El BID como escenario de la disputa política en América Latina

El BID como escenario de la disputa política en América Latina

Históricamente, la elección de un nuevo presidente para el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) no ha supuesto mayores problemas para las diplomacias latinoamericanas. Pero desde que Donald Trump tomó la decisión de postular – por primera vez en la historia del organismo – a un estadounidense, el BID pasó a estar en el foco de la discusión y los gobiernos latinoamericanos se han visto forzados a tomar posición respecto a esta situación.

Pero antes de comprender que significa esto, hagamos un poco de memoria. El BID, fundado en 1959 y cuya sede se encuentra en la ciudad de Washington, es la principal fuente de financiación para proyectos de desarrollo en el continente, particularmente en todo lo que tiene que ver con préstamos para infraestructura. A pesar de ser Estados Unidos su mayor aportante, existe una tradición y/o acuerdo tácito por el cual la institución es dirigida por un presidente latinoamericano y un vicepresidente propuesto por aquel.

Por lo tanto, lo que viene a hacer el presidente norteamericano – al postular a Mauricio Claver-Carone como su candidato para el BID – es romper con una tradición o norma no escrita que desde su origen ha determinado la orientación e identidad que el organismo debía tomar, y que a su vez, ha sido respetada por todas las administraciones norteamericanas.

Ahora bien, si nos preguntamos acerca de las posibilidades reales que el candidato norteamericano obtenga la tan ansiada victoria, lo cierto es que actualmente cuenta con el apoyo suficiente para hacerlo: al menos el de la mitad de los gobiernos latinoamericanos (entre ellos, el respaldo fundamental de Brasil y Colombia) y el de los principales aportantes de capital al organismo (el más importante, el de su país, que significa el 30% de los votos).

Pero su potencial victoria también es vista con preocupación, tanto dentro como fuera de la región. Es por eso que algunos gobiernos latinoamericanos (Argentina, Chile y México) – junto a la Unión Europea – están ensayando una salida realista a un final anunciado: forzar el aplazamiento de la votación de septiembre hasta marzo de 2021, cuando tal vez Donald Trump ya no esté en la Casa Blanca y su rival quizás prefiera revertir la polémica decisión. Para lograr eso, la maniobra consiste en evitar que se reúna el quórum del 75% necesario para dar validez a la votación, algo que se supone difícil pero no imposible.

Así presentado el actual panorama, veamos ahora qué significa la participación directa de Estados Unidos en el proceso electoral del BID y por qué es tan importante que la región siga de cerca la situación.

En primer lugar, remarcar que esta decisión es una evidencia clara de la importancia geopolítica que América Latina tiene para Estados Unidos, que se plasma no sólo en términos de control y dominio hegemónico a través del uso político de la institución, sino también como fuente de financiamiento que haga frente a la creciente influencia financiera de China en la región.

En segundo lugar, el perfil del candidato propuesto – con una mirada muy ideológica y conservadora, partidario de una política dura hacia Cuba y Venezuela – es otra evidencia del tipo de acercamiento que Estados Unidos pretende tener con la región. Y esto es sumamente peligroso, ya que la agenda y los paquetes de ayuda o préstamos – tan necesarios para la reconstrucción pos-pandemia – podrían estar condicionados por esta perspectiva ideológica, afectando gravemente a países como Cuba o Venezuela.

En tercer lugar, la intromisión norteamericana lo que termina haciendo es profundizar la fragmentación y división política ya existente en Latinoamérica, entre aquellos gobiernos que son aliados a Estados Unidos y aquellos que prefieren mantener una cierta distancia o se resisten a su total hegemonía (dejando de lado algunas excepciones, como lo demuestra el caso de Chile).

A su vez, se profundizan los lazos de dependencia de aquellos países que, evitando presentar a su propio candidato o apoyar a un latinoamericano, confían en que recibirán un buen trato o serán debidamente recompensados por Estados Unidos.

Finalmente, dicha maniobra política por parte del republicano no puede dejarse de considerar como un ataque más al sistema multilateral, al ir en contra de sus reglas y al tratar de dinamitarlo por dentro.

Para cerrar, es importante aclarar que más allá del objetivo implícito de aplazar las elecciones por las razones que hemos comentado, también se ha planteado la necesidad de contar con un tiempo para reflexionar y discutir profundamente sobre el rol, el liderazgo y la dirección que el BID debería tomar, ante una situación sanitaria realmente preocupante en el continente y lo que será la recuperación y reconstrucción pos-pandemia.

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