Caso Casermeiro y el riesgo de hacer culpable a la víctima

Caso Casermeiro y el riesgo de hacer culpable a la víctima

– ¿Viste? A Carlos le robaron la bicicleta
– Sí, pero la dejó afuera sin candado!

– ¡Qué bajón, a la familia Pérez le entraron a robar en la casa!
– Y bueno, pero publicaban en las redes que estaban de viaje!

– A la Vero le tocaron el culo en el boliche
– ¿Y que querés que le hagan si va casi desnuda?

 

El crimen del Dr. Daniel Casermeiro sacude las entrañas de San Francisco y saca a relucir lo bueno, pero también lo peor de nuestra sociedad.

En general los argentinos somos críticos del funcionamiento de nuestras instituciones y muchas veces tenemos razón. Cometemos sí, el error de la generalización y en ese mar injusto se pierden los hechos en los que el funcionamiento es correcto.

La investigación del caso, a cargo de la Fiscalía de Asuntos Complejos, sin descartar ninguna de las hipótesis, puso énfasis desde el principio en la búsqueda de un cuerpo sin vida producto de un hecho delictivo.

Dejó en un segundo plano la posibilidad de un suicidio o de una desaparición voluntaria.

Y tuvo razón.

Durante el tiempo que duró la búsqueda -que puede ser cuestionado como demasiado extenso considerando el lugar donde encontraron el auto y luego el cadáver –  generó el caudal de indicios necesarios para que, en el momento en que los forenses le confirmaron la muerte por un disparo en la nuca, ordenara, en la misma noche del domingo, la detención de Gerardo Gette.

Tiene en su poder entrecruzamientos de testimonios, comunicaciones, escuchas, contradicciones en la declaración del propio Gette que son suficientes para sospechar firmemente que es él o uno de los homicidas. Esa convicción la fue construyendo Alberione a lo largo de la semana que duró la búsqueda y por ello le imputa el delito de homicidio calificado.

Tiene también una fuerte sospecha sobre el móvil del crimen: una disputa económica, una disputa por dinero.

Al caso le faltan aún muchas piezas, muchos detalles como por ejemplo, si Gette actuó solo o con alguna complicidad, los detalles de la discusión y la mecánica de los acontecimientos.

La detención de Gette lo lleva a descartar el crimen por encargo pero Alberione quiere saber si fue premeditado o si se desencadenó por una discusión en el momento.

El Fiscal de Asuntos Complejos tiene mucha experiencia en este tipo de casos y con paciencia pero sin pausa irá armando el rompecabezas que lo llevará –casi seguramente- a  acusar  a Gette. Que lo llevará a detener o no a otra persona.

Aún con los detalles que se le puedan criticar al Fiscal, en general, su trabajo muestra resultados que están a la vista.

La desaparición y muerte de Casermeiro es un hecho lo suficientemente potente como para involucrar en su debate a la enorme mayoría de la sociedad sanfrancisqueña y a partir de allí, un tsunami de conjeturas, de rumores, de historias y también de fantasías.

Hay una fuerte corriente de opinión que presenta a Casermeiro –que fue médico y Director del Sanatorio Argentino – en su faceta de empresario y allí lo describen como voraz, ambicioso al extremo, codicioso, avaro y todo eso hace que el crimen se presente casi, casi, como un hecho inevitable, como un hecho de justicia.

Dejan en un segundo plano que en este caso, Daniel Casermeiro es la VICTIMA.

No es nuevo esto, ni siquiera es una característica distintiva de nosotros, los sanfrancisqueños.

Es un comportamiento extendido en buena parte de la cultura humana.

Culpar a la víctima es una actitud que puede aparecer en relación a un crimen o a cualquier tipo de maltrato abusivo, que conlleva considerar que las víctimas de ese suceso son parcial o completamente responsables del mismo.

Algunos autores califican esa actitud como característica típicamente fascista y otros señalan que con frecuencia el culpar a las víctimas ha surgido en contextos racistas y sexistas, como por ejemplo cuando se argumenta que “una mujer violada que llevaba una falda corta se lo estaba buscando” .

La investigación debe determinar el móvil del homicidio y si el mismo es una disputa económica, debe investigarla y si en ese proceso encuentra más delitos, debe perseguirlos.

Lo que debería estar más claro entre nosotros, los ciudadanos, es que ese contexto debe EXPLICAR las razones que llevaron al crimen, pero nunca deben JUSTIFICARLO.

La ambición desmedida -si la hubiera- , aunque reprochable moralmente, no puede justificar un crimen.

Tampoco la avaricia, la codicia, ni la usura, reprochables moralmente,  pueden justificar un crimen.

Los delitos de todo tipo, entre ellos los económicos, si Casermeiro los hubiera cometido, deben ser perseguidos por la ley y nunca pueden justificar un crimen.

Daniel Casermeiro, en este caso, es la VICTIMA, correrlo de ese lugar nos parece injusto.

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