Armenia vs Azerbaiyán: un conflicto que trasciende fronteras

Armenia vs Azerbaiyán: un conflicto que trasciende fronteras

Desde hace aproximadamente diez días, el mundo se mantiene en vilo ante una nueva escalada militar en lo que se conoce como Transcaucasia o Cáucaso Sur, en Asia Central. Se trata de un nuevo capítulo del histórico conflicto entre las ex repúblicas soviéticas de Armenia y Azerbaiyán por el control de la región de Alto Karabaj o Nagorno Karabaj.

Para comenzar, tengamos en cuenta que estamos frente a dos países que tienen culturas totalmente diferentes y están luchando por un territorio que, por numerosas y diversas razones, consideran propio.

Así, los armenios son un pueblo de raza o etnia indogermánica que profesan una vertiente particular de la religión cristiana ortodoxa; y los azeríes son un pueblo turcomano o túrquico, que profesan la religión musulmana chiita.

En cuanto a la región de Nagorno Karabaj, se trata de un enclave dentro de las fronteras de Azerbaiyán, que se autogobierna y está poblado mayoritariamente por armenios (casi más del 80%).

Durante años, al estar ambos países bajo la égida soviética, sus diferencias políticas, étnicas y religiosas fueron contenidas y atenuadas. Pero una vez que la Unión Soviética comenzó su proceso de descomposición a fines de la década del 80, estas diferencias volvieron a aflorar y la guerra estalló, durante la cual esta región se auto-proclamó como república independiente, no reconocida ni por Azerbaiyán ni por la comunidad internacional.

Así llegamos a 1994, cuando con mediación de Rusia, se acordó un alto el fuego, con duras concesiones para Azerbaiyán. Desde entonces, esta tregua ha sido muy frágil, y los enfrentamientos – aunque leves – han continuado, hasta el día de hoy, cuando la escalada militar entre ambos países aparenta ser la más grave desde fines del siglo pasado.

Ahora bien… ¿Qué es lo que está en juego en este conflicto y cuáles son sus principales implicancias regionales y globales?

En primer lugar, es importante señalar el papel que ha decidido jugar Turquía, interviniendo militarmente en apoyo de Azerbaiyán, lo que podría llevarla a un enfrentamiento directo con Rusia.

Y esto se debe principalmente a tres razones. Primero, por su identificación cultural con el pueblo azerí. Segundo, por razones geopolíticas que tienen que ver con la necesidad de acrecentar su influencia regional/internacional a través de la proyección hacia el sur del Cáucaso, con el fin de consolidar su posición como potencia regional. Por último, por intereses económicos, vinculados al acceso a los hidrocarburos de su aliado azerí en el Mar Caspio y los oleoductos y gasoductos que conectan éste con el viejo continente.

En segundo lugar, es importante seguir de cerca lo que haga Moscú. Hasta el momento, sólo ha exigido un alto el fuego y ha llamado al diálogo entre ambas partes. Pero tenemos que tener en cuenta que el conflicto se desarrolla en lo que es considerada su zona de influencia, y esto no le es indiferente. Si decidiese intervenir militarmente, lo lógico es que lo hiciese a favor de Armenia, con quien mantiene una afinidad cultural ligada al cristianismo. Además, no hay que pasar por alto el hecho de que Moscú cuenta con bases militares en territorio armenio y que tampoco ve con buenos ojos la presencia de Turquía a las puertas de sus fronteras.

En tercer lugar, no podemos soslayar la situación de los armenios de la región de Nagorno Karabaj, que en esta escalada del conflicto se juegan su propia existencia e identidad, ya que en caso de ser vencidos, podrían ser sometidos a una limpieza étnica o a la expulsión de ese territorio, como ya lo han padecido en numerosas oportunidades en la historia de su pueblo.

En cuarto lugar, este conflicto también representa una amenaza a la seguridad y estabilidad política y económica del Cáucaso y de Europa. Observemos que esta región es el pasillo de conexión entre Asia y Europa, por donde pasan numerosos oleoductos y gasoductos que conectan Azerbaiyán y el Mar Caspio con Europa y Medio Oriente, lo que podría desestabilizar el mercado mundial del petróleo y del gas.

Por último, no hay que soslayar la incidencia y desestabilización que este conflicto puede generar en otros países, como es el caso de Irán, donde ha habido enfrentamientos y mensajes de odio racial entre las comunidades armenias y azeríes que conviven en el norte del país.

En suma, se trata quizás de un conflicto ajeno y lejano a nosotros, pero que por la gravedad de la última escalada y por sus implicancias regionales y globales, no deberíamos dejar de prestar atención y comprender. Así, en lo que respecta al desenlace del conflicto, será decisivo lo que en los próximos días decidan hacer Rusia y otros actores que tienen un rol relevante en la región.

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