en un contexto de más de medio año de corridas contra el peso, agrego.

La verdad es que “Si decidió armar un plazo fijo en billete nacional y acumuló una renta, al cierre de 2018, superior a 66.918 pesos – escribe Alonso –  pagará impuesto por el excedente, aun cuando la utilidad obtenida haya perdido poder adquisitivo.” Aunque Ud. no lo crea.

¡Hasta la próxima!

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