Populismos ¿de izquierdas o de derechas?

Populismos ¿de izquierdas o de derechas?

Se agita Brasil de la mano de su nuevo Presidente que promete que las respuestas llegarán desde el populismo de derecha. Se agita Venezuela donde Maduro promete que las soluciones llegarán desde el populismo de izquierda. Parece no haber lugar en la “vereda del medio”. Es que los extremos siempre fueron más cómodos. Evitan la fatiga del laborioso empeño de razonar. Porque razonar siempre es con otros, no contra otros.

En 2017, rivales presos o inhabilitados, una oposición abstenida porque desconfiaba en el proceso electoral y porque no supo articular una estrategia común, la más baja participación electoral en años [el 54% en condiciones de votar, no lo hizo] fueron suficientes para que Maduro resultara reelegido como Presidente de Venezuela.

En 2016 las elecciones para la Asamblea Nacional [nuestro Congreso Nacional] le habían dado a la oposición una clara mayoría. El Tribunal Supremo de Justicia consideró que la incorporación de tres parlamentarios cuyos procesos eleccionarios eran objeto de investigación por denuncia de fraude puso a la Asamblea en desacato. Desde entonces no es reconocida y sus actos considerados nulos.

En lo que parece una tragedia griega, luego que Maduro prestó juramento como Presidente, el hasta entonces desconocido Presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, anunció su intención de asumir la presidencia interina de Venezuela. Y consideró que la toma de posesión de Maduro es un acto nulo producto del fraude.

En esa oportunidad los opositores a Maduro esperaban que Guaidó diera el paso definitivo y se juramentara como Presidente interino, algo que hizo el 13 días después: “Hoy, 23 de enero de 2019, en mi condición de presidente de la Asamblea Nacional, invocando los artículos 233 de la Constitución, ante Dios todo poderoso, juro asumir formalmente las competencias del Ejecutivo Nacional como Presidente encargado de Venezuela”, aseguró Guaidó al encabezar un acto en Caracas.

De manera inmediata recibió el reconocimiento de la Organización de Estados Americanos, Estados Unidos, Brasil, Ecuador, Guatemala, Argentina, mientras se esperaba un comunicado conjunto de la Unión Europea. Así las cosas, cuando termino de escribir esta Columna, Venezuela tiene dos Presidentes… “anulados” recíprocamente.

La bandera de Brasil está formada por un rectángulo verde sobre que se emplaza un rombo amarillo, y dentro de este, un círculo azul con una banda blanca que contiene el lema “ORDEM E PROGRESSO” [“Orden y Progreso”, en portugués] en color verde, así como 27 estrellas de color blanco que representan a los estados y al Distrito Federal.

El Partido de los Trabajadores [PT] gobernó de la mano de Luis Ignacio Lula Da Silva y Dilma Rousseff por casi 20 años. Debidi a un sin número de escándalos, entre ellos el Lava Jato y Odebrecht, el PT quedaría muy afectado por los casos de corrupción en los que se vio envuelto como partido gobernante.

La derecha de Brasil supo capitalizar el descontento y el hastío generalizado producto del flagelo de corrupción; y el mensaje del actual Presidente Jair Bolsonaro logró calar en aquellas personas que prefirieron un candidato con un discurso “políticamente incorrecto” que les ofrecía una idea de “Orden y Progreso” asociada a la mano dura y a un gobierno autoritario, antes que otro ligado a los escándalos de corrupción.

Tanto para el populismo de izquierda como el derecha, la sociedad se simplifica como un espacio de lucha entre dos extremos fuertemente enfrentados: los sectores populares y los reducidos pero poderosos grupos hegemónicos y dominantes.  Ya sea que esos grupos estén conformados por las oligarquías capitalistas nacionales y extranjeras [como en los populismos de izquierda]; o por los judíos, los homosexuales o los inmigrantes asiáticos o africanos “corruptores” de la cultura nacional [como para los populismos de derecha].

Así, en una sociedad simplificada a una única contradicción, la “tarea del pueblo” será autorreconocerse en el llamado populista [¡Fuera el imperialismo yanqui! o ¡Toda la culpa está en los inmigrantes!] hacerlo suyo y militar en esa causa.

Izquierdas y derechas tradicionales difieren en sus objetivos y en la sociedad que prometen [que por cierto nunca alcanzaron], pero coinciden en  su común proteccionismo económico, su compartido nacionalismo, así como sus débiles tradiciones democráticas. Eso explica que sus políticas abracen prácticas populistas sin importar si quien las ejectura es “diestro o siniestro”.

¡Hasta la próxima!

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