¿Por qué se sacude el gigante sudamericano?

¿Por qué se sacude el gigante sudamericano?

Si ha habido un país de la región que durante los últimos días ha acaparado toda la atención, ese ha sido Brasil. Y esto se debió fundamentalmente a la simultaneidad de tres circunstancias.

La primera de ellas tiene que ver con la alarmante crisis sanitaria que azota al país.

Sabemos desde un principio que Brasil es uno de los países del mundo mayormente afectados por la pandemia, debido principalmente a la inoperancia y nefasta gestión de la crisis por parte de su presidente, Jair Bolsonaro.

Sin embargo, lo que ha sucedido en estos últimos días es un agravamiento preocupante de la situación, con un aumento exponencial de los casos y muertes por covid-19 (más de 11 millones de infectados, más de 282.000 muertos y más de 2800 por día); un sistema de salud al borde del colapso (Unidades de Cuidados Intensivos -UCI- casi al máximo de su capacidad); una campaña de vacunación lenta e ineficaz, y para peor -y a causa de todo lo anterior-, la aparición de nuevas variantes del virus, como la nueva cepa “P1”, que posee una mayor tasa de contagio y letalidad.

Es por esta razón que no deberían extrañar las declaraciones y advertencias del Secretario General de la OMS, científicos y otros funcionarios del organismo, respecto a que Brasil podría convertirse en una amenaza para la humanidad, comenzando por la región, donde podría provocar una explosión de casos.

Por lo tanto, la primera reflexión que uno podría hacer es que si la vida y la salud son intereses y valores colectivos esenciales, cuya protección concierne a toda la comunidad internacional, entonces el Brasil de Jair Bolsonaro está violando e incumpliendo, de acuerdo al Derecho Internacional, con una obligación de tipo “erga omnes” -una obligación hacia la comunidad internacional en su conjunto-, que automáticamente lo hace responsable internacionalmente.

La segunda circunstancia ha sido la inesperada decisión del juez Fachin de anular las condenas por corrupción contra Lula da Silva, en el marco de la causa Lava Jato. El juez del Tribunal Supremo justificó su decisión argumentando que el tribunal que había juzgado al líder latinoamericano (el Federal de Curitiba) no era competente para hacerlo, por lo que el caso se deriva al Tribunal Federal de Brasilia y Lula recupera todos sus derechos políticos.

Un verdadero “terremoto” que sacude el tablero político brasileño y regional, no sólo porque implica la “resurrección política” del histórico líder del PT, habilitándolo a competir con Bolsonaro en las próximas elecciones de 2022, sino también porque una potencial victoria de Lula en éstas, sería una virtual victoria para la izquierda latinoamericana.

Ahora bien, no hay dudas que este fallo beneficia a Lula. ¿Pero cómo afecta a Bolsonaro?

A priori, la decisión pareciera perjudicarlo, porque por primera vez el ex militar deberá enfrentarse a un liderazgo político que está a la altura del desafío, con serias posibilidades de comprometer sus aspiraciones a la reelección.

Sin embargo, también podría decirse que la entrada de Lula al escenario político favorece la polarización, que es un terreno donde el bolsonarismo se siente cómodo para enfrentar a Lula y al PT. Además, le permite desviar la atención del desastre humanitario que su gestión está causando.

Por otra parte, al contrario de lo que podría pensarse, todo pareciera indicar que la decisión de Fachin tenía como objetivo salvar al juez Moro, y por extensión, a la operación Lava Jato, ya que no entra a cuestionar si procedió de manera parcial o imparcial en su condena contra Lula, sino que simplemente se limita a señalar que su jurisdicción no era competente, librándolo de una eventual suspensión por parcialidad, y evitando que toda su labor en relación a Lava Jato quede “salpicada”, acabando con todo lo logrado hasta el momento.

Finalmente, la tercera circunstancia tiene que ver con que, casualmente, un día después, se decidió avanzar con el debate acerca de la imparcialidad de Moro en las condenas contra Lula, el que lamentablemente debió ser pospuesto, por la indefinición de uno de sus miembros, que solicitó más tiempo para poder tomar una decisión.

Su veredicto final podría provocar otro sacudón político, porque en caso de confirmarse que Moro ha actuado de manera parcial, todas sus pruebas contra Lula no serán legítimas para su juzgamiento en Brasilia. Misma suerte correrían aquellas presentadas contra poderosos políticos y empresarios también condenados en el marco del Lava Jato.

En suma, una vez más, el caso “Lula” pone en evidencia que “justicia” y “política” van de la mano y que el Lawfare no es un fenómeno ajeno o inexistente en América Latina. A partir de ahora, todo dependerá de cómo se resuelva la trama judicial y del nuevo capítulo político electoral que acaba de comenzar.

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