Primatesta y el juicio de la historia

Primatesta y el juicio de la historia

Murió el Cardenal Primatesta. Fue el líder de la Iglesia Católica cordobesa durante 33 años (1965-1998) y como tal, atravesó por el tiempo histórico que le tocó vivir.

No se puede decir que fueron épocas tranquilas en nuestro país que alternó gobiernos militares con civiles, movimientos políticos y gremiales de todo tipo, casi siempre signados por la violencia en cuanto a los métodos de expresión.

Fue un hombre controversial, con un estilo particular de hacer sentir el poder institucional de la Iglesia en la sociedad civil.

Aquellos que ponen el énfasis en la ausencia de un repudio explícito al Proceso Militar iniciado en 1976 lo cuestionan fuertemente. Algunos, como el caso de la legisladora provincial Liliana Olivero directamente lo catalogan como un personaje nefasto.

Sin embargo y también referidos a esa época del pasado reciente, otros dicen que encontraron en el arzobispado una puerta abierta para reclamar por sus familiares desaparecidos y muchos de ellos fueron liberados o “blanqueados” tras haber sido “chupados” por las fuerzas de tareas militares con lo cual estaban muy cerca de pasar al status de “desaparecidos” que en esos momentos era un sinónimo de “muerto”.

Sí tiene un reconocimiento amplio su participación en el conflicto desatado en 1978 con Chile y que nos puso al borde de una guerra que fue evitada a finales de ese año por la intermediación del Cardenal Samoré, enviado del Papa Juan Pablo II a instancias de Primatesta, a la sazón presidente de la Conferencia Episcopal Argentina.

Particularmente no soy afecto a los juicios lapidarios. Creo que la vida tiene más tonos de grises que blancos y negros.

Es cierto que la Iglesia Católica no tuvo una actuación afortunada en la década del 70 y por ellos por pidió público perdón a la sociedad, no sucedió lo mismo con la corporación judicial, ni con el resto de la iglesias, ni con la corporación periodística y sin embargo la sociedad suele ser más benévola en sus juicios para con ellos.

Creo que para juzgar en base a principios de estricta justicia el pasado de las personas en instituciones hay que hacer empatía histórica, hay que ponerse en el lugar y en el contexto en el cual les tocó actuar y si lo hacemos, incluso si nos miramos introspectivamente sobre nuestras propias y personales actuaciones, seguramente no seremos tan severos a la hora de emitir una opinión sobre otros.

Me provocan muchas dudas aquellos que a los gritos hoy se transforman en especies de Torquemadas dando y quitando méritos en función de lo que hicimos o dejamos de hacer durante la dictadura militar.

Ya lo dice el viejo y sabio dicho popular: “dime de lo que te jactas y te diré de lo que careces”.

Tal vez, sólo tal vez, muchos de estos modernos inquisidores no resistirían ni la más mínima mirada sobre su actuación en aquellas épocas. Pero esto es solo una especulación.

Lo que sí quiero señalar es que Primatesta, por haber protagonizado varias décadas de nuestra historia reciente, con sus pros y contras, merece respeto y reconocimiento en la hora de su muerte.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.