El poder del estado como condicionante de la oportunidad de un verdadero cambio

El poder del estado como condicionante de la oportunidad de un verdadero cambio

El domingo pasado, en lo que se conoce como “domingo de Resurrección”, el Papa Francisco impartió su tradicional bendición “urbi et orbi”, como lo viene haciendo desde 2013, año en el que fue elegido como el máximo representante de la Iglesia Católica.

Sin embargo, esta vez, se trataba de una ocasión especial, inusual podría decirse: un mundo paralizado y confinado ante la amenaza de la pandemia de Coronavirus. En consecuencia, su habitual discurso estuvo teñido por las circunstancias del momento, con un contundente llamado a los principales líderes mundiales para que asuman esta crisis como una oportunidad única para realizar un verdadero cambio mundial, dejando de lado los egoísmos y diferencias, y uniéndose y solidarizándose ante la amenaza de un mismo enemigo y el sufrimiento de los más débiles.

Ahora bien… ello nos lleva naturalmente a preguntarnos: ¿Estarán los Estados – particularmente las grandes potencias – dispuestos a semejante desafío?

Es aquí donde se invita al lector a ser muy prudente con respecto a semejante escenario. Y ello se debe principalmente a que el factor “poder” (visto como una relación de dominio de unos sobre otros) continúa ejerciendo una decisiva influencia en la evolución de los acontecimientos internacionales:

En primer lugar, se hace cada vez más evidente cómo los Estados proceden a definir su interés en términos de poder, es decir, hacia su acrecentamiento (ya sea por motivos de seguridad, bienestar, o simplemente, para dominio y/o control)

En segundo lugar, la coyuntura internacional es cada vez más el producto de una relación de fuerzas/poder (unos dominan, otros obedecen).

En tercer lugar, continuamente somos testigos del uso de la fuerza por parte de las potencias para satisfacer sus intereses, ignorando o violando el Derecho Internacional y las resoluciones emitidas por organismos internacionales (Ej: Naciones Unidas), cuyo poder de acción se ve cada vez más limitado.

Finalmente, la utilización del poder como medio efectivo para el mantenimiento de un statu quo internacional, al servicio de los intereses de las grandes potencias y la profundización de las diferencias.

Es por todo ello que hoy el Realismo (teoría de las Relaciones Internacionales)  – en sus diversas variantes – sigue muy vigente.

Repasemos algunas de las realidades que el Papa hizo mención, para analizar cómo el uso y/o la búsqueda de mayor poder por parte de los Estados, atenta contra un futuro promisorio.

Conflictos abiertos. Francisco hizo un contundente llamado a un alto el fuego global. No obstante, los principales conflictos y/o guerras civiles/internacionales  que actualmente afligen al mundo son incentivados por quienes la rentabilidad de su industria militar depende de ellas; por quienes buscan asegurarse el control geopolítico de territorios estratégicos y ricos en recursos naturales; por quienes buscan ampliar su zona de influencia; por quienes la estabilidad de un aliado es funcional a su propia estabilidad (Ej: guerra en Siria, conflicto palestino-israelí, conflicto en Yemen, inestabilidad en Irak, Líbano y oriente de Ucrania).

Crisis de refugiados/migrantes/desplazados. El sumo pontífice también tuvo palabras de aliento para con estos grupos. Sin embargo, son muy pocos los que asumen que esta situación no cambiará hasta que los Estados poderosos, en pos de satisfacer sus intereses, dejen de propiciar la inestabilidad, el cambio de régimen y las guerras en sus países de origen (hoy Libia y la frontera entre Grecia y Turquía evidencian esta cruda realidad).

Fabricación y venta de armas. El Papa pidió expresamente que en lugar de seguir fabricando y vendiendo armas, se utilice el dinero que se invertiría en ese negocio, para cuidar y salvar la vida de las personas que hoy son afectadas por el virus. Pero la realidad es que dicha política afectaría los intereses económicos de la industria armamentística de los principales países exportadores de armas y limitaría el uso del poder militar que tan vital es para el dominio y control estatal.

Sanciones internacionales. Por último, Francisco hizo un llamado a relajar las sanciones económicas internacionales que algunas potencias aplican sobre otros Estados. No obstante, ello significaría para aquellas, contar con un medio menos para ejercer presión sobre países cuyo control es vital para el resguardo de sus intereses y el mantenimiento del statu quo (aquí son relevantes los casos de Cuba, Venezuela e Irán).

Por lo tanto, en un sistema internacional que hoy se caracteriza por el reempoderamiento del Estado, la acumulación de poder y la profundización de la anarquía internacional (el Estado se encuentra apenas limitado en su accionar), propiciar un verdadero cambio no es una tarea imposible, pero bajo estas circunstancias, sí muy difícil de alcanzar, aun cuando hayamos aprendido las lecciones de una pandemia como la que estamos padeciendo.

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