América Latina ante una atípica asamblea general de naciones unidas

América Latina ante una atípica asamblea general de naciones unidas

Como sucede a finales de septiembre de cada año, la semana pasada se celebró una nueva Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas. En esta oportunidad, la 75° en la historia del organismo.

Pero a diferencia de otros años, esta vez fue especial. Por la situación mundial de público conocimiento – la pandemia de coronavirus – los líderes mundiales se vieron forzados a realizar los tradicionales debates en forma virtual, con mensajes pregrabados con días de anticipación.

Y en este contexto, es interesante analizar cuál fue la posición y/o las prioridades expresadas por América Latina (como región) en la máxima cita del organismo mundial, sobre todo cuando hoy es la más afectada por la pandemia, con más de 8,3 millones de casos y más de 328.000 fallecidos.

De este modo, como no podía ser de otra forma, esta amenaza fue el principal tema de debate en la agenda latinoamericana. Y al respecto, vale destacarse algunas de las preocupaciones y/o intenciones manifestadas:

En primer lugar, la mayoría de los mandatarios coincidieron en que para hacer frente a los efectos de esta crisis, era necesario cooperar y aunar esfuerzos, ya que al tratarse de un desafío global, la respuesta debía ser colectiva. De esta manera, se repudiaba a quienes apostaban por adoptar orientaciones unilateralistas y egoístas.

En segundo lugar, se planteó la necesidad de reducir las desigualdades que existen entre los países al momento de adquirir los bienes públicos globales esenciales para combatir la enfermedad. Aquí no sólo se hace referencia a la futura vacuna (para que su acceso sea rápido y justo, estando al alcance de todos) sino también al acceso del equipamiento sanitario o médico necesario para contener la propagación del virus.

En tercer lugar, muchos hicieron hincapié en como la pandemia había sacado a la luz la situación precaria que existe en muchos de los sistemas de salud de  la región y cómo también aquella había profundizado las desigualdades sociales que prevalecen en Latinoamérica.

Por último – y no es un dato menor – se llamó a una mayor solidaridad y fraternidad entre los países y pueblos afectados.

Pero si bien la pandemia acaparó la atención de los líderes mundiales en esta nueva Asamblea General, éste no fue el único tema abordado:

Uno de ellos, como cada año, fue el de la crisis venezolana. Otra vez, volvieron a quedar en evidencia las diferencias y divisiones que existen en cuanto a lo que se considera que son las causas de la crisis, el abordaje de sus consecuencias (como el drama de los inmigrantes), el modo en que debe resolverse la misma y la valoración que se tiene sobre el gobierno de Nicolás Maduro.

Algunos mandatarios también aprovecharon la instancia para defender sus polémicas gestiones frente a la proliferación de críticas por algunas situaciones puntuales. Es el caso de Bolsonaro, ante el aumento de los incendios en la Amazonía brasileña y los humedales del Pantanal; o el de Iván Duque en Colombia, ante las recientes masacres de líderes sociales y el incremento de la violencia; o así mismo, el de Sebastián Piñera en Chile, ante lo que fue el manejo de la ola de protestas del año pasado.

Por otro lado, países como Nicaragua, Venezuela y Cuba coincidieron en denunciar la constante política de agresión y sanciones de Estados Unidos, sobre todo en un contexto adverso como el actual, que perjudica aún más a sus naciones.

En este contexto, también, estos presidentes (y otros) llamaron nuevamente a una reforma de Naciones Unidas – a una “democratización” del organismo -, no sólo para que actúe con mayor independencia de los intereses de las grandes potencias (con criterios más objetivos y técnicos), sino también para que responda mejor a las necesidades y aspiraciones de los pueblos y países en vías de desarrollo, y a su vez, pueda estar a la altura de los nuevos desafíos que se presentan.

Finalmente, países como el nuestro apuntaron a la injusticia social que todavía existe en nuestra región, y en consecuencia, plantearon la necesidad de facilitar los mecanismos de reestructuración de la deuda, para estar en condiciones de responder no sólo a los desafíos que se presentan en la economía actual, sino también en la economía de post-pandemia.

En suma, era esperable que el desafío que representa el coronavirus para los líderes latinoamericanos, ocupase la centralidad de sus discursos. Eso evidencia un alto grado de coincidencia en lo que debe ser la principal prioridad. Sin embargo, una vez más, su comparecencia dejó en evidencia lo fragmentada y dividida que está la región en lo que respecta a cuales deben ser las otras prioridades en la agenda latinoamericana.

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