Malvinas: algunos comentarios y reflexiones acerca de los argumentos esgrimidos por un ciudadano británico

Malvinas: algunos comentarios y reflexiones acerca de los argumentos esgrimidos por un ciudadano británico

Exactamente dos semanas atrás se publicaba mi columna de opinión titulada “un poco más cerca de Malvinas”, en la cual reflexionaba acerca de la importancia para nuestra causa de los tres proyectos de ley enviados al Congreso por el presidente Alberto Fernández.

Para esta ocasión, consideré pertinente dedicar esta nueva columna de opinión a realizar algunos comentarios y/o reflexiones a partir de una situación peculiar que se generó con dicha publicación: la refutación del artículo por parte de un investigador de nacionalidad británica, quien apoyándose en un documento de su autoría, deslegitima y desmerece la aprobación que Naciones Unidas hiciese del nuevo límite exterior de la plataforma continental argentina en marzo de 2016.

Veamos cuáles son los dos argumentos centrales de su contestación y por qué carecen de solidez y validez.

En primer lugar, el autor nos recuerda – casi en la totalidad de su argumentación – que tanto el reglamento de la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR) como el de la Comisión de Límites de la Plataforma Continental (CLPC) prohíben que esta última se expida o pronuncie sobre áreas en donde existe una controversia territorial o marítima. En consecuencia, según su perspectiva, aquella aprobación no debería ser considerada importante por Argentina porque, por dichos reglamentos, la parte de su presentación que hace referencia a las zonas en disputa no fue evaluada por la subcomisión conformada para tal fin.

El mismo argumento esgrimió en lo que respecta a la plataforma continental correspondiente al Sector Antártico Argentino, recordando que el Tratado Antártico prohíbe realizar nuevas reclamaciones de soberanía.

Sin embargo, permítanme hacer algunos comentarios con respecto a este argumento:

Para empezar, al hacer hincapié en lo que ambos reglamentos (y el tratado) prohíben, pareciera estar subestimando la formación y conocimiento, tanto de nuestro cuerpo diplomático como de la Comisión Nacional del Límite Exterior de la Plataforma Continental (COPLA), en lo que se refiere a las normas que regulan la delimitación de la plataforma continental. Se da por hecho que nuestros representantes ya sabían de esa situación.

Segundo: que la CLPC no haya podido abocarse al análisis de esa parte de la presentación, no significa que la aprobación carezca de importancia. Por el contrario, mediante ésta, Argentina amplió su plataforma continental (lo que le otorgó derechos soberanos, exclusivos y excluyentes sobre los recursos de nuevas áreas) y obtuvo el reconocimiento de la comunidad internacional de los nuevos límites en las áreas no sujetas a disputa.

Además, hay que aclarar que el análisis de las zonas en disputa no es que haya sido rechazado sino que sólo quedó postergado hasta que ésta se resuelva.

Esto nos deriva hacia una tercera consideración: al tomar la Comisión la decisión de no pronunciarse sobre esas áreas controversiales, otorga un reconocimiento más de que existe una disputa de soberanía entre Argentina y Reino Unido que éste último se empeña en desconocer, como lo ha demostrado a través de su reiterada negación a sentarse a dialogar según lo dispone la Resolución 2065 de Naciones Unidas.

Por último – y no es un dato menor -, el mismo autor reconoce que existe una disputa al señalarlo de esa manera: “por este motivo, la Comisión pidió a la Subcomisión de la presentación Argentina no debatir la plataforma alrededor de las islas en disputa”.

En segundo lugar, apoyándose en principios de la Declaración de Estocolmo de 1972 y la Declaración de Río de 1992 de ONU (referidos al derecho soberano de los Estados de explotar sus propios recursos), plantea sutilmente que el Reino Unido posee el derecho exclusivo de continuar con la explotación de la riqueza natural de la zona, por ser quien ejerce soberanía sobre la misma.

Así, pareciera ser que el autor considera que por el sólo hecho de que la CLPC no haya podido analizar la parte de la presentación argentina que se refiere a las áreas en disputa, esta situación le concede al Reino Unido el derecho de continuar explotando los recursos naturales como lo venía haciendo, amparándose en el férreo control que tiene sobre dichos espacios.

Parece olvidar que Naciones Unidas ha expresado en numerosas ocasiones (a través de sus resoluciones) que existe una disputa de soberanía en dichos territorios y que ha instado al Reino Unido a cesar ese tipo de prácticas que atentan contra las resoluciones adoptadas.

En suma, esta experiencia ha sido muy positiva porque pone al descubierto las estrategias diplomáticas con las que el Reino Unido intenta justificar su ilegal comportamiento internacional, y al contrario de lo que espera, consolida y refuerza aún más nuestra posición sobre Malvinas en el ámbito internacional

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