Menos explosiones discursivas y más sentido común

Menos explosiones discursivas y más sentido común

Votamos en un momento decisivo para gran parte de América Latina. Tiempo turbulento que algunos han simplificado brutalmente atribuyéndolo a “manos negras” que lanzaron una seguidilla de “guerras contra sus propios países”. Nada más alejado de la realidad.

En primer lugar, juzgar a un país como “sólido” sólo desde las variables económicas de lo “macro” impide ver que la desigualdad social [que se juega en lo “micro”] no se puede aceptar a perpetuidad.

En lo macroeconómico Chile crece desde hace unos 30 años a una tasa del 3%, con una inflación del 2%, una desocupación del 7% y un PBI per cápita de veinte mil dólares, 25% mayor que el nuestro. En lo micro el 1% de la población se queda con el 24% de los ingresos mientras la mitad de los chilenos recibe solo el 2,5%, con un sueldo promedio de 562 dólares. No es la pobreza, es la desigualdad.

En segundo lugar, la crisis de representación de los partidos ha dejado un vacío que es ocupado por grupos que no reconocen ni la institucionalidad ni interlocutores válidos. Sobre los inicios de las protestas en Chile, dirá la escritora Nona Fernández Silanes “Es una protesta y un reclamo que se inició con los estudiantes evadiendo el pago del metro luego del alza del pasaje. La intensidad fue subiendo y sin que nadie lo organizara, sin petitorios, líderes o negociaciones, esto explotó en un desmadre callejero. Y hay gritos, y cantos, y cacerolas, y fuego, y golpes.” Y muertos.

Así parece confirmarlo el embajador argentino en Chile, José Octavio Bordón, cuando admite que a esta crisis no la vieron venir. Honestidad intelectual e incapacidad de lectura de las demandas sociales. Sobre este asunto expresó Tito Dómina “El estallido llegó con los jóvenes – millenials y centennials – a las calles. Usaron los medios que mejor manejan para convocarse. Denunciaron tratos inhumanos, se asombraron del rigorismo del toque de queda porque ellos nacieron en democracia y no escatimaron palabras en decir que existían grupos económicos que intentaban obnubilar el conflicto.”

El proceso electoral que dio el triunfo a Alberto Fernández en primera vuelta, sirvió como válvula de escape para que no termináramos en un callejón a la “chilena”. La desigualdad que supimos conseguir es escandalosa e inmoral. El 48% de los niños, niñas y adolescentes son pobres en términos de ingresos y al interior de este grupo, el 10% se encuentra en situación de indigencia.

Según los datos del escrutinio provisorio a nivel nacional la dupla Fernández-Fernández obtuvo 12.473.709 votos [48,10%] y Macri-Pichetto 10.470.07 votos [40,37%]. Se emitieron 26.595.460 votos válidos en todo el país, en blanco sólo un 1,5%. En Córdoba Macri repite y aumenta su preferencia en el electorado obteniendo 1.378.834 votos [61,30%].

En Arroyito estaban habilitados 20.351 electores, votó el 83,13% [16.918 personas]. Macri obtuvo 11.341 votos [68,63%] y Fernández 3605 votos [21,81 %]. La Escuela Manuel Belgrano, es donde el actual Presidente alcanzó la mayor adhesión, el 69,68% de los votos. En El Fuertecito la participación alcanzó al 79,45% de los 365 votantes habilitados. Se impuso Macri con el 64,36% de los votos [177]. De la PASO a la primera vuelta electoral Macri incrementó en nuestra Ciudad su caudal electoral en casi 2600 votos.

La contundencia de los votos en Córdoba, que representa el 8% del padrón electoral, no alcanzó para forzar una segunda vuelta electoral. La contundente victoria del Frente de Todos en Provincia de Buenos Aires donde vota el 37% del padrón, selló la suerte y los sueños del Presidente Macri quien se convirtió en el primer Presidente que se presenta a la reelección y no la logra.

En Córdoba, Schiaretti apostó a la boleta corta. Una jugada electoral que le permitió no interferir con las aspiraciones de Macri y así no enfrentar al electorado que lo respalda y que también comparte. Punto para el Gobernador. Sin embargo, no pudo retener la representación en diputados, la que se redujo a un representante. 

En nuestra Provincia resultaron electos como Diputados Nacionales Mario Negri, Soher El Sukaria, Víctor Hugo Romero, Leonor Martínez Villada, Luis Juez y Adriana Ruarte [Cambiemos]; Eduardo Fernández y Gabriela Estévez [Frente de Todos]; y Carlos Gutiérrez [Hacemos por Córdoba].

La diferencia de 8% entre ganador y perdedor es auspiciosa. No consagra una victoria aplastante [otra vez las encuestadoras no logran acertar y van…] que siempre tienta a jugar a los autitos chocadores e ir por todo. Este 8% obliga a Fernández a dialogar y a no olvidar que la base del sistema democrático es el gobierno de la mayoría con especial atención y respeto de las minorías. 

La tarea que enfrenta el nuevo gobierno es titánica. La de la nueva oposición no es menor. Una vez que baje la espuma electoral hay urgencia en enfocarse en aquello en lo que no hay dudas: la angustiante situación económica y el incremento de la desigualdad. Menos explosiones discursivas y más sentido común: trabajar por reactivar el mercado de trabajo, bajar la desocupación, la informalidad y recuperar el poder adquisitivo de los salarios. Que así sea.

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