“Las excusas solo sirven para el que las da”

“Las excusas solo sirven para el que las da”

El título es una frase que me quedó haciendo eco desde el día que me la dijo Ignacio, un amigo de la infancia, cuando le planteaba los motivos por los cuales había desestimado una invitación que el mismo me había hecho a un evento en particular. Desde ese entonces fue como agregar un filtro a la hora de escuchar a gente cuando me da explicaciones sobre “no haber hecho” determinadas cosas por tal o cual circunstancia. Es como que, mientras los escucho explicar sus motivos, la frase me retumba en la cabeza.

Por estar vinculado en procesos de transformación digital en las empresas, tengo la suerte de escuchar y poder estar en lugares donde los dueños de las empresas debaten y discuten, en el buen sentido, con sus socios, mandos medios y subordinados. “Choque de planetas”. El ímpetu, la confianza sobre su propuesta y la energía de la juventud enfrentada a la experiencia, el poder que les da ser la persona que arriesga económicamente todo, el miedo implícito que tienen por conocer la inestabilidad de ciertos factores externos que escapan a su “sensación de control” y ese toque de soberbia “casi inocente” y sin maldad que manifiestan algunos dueños hacia sus subordinados a la hora de desechar determinadas propuestas.

Muchas veces resulta irritante ver cómo, en el medio de una discusión entre un dueño de unos cincuenta y tanto y un mando medio joven y disruptivo, tratando temas de incorporación de tecnología, sensibilización y capacitación de los recursos o el análisis de ideas innovadores que requieran desembolsos económicos interesantes, ante una situación de acorralamiento o ignorancia digital, el dueño haciendo uso del poder y la experiencia dilapida una idea disruptiva haciendo usos de frases como “la coyuntura actual no es la ideal” o “vos tenés una visión parcial del proyecto global”, como si su mando medio no hubiese intentado analizar todas las variables en cuestión o, por lo menos, las variables a las que le dieron acceso.

Confieso que al principio me molestaba más, pero si hay algo que aprendí a lo largo de los años (20 años trabajando en PyMEs) es que la coyuntura nunca es la ideal. Jamás lo fue, o nunca escuché a un dueño decirlo de su boca. Siempre hay algo. Poca financiación, aprietes gremiales, control sobre moneda extranjera, inflación, mano de obra rebelde o poco comprometida, complicaciones para la importación y más, más y más. Así podría seguir nombrando una tras otra las “excusas” más comunes. Pero “sólo sirven para el que las da”, porque cuando miras al costado y tratas de tener una visión periférica más amplia, notas como hay empresas disruptivas que apuestan, invierten, “chocan”, saltan, aprenden, crecen y se van ganando lugar en el mercado. Basta citar a Mercadolibre o Globant, dos de las cinco empresas catalogadas como “unicornios” que empezaron desde muy abajo para que todas las excusas que los jóvenes reciban de sus jefes les entren por un oído y les salgan por el otro. “Facta, non verba”. “Hechos, no palabras”. Y los hechos están ahí y son bien concretos. Físicos. Son ejemplos a seguir de empresas con una visión realmente envidiable.

Por otro lado, también la postura de los dueños es respetada y entendible. Los jóvenes no están contaminados. Son “vírgenes”. Chicos que no sufrieron ninguna crisis económica o si lo hicieron la mayoría (por no decir todos) todavía dependían de sus padres económicamente al momento de transitarla. Van livianos y viajan ligeros. Nunca tuvieron que sufrir la experiencia de cerrar un emprendimiento dejando gente en la calle o mirar a los ojos a alguien para explicarle que no va a seguir en la empresa. La mayoría no arrastra a nadie dentro de ese vórtice de crecimiento súper acelerado dentro del cual están inmersos, ni esposas ni hijos, y por eso tienen ese ímpetu a la hora de arriesgarse y saltar al vacío. No tienen la mente fraccionada en sectores innegociables como los dueños de mayor edad, que mientras tienen que pensar en vender o concretar negocios para poder generar ingresos, pagar los sueldos y subsistir, su cabeza también convive con problemas clásicos como hacer cortar el césped de la entrada de la fábrica y arreglar las goteras del galpón, lidiar con los “cheques de vuelta”, pelear con proveedores, batallar con los gremios, hacer un esfuerzo inconmensurable para tratar de comprender ciertas decisiones del Estado, sentir la presión fiscal sobre sus hombros, ser condescendiente con pedidos de sus empleados y nivelar los problemas de cada uno de ellos, pagar la cuota del colegio y/o actividades de sus chicos, mantener el núcleo familiar unido y en el medio de todo este embrollo, tratar de llegar a tener ciertos niveles promedio de felicidad como para contemplar el sentido de la vida y disponer de algo de tiempo para sí mismo. Todo esto a un ritmo frenético, impuesto por el sistema en sí como condicionante de supervivencia, sin siquiera tener en cuenta su crecimiento personal y/o profesional, pensado casi exclusivamente en cuestiones financieras.

Disruptivos y cautos. Dos caras de una moneda. Son casi una antítesis ante este tipo de proyectos de Digitalización. Sus cabezas funcionan de forma diferentes. Los primeros están todo el tiempo pensando en cómo destacarse y mejorar y los otros más enfocados en como transitar los tiempos difíciles y sobrevivir. Dos enfoques totalmente diferentes. Si bien no es un juicio definitivo, la experiencia me dice que los más grandes prefieren invertir mayormente en maquinaria y bienes de uso, porque tiene su mirada pura y exclusivamente en lo productivo, y su experiencia le dice que es una inversión que también puede funcionar como cierto tipo de resguardo ante situaciones adversas; mientras que los jóvenes comprenden que el cambio inicialmente viene por otro lado. Es cultural. Un “clic”. Es romper con la estructura de pensamiento mediante la cual fuimos formados, abrir la cabeza en todo sentido y de una vez por todas entender que si hacemos las cosas como la hacen otros vamos a obtener resultados similares a los otros. ¿Por qué debería suceder lo contrario? Los disruptivos entendieron que la única forma de destacar sus productos o servicios respecto al resto de las empresas es estar en constante movimiento y no “quedarse quietos” esperando a ver qué pasa. Y eso no se los da una máquina, se los da una mente creativa. Prefieren invertir en generar ideas.

Si bien, lamentablemente en este tipo de proyectos siempre gana el que está en una situación de poder más favorable, creo que estamos viendo que las empresas de a poco empiezan a escuchar los jóvenes y sus ideas, tratan de ser un poco más heterogéneas en función de la edad de quienes toman decisiones y ya comienzan a generar planes para sumar gente con perfiles de “Intrapreneurs” o emprendedores internos, dándoles espacio y cierto grado de libertad para que su creatividad vaya ganando terreno y sea fructífera para la compañía.

Uno podría estimar que, con el empuje y creatividad de los jóvenes y la “pisada en el freno” de los adultos junto con su experiencia y recorrido, podría plantearse un mix realmente interesante. “Habría que hacer un puente” cita Ricardo Arjona en una de sus canciones, cuando intenta explicar y acercar las diferencias culturales entre Cuba y Estados Unidos. Una perfecta analogía para el caso.

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