OMS: la última víctima de Donald Trump

OMS: la última víctima de Donald Trump

Finalmente, lo que era probable que suceda, sucedió: en plena pandemia, Estados Unidos anunció su retiro de la Organización Mundial de la Salud (OMS). ¿Qué significa esto? La pérdida de su principal contribuyente, cuyo aporte se estima en unos US$450 millones al año, lo que equivale al 15% del presupuesto de la institución.

El presidente Trump justificó la decisión en la negación del organismo de ejecutar unas reformas que su gobierno le habría exigido, habida cuenta de lo que, según su perspectiva, había sido una pésima e irresponsable gestión de la crisis del Coronavirus.

Sin embargo, si hilamos fino en su decisión, nos encontramos con razones más profundas.

Para comenzar, debemos advertir que dicha decisión – al igual que otras similares adoptadas desde la asunción del republicano – no debe considerarse como una medida aislada o coyuntural, sino que debe enmarcarse en una política exterior caracterizada por el repliegue del país de los principales espacios multilaterales y/o consensos mundiales, y la apuesta por fórmulas unilaterales o bilaterales en su lugar.

En este sentido, la visión que yace detrás de esta orientación es aquella que considera al multilateralismo como un obstáculo para la consecución de los intereses nacionales, a partir del favorecimiento de intereses globales.

También encontramos razones de política interna: a pocos meses de las elecciones presidenciales, responsabilizar y/o culpar a la OMS o a China por la propagación del virus, le permite desviar la atención de su manejo errático de la crisis, por el cual su país ha pasado a tener el mayor número de contagios y fallecidos por Coronavirus.

La preocupación por el ascenso y la creciente influencia internacional de China, también parece estar detrás de la polémica decisión. El estrechamiento casi natural de los vínculos entre el gigante asiático y la OMS producto de la pandemia, le permitió a Estados Unidos construir una imagen del organismo como si fuera un “apéndice” de la potencia económica, dándole la excusa perfecta para salirse del mismo y hacer quedar a China como la principal responsable de su alejamiento.

Ahora bien, la OMS… ¿actúo cómo debía o no?

Y en este sentido, en principio hay que decir que las capacidades operativas de la OMS ya venían siendo considerablemente reducidas desde antes de la pandemia, debido al desfinanciamiento de sus Estados miembros, que la han privado de los recursos financieros necesarios para cumplir con sus obligaciones. Como consecuencia, ha dependido considerablemente de las contribuciones voluntarias de donantes privados, cuyos aportes son para determinados programas de la OMS, quedando su agenda determinada por dichos contribuyentes y no por voluntad propia.

Dicho esto, lo cierto es que la OMS ha actuado acorde a lo que sus Estados miembros le estipularon a través del Reglamento Sanitario Internacional de 2005 (tratado internacional en materia de protección de la salud): ante una emergencia internacional, éste le permite actuar basándose en datos proporcionados por organizaciones de la sociedad civil, sin tener que esperar que los Estados provean de información.

En esta oportunidad, el problema surgió debido a que el virus se originó en un país donde la libertad de prensa está restringida y toda la información procede del mismo Estado. En consecuencia, hasta que el gobierno chino no notificó lo que estaba sucediendo, el organismo no pudo actuar.

Se la podría cuestionar por el tiempo que transcurrió desde que fue notificada del primer brote hasta la declaración de la emergencia internacional. Pero a decir verdad, durante ese tiempo, no existía un consenso mundial de que el virus se transmitiera de persona a persona, lo que hacía impertinente esa declaración. Cuando ello se supo, el organismo fue contundente en señalar que estábamos frente a una emergencia sanitaria y declaró inmediatamente la pandemia.

Por último, la naturaleza política del cargo de director general de la OMS tampoco hace que la declaración de una pandemia sea algo sencillo de realizar. En efecto, Tedros Adhanom Ghebreyesus no pudo tomar una decisión de tal envergadura hasta que no contó con el aval de quienes políticamente lo sostienen en su lugar.

En suma, la OMS actuó conforme a lo que estaba habilitada para hacer ante una crisis como la acontecida. Si en algunas áreas o cuestiones no fue lo suficientemente efectiva o actuó como se deseaba, en todo caso, eso es producto de la insuficiencia en las capacidades, poderes y recursos que los Estados le han dotado para actuar.

Por lo tanto, si se desea un mejor funcionamiento de la institución, deberá ser mucho mayor el compromiso de sus Estados miembros. Deslegitimarla, en plena pandemia y con fines políticos (como lo ha hecho Estados Unidos), no parece ser el camino más acertado.

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