¿Qué implicancias tiene la presencia de un submarino nuclear de Estados Unidos en el Atlántico Sur?

¿Qué implicancias tiene la presencia de un submarino nuclear de Estados Unidos en el Atlántico Sur?

El viernes pasado, Cancillería emitía un comunicado expresando su preocupación por la presencia y reciente actividad de un submarino de Estados Unidos con propulsión nuclear en el Atlántico Sur.

Sin embargo, el gobierno argentino sólo estuvo al tanto de esa situación después de que la cuenta oficial de Twitter del Commander Submarine Force Atlantic (COMSUBLANT) diera a conocer que un avión perteneciente a las fuerzas británicas asentadas en las Islas Malvinas, recientemente había colaborado con el submarino “USS Greeneville (SSN 772)” en el Atlántico Sur.

Este hecho, que muchos podrían considerar un evento aislado sin mayores consecuencias, por el contrario, representa un acto de extrema gravedad para la seguridad y estabilidad del país y de la región, además de tener implicancias geopolíticas de alcance global.

Para empezar, el solo hecho de que un submarino nuclear de una potencia mundial esté navegando a pocas millas de tus fronteras marítimas es suficiente motivo para entrar en estado de alerta y sentirse inseguro y amenazado. Habitualmente, un submarino es asociado a un arma de guerra.

Pero si consideramos el contexto en el que este episodio tomó lugar, la situación reviste mayor gravedad: el submarino en cuestión estaba realizando maniobras militares conjuntas con las fuerzas británicas que ocupan ilegalmente las Islas Malvinas.

¿Qué significa esto? Ante todo, la militarización del Atlántico Sur, pero también el aprovechamiento por parte de Estados Unidos de una situación colonial para satisfacer sus intereses geopolíticos globales, porque de no existir una base militar británica en las Islas, no sería tan sencillo para aquella potencia realizar ejercicios militares en esa región.

Además, supone el desconocimiento del histórico reclamo argentino de soberanía sobre las Islas, y una total indiferencia al proceso de descolonización instado por Naciones Unidas y las numerosas resoluciones emitidas al respecto por este organismo.

Entre ellas, amerita destacarse dos:

La Resolución 41/11, que considera a la región del Atlántico Sur como una “Zona de Paz y Cooperación” que debe ser respetada por los Estados militarmente más importantes del mundo.

La Resolución 31/49, por la cual se insta a las partes involucradas a abstenerse de adoptar decisiones unilaterales que impliquen modificaciones de la situación actual mientras las Islas están atravesando el proceso de negociación.

Ahora bien, más allá de la gravedad del asunto, las preguntas que surgen naturalmente son: ¿por qué razón hay un submarino nuclear de Estados Unidos operando en el Atlántico Sur? ¿Qué es lo que está en juego en esta parte del mundo?

Lo cierto es que, en los últimos años, el Atlántico Sur se ha convertido en una región con un alto valor geoestratégico para cualquier potencia que sea parte de la disputa por el poder global.

En primer lugar, desde esa posición, Estados Unidos monitorea y obtiene proyección de poder sobre 3 continentes: América, África y Antártida.

En segundo lugar, siendo una de las zonas de mayor tránsito del comercio mundial, su presencia allí le garantiza el dominio y/o control de los principales océanos y rutas comerciales.

En tercer lugar, esta región es muy rica en recursos naturales: grandes riquezas minerales, reservas probadas de crudo, recursos ictícolas, nódulos polimetálicos, entre otros.

En cuarto lugar, el Atlántico Sur es una puerta de entrada y acceso directo a la Antártida. Considerado el “continente del futuro” – por su riqueza en recursos naturales y su alto valor geopolítico –, y a pocos años de que el tratado que congela las disputas sobre soberanía territorial vuelva a tener que ser sometido a discusión, tener presencia, influencia y acceso directo a su territorio se vuelve fundamental para todo actor con intereses en la Antártida.

Finalmente, allí Estados Unidos encuentra una posición privilegiada para contrarrestar la creciente influencia de China y monitorear su actividad en América Latina, África y Antártida, además de tener un acceso directo al Océano Índico, por donde pasa la ruta marítima de la “Nueva Ruta de la Seda” de China.

Para cerrar, me gustaría resaltar y rescatar dos cosas:

Por un lado, el valor geopolítico de las Islas Malvinas como base de apoyo para las operaciones de Estados Unidos en el Atlántico Sur y la consecución de sus objetivos geoestratégicos globales. Esto demuestra que la continuidad de la situación colonial no sólo es favorable a los intereses del Reino Unido, sino también a los de potencias con pretensiones globales.

Y por otro, que al final de cuentas, y al contrario de lo que regularmente se sostiene, Estados Unidos sí le otorga una importancia fundamental a esta parte del mundo. De no ser así, no se molestaría en enviar un submarino nuclear a esta región para realizar ejercicios militares conjuntos.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.