La compleja trama de intereses detrás del conflicto libio

La compleja trama de intereses detrás del conflicto libio

La creciente escalada de violencia y el involucramiento cada vez más intenso de actores regionales y extra-regionales, están tornando al conflicto libio en una verdadera amenaza a la seguridad internacional. Tal es así, que algunos de sus mismos protagonistas ya están hablando de la “sirianización” de Libia.

Por consiguiente, hoy el territorio libio está dividido en tres zonas de influencia claramente diferenciadas:

Al oeste, domina y controla el Gobierno de Acuerdo Nacional (GAN), presidido por Fayez al Sarraj y apoyado por países como Turquía, Qatar e Italia.

Al este, el poder está en manos del Ejército de Unidad Nacional, comandado por el mariscal Jalifa Hafter y respaldado por Rusia (a través de mercenarios), Francia, Egipto, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos (EAU).

Al sur, quien tiene el control es el crimen organizado, que se manifiesta a través de la venta ilegal de armas, el narcotráfico y el tráfico de personas.

Así, presentado el mapa libio, veamos ahora cuáles son los factores que han jugado un papel determinante en la internacionalización del conflicto:

Factores políticos

Influencia política: muchos de los actores que han decidido intervenir en el conflicto lo han hecho motivados por el objetivo de expandir y consolidar su influencia y presencia en el norte de África, como paso fundamental para convertirse o reafirmar su posición como potencia global o regional. Es el caso de Turquía (con la visión neo-otomana que guía su política exterior), Rusia, Francia, y en menor medida, Arabia Saudita.

Tipo de régimen político: la democracia no es una idea socialmente construida y compartida en la región. La “excepcionalidad árabe” – definida por la presencia histórica de regímenes autoritarios – es la que comúnmente ha prevalecido y la que es percibida en Occidente como sinónimo de “estabilidad”. Siendo el GAN una fuerza que adhiere a la rama del islam político moderado (que basa su proyecto en una fusión entre islam y democracia), algunas de las intervenciones extranjeras han sido motivadas por identificación ideológica o la conveniencia (o no) de contar con un futuro gobierno libio de esa naturaleza. Este ha sido el caso de países como Turquía, Qatar, Francia, Egipto, Arabia Saudita y EAU.

Factores geopolíticos

Acceso al Mar Mediterráneo: este ha sido uno de los principales factores que ha estado en la consideración de algunas potencias que han decidido involucrarse de lleno en el conflicto.

Una de ellas es Rusia, quien desea establecer una base militar en Libia, que le permita – junto a la ya existente en Siria – consolidar su presencia en el Mediterráneo.

Turquía es otra, cuya protección de sus intereses sobre el Mar Mediterráneo (ante la amenaza de la iniciativa regional “EastMed”), la ha llevado a firmar un acuerdo de delimitación de fronteras marítimas con el GAN. De ahí, su principal interés en la continuidad de su gobierno.

Proximidad a Europa: dada su proximidad al viejo continente, Libia se ha convertido en un punto geoestratégico fundamental en unas de las principales rutas migratorias entre ambos continentes.

Esta consideración es la que explica el respaldo del gobierno italiano al GAN, con quien comparte un interés común (también compartido por la Unión Europea) en trabajar en conjunto para evitar y contener el avance de los flujos migratorios en dirección a Europa, particularmente a Italia.

Factores económicos

Riquezas petroleras: al igual que sucediese en otros conflictos o guerras que se han desarrollado en la región en los últimos años, el conflicto libio no escapa a la lógica del control de un recurso tan escaso y estratégico como el petróleo. Casi todos los países que intervienen se ven seducidos por el país que posee las mayores reservas de petróleo en África. Y en el caso de los países europeos, además, por la distancia más corta para acceder a los hidrocarburos africanos.

Comercio de armas: algunas potencias involucradas en la guerra libia encuentran en ésta una oportunidad para satisfacer los intereses de su industria armamentística. Así se explica el involucramiento de Rusia, pero también el de países como Francia, cuyo respaldo implícito al mariscal Hafter no sólo se debe  a la venta de armas, sino que también responde al deseo de no contradecir en el terreno la posición de sus principales compradores en la región (Arabia Saudita, Egipto y EAU).

Para finalizar, dado este complejo e incierto panorama, no podemos dejar de advertir el error estratégico que las fuerzas occidentales cometieron allá por 2011, cuando apoyándose en la creencia de que todos los males del país se acabarían con un cambio de régimen, procedieron al derrocamiento de Muamar el Gadafi, abriendo las puertas para la división del país y el vacío de poder que existe hoy.

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