El Covid-19 y su incidencia en el derecho internacional

El Covid-19 y su incidencia en el derecho internacional

Cómo ha sucedido en otros ámbitos, el Covid-19 ha incidido sustancialmente en el campo de las Relaciones Internacionales. Y una de las áreas que ha sido considerablemente afectada es la del Derecho Internacional (D.I.)

Como orden normativo que toma su forma de la sociedad que regula – la sociedad internacional -, no es inmune a lo que sucede en ella. Como consecuencia, sus principales cimientos o temas fundamentales se han visto interpelados por esta situación de excepcionalidad.

Dos de ellos han sido su subjetividad (principalmente en lo que hace al rol del Estado como centro de respuesta jurídica) y su andamiaje institucional (el rol de la OMS y de los principales órganos de Naciones Unidas). Sin embargo, en esta oportunidad me gustaría puntualizar sobre otros 3 cimientos, cuya interpelación en esta crisis plantea desafíos interesantes para el Derecho Internacional.

Uno de ellos – que ha sido interpelado no directamente por la pandemia, sino por la respuesta a ella – es el de sus fuentes de creación.

Muchos tratados y costumbres internacionales (principales fuentes del D.I.) han quedado en suspenso, frente a una situación de emergencia que posibilita a los Estados abstenerse de cumplir ciertas obligaciones que de ellos emanan.

A su vez, estos instrumentos internacionales se han mostrado ineficientes al momento de responder rápida y adecuadamente a la nueva realidad impuesta por el Covid-19.

Este virus también ha representado un desafío para el D.I. en materia de responsabilidad internacional, planteando dos cuestiones: el interrogante sobre si China violó o no las obligaciones internacionales en materia sanitaria; y si las medidas restrictivas adoptadas por los Estados como respuesta a la pandemia violan o no las obligaciones que los Estados tienen en materia de Derechos Humanos (DD.HH.).

En cuanto a la primera, si bien existen sospechas de que China pudo haber informado tarde sobre el desarrollo de la pandemia o haber ocultado información por un tiempo, para demostrar su responsabilidad se necesitan pruebas. Y conseguirlas se hace muy difícil en un país donde la única información disponible proviene del Estado, donde el gobierno posee un estricto control sobre lo que sucede en su país, en definitiva, sobre la narrativa acerca de lo sucedido.

En lo que refiere a la legalidad de la respuesta general a la pandemia, hay que tener en cuenta que los DD.HH. son interdependientes, lo que significa que no se puede garantizar el ejercicio de uno de ellos (por ejemplo, el derecho a la salud) sin garantizar los demás (derechos políticos, económicos, sociales, culturales).

También hay que tener en cuenta que todo derecho puede ser limitado en condiciones de excepcionalidad, como las que estamos atravesando.

¿Pero y si esa excepcionalidad se vuelve permanente? ¿Cómo garantizar el funcionamiento integral de los DD.HH? Ese es el principal desafío en esta “nueva normalidad”.

Finalmente, otro de los grandes temas del D.I. que se encuentra interpelado es aquel referido al mantenimiento de la paz y seguridad internacional.

Desde el inicio de la pandemia, se ha puesto en marcha un proceso de “securitización” de la salud. Es decir, una problemática sanitaria como la pandemia, ha sido presentada discursivamente como una “amenaza a la paz y seguridad internacional”.

La prueba más cabal de ello se puede encontrar en el lenguaje bélico que han adoptado la mayoría de los líderes políticos para referirse a la situación actual.

Sin embargo, esto pone en peligro el principio fundamental de la “prohibición de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales”, por dos razones:

La primera es que se abren las puertas para que los 5 Estados poderosos del Consejo de Seguridad de la ONU (Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia y China), haciendo un uso legítimo de la fuerza, puedan intervenir en cualquier parte del mundo con la excusa de combatir al virus.

La segunda es que se corre el riesgo de que otras problemáticas globales también puedan considerarse como una amenaza a la paz y seguridad internacional, y en definitiva, que todo pueda llegar a serlo, haciendo que el D.I. y uno de sus principios revolucionarios, queden obsoletos.

Lo cierto es que la pandemia está muy lejos de ser lo que los Convenios de Ginebra de 1949 definen como un conflicto armado.

En suma, dado que el Covid-19 nos está haciendo transitar hacia una “nueva normalidad”, que plantea desafíos de naturaleza global, el Derecho Internacional no puede seguir atado a viejas estructuras de pensamiento y funcionamiento. Si queremos que esté a la altura de los nuevos desafíos, deberá ser rediseñado, pero está claro que sobre la base de una profunda transformación en la sociedad que regula y lo determina.

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