Bolivia: la vuelta a la democracia y el retorno del mas al poder

Bolivia: la vuelta a la democracia y el retorno del mas al poder

Casi un año tuvo que transcurrir para que el pueblo boliviano volviese a las urnas y decidiese con su voto quien debería suceder a Evo Morales tras su salida forzosa a fines de 2019. Así, tras los comicios de este domingo, que por amplia mayoría darían como ganador al binomio Luis Arce – David Choquehuanca (Movimiento al Socialismo), Bolivia recuperaba la democracia.

Se cerraba un capítulo oscuro de su historia, que había comenzado el 10 de noviembre de 2019, con el golpe de Estado a Evo Morales y la posterior asunción, dos días después, del gobierno de facto de Jeanine Áñez.

Recordemos que tras asumir, el gobierno de la ex senadora se presentaba como un gobierno transitorio cuyo principal objetivo era convocar a elecciones y entregar el poder lo más pronto posible. Sin embargo, el tiempo se encargaría de demostrar lo contrario: en este año, Jeanine Áñez no sólo pospuso como tres veces la fecha de los comicios (alegando a la pandemia como excusa), sino que también – incumpliendo con una de sus promesas – se animó a lanzar su candidatura para participar de esas elecciones (lo que finalmente desistió en septiembre).

De este modo, fueran o no válidos los motivos para no llevar adelante los comicios, lo cierto es que una presidenta de facto logró gobernar el país por casi un año. Y esto, indudablemente, tuvo consecuencias.

Tratándose de un gobierno con una fuerte carga ideológica y con una legitimidad originaria bastante cuestionable, era de esperarse que durante los 344 días que van de su gobierno, haya procurado deshacer y desmantelar todo lo hecho por el líder indígena durante sus más de 13 años en el poder. Como si su misión fuese “purgar” al Estado de todos aquellos elementos que tuviesen que ver con el legado de Evo Morales.

Para cumplir tal fin, no sólo adoptó medidas que en numerosas ocasiones no contaron con el aval parlamentario – ruptura de relaciones con Cuba y Venezuela; cambio de gran parte del servicio diplomático o bien la eximición de responsabilidad penal a las FFAA –, sino que también se apoyó en un discurso que deslegitimara y desprestigiara al MAS, reduciéndolo a un gobierno corrupto, dictatorial y violento.

A su vez, su gobierno estuvo plagado de irregularidades y casos de corrupción, al mismo tiempo que militarizó la calle, cercenó la libertad de expresión, y persiguió, hostigó y detuvo a funcionarios y simpatizantes del gobierno anterior.

Ahora bien… ¿Cómo se explica que un gobierno con estas características finalmente haya decidido organizar las elecciones y luego aceptar los resultados?

Una de las razones es la confianza que se tenía la oposición para vencer a la fórmula del MAS. Evidentemente, apoyada en la creencia de que con el apoyo de los medios de comunicación hegemónicos, la erradicación del “masismo” y la ausencia de la figura de Evo Morales (refugiado en nuestro país), serían suficiente para alcanzar la victoria. Como si la fuerza y la influencia de un movimiento social – no sólo de un partido – pudiesen reducirse y deshacerse de la noche a la mañana.

No menos cierto es que la confianza que una parte de la comunidad internacional le depositó con el objetivo de convocar a nuevas elecciones, si no se cumplía con el mismo, en algún momento se acabaría. Por lo que posponer nuevamente la cita electoral, le supondría potencialmente perder el apoyo de quienes en un principio le confiaron esa misión.

Por lo tanto, la imposición de la fórmula del MAS no sólo representa la vuelta a la democracia, sino también el retorno al poder de la principal fuerza política del país.

Y en este sentido, ha quedado claro que el MAS supo hacer una lectura inteligente del momento político y económico que atraviesa Bolivia, eligiendo a un candidato – sí, quizás obligado por la anulación de la candidatura de Evo Morales – que proviene de la clase media urbana y que fue el principal artífice y responsable de la política económica que llevaría a Bolivia a un crecimiento económico sostenido y envidiable durante años.

De esta manera, con esta fórmula, además de atraer a sectores medios – sin descuidar la identidad indígena y campesina del MAS -, se ha procurado construir la imagen de un gobierno más pragmático que ideológico, condición necesaria para alcanzar la paz social y la convivencia democrática.

En suma, si bien estas elecciones han demostrado que Evo Morales ha dejado una huella importante en la política boliviana, la figura de Arce es relevante para la construcción de nuevos liderazgos (pensando a futuro) y para otorgarle una bocanada de aire fresco al movimiento que dirige el líder indígena.

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