¿Qué y cuánta cultura consumimos los argentinos? Parte 2

¿Qué y cuánta cultura consumimos los argentinos? Parte 2

En la Columna del mes pasado, les compartía mi lectura sobre los resultados de la segunda Encuesta Nacional de Consumos Culturales. Iniciaba diciendo que el estudio revela que son los jóvenes los que más consumen cultura, los que están más digitalizados, los que más dinero mueven en el sector y, también, quienes irán marcado la tendencia de los consumos culturales del futuro.

Finalizando aquella Columna me preguntaba porqué internet no está considerada dentro de los consumos culturales masivos y qué se conocía sobre las prácticas culturares digitales en nuestra Ciudad.

En primer lugar, diremos que cuando se hace referencia a internet en el contexto de un estudio de consumo de cultura, se lo piensa como un medio de acceso a contenidos culturales. En ese sentido a pesar de la rápida difusión que tiene en los últimos años, aún no alcanza la masividad de la televisión, a la que consume el 97% de los argentinos sin distinción de edad, región o estrato social.

A pesar que prácticamente todos los jóvenes, casi todos los adultos y un 65,7% de adultos mayores poseen celular, el consumo de contenido culturales vinculados a internet está muy difundido entre los jóvenes, pero muy poco extendido entre los adultos mayores.

En cuando a las redes sociales, la brecha intergeneracional se hace sentir fuerte. Mientras el 90% de los jóvenes posee una cuenta en Facebook, sólo el 17,9% de los adultos mayores posee una; más de la mitad de los jóvenes [55%] posee Instagram, pero sólo el 20% de los adultos y apenas el 1% de los adultos mayores de 65 años.

La forma de actuar frente a los contenidos que circulan en internet tampoco es la misma según se considere la edad. Los jóvenes son más activos que las personas de otras edades en cuanto a generar, compartir y comentar contenidos en la web.

Los jóvenes también son el grupo poblacional que más mira contenido audiovisual [series, películas o videos] online a través de aplicaciones pagas, como Netflix, y de plataformas gratuitas, como YouTube. En esta última plataforma la brecha intergeneracional es abrumadora: 41% de jóvenes, 27% de adultos y 7% de adultos mayores. En relación a la frecuencia 8 de cada 10 jóvenes que la usan, lo hacen prácticamente a diario.

Desde la asignatura de Formación para la Vida y el Trabajo que se dicta en 4 Año de la Orientación de Economía y Administración de la Escuela Dr. Dalmacio Vélez Sársfield, a cargo del Prof. Eduardo Van Cauteren, se les propuso a los alumnos indagar sobre las prácticas digitales de sus compañeros. Participaron 380 alumnos, el 41,8% correspondiente al Ciclo Básico [1º, 2º y 3º año] y el 58,2% al Ciclo Orientado [4º, 5º y 6º año].

Algunas de las particularidades sobre el uso de la redes y prácticas digitales no difiere de los hallazgos del estudio realizado a nivel nacional: la mayoría comenzó a usar las redes entre los 11 y 13 años, el lugar más frecuente donde accede a ellas es en el hogar [90,6%], por la tarde-noche, sin la supervisión de un adulto y con la finalidad de entretenerse [94,5%].

Cuando nos preguntamos ¿en qué red social andan mis hijos?, esta respuesta puede orientarnos: decididamente abandonaron Facebook, sólo el 1,3% dice usarlo; mientras que el 22% posee cuenta en Twitter y el 76,7% en Instagram, por abrumadora mayoría la red más usada. Además, el 41% dijo tener más de un perfil en las redes.

El 98,2% accede a ellas por medio de su celular, sólo una minoría [5,5%] cerró definitivamente una cuenta, la mayoría [66,3%] considera que en las redes se pierde el tiempo, que distraen el estudio [61,8%] y que no son dependientes de ellas [61,3%].

La mayoría cree que en las redes la privacidad no existe, que presentan estereotipos/modelos inalcanzables [80%], que en Twitter hay mucho contenido inapropiado y que en Instagram hay exceso de anuncios publicitarios.

Primera reflexión. Ambos estudios demuestran que las prácticas digitales se expanden y desarrollan de manera paralela al mundo adulto, claramente desplazado por este nuevo tipo de consumos y hábitos. Todo un desafío si se pone en contexto con la falta de supervisión adulta en el uso de las redes y la multiplicación de perfiles de un mismo usuario. ¿Cuál es la mejor manera de acompañar a nuestros chicos y chicas? Es una pregunta que no sólo se debe hacer la Escuela.

Segunda reflexión. En la Columna anterior decíamos que el período que abarca la adolescencia y hasta aproximadamente los 25 años es de el mayor consumo cultural y que garantizar el acceso al arte y a la cultura, entendida esta como pasado y tradición, hábitos y costumbres, formación y saber, es de vital importancia en la construcción de la identidad personal. Ojalá las urgencias recurrentes de nuestro país, provincia y ciudad, no nos quiten la posibilidad de avanzar en ese sentido.

¡Hasta la próxima!

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