Adiós al Grupo de Lima

Adiós al Grupo de Lima

Hace exactamente una semana, mientras conmemorábamos el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, el gobierno argentino anunciaba la retirada del Grupo de Lima (GL). Sin lugar a dudas, toda una señal en materia de política exterior y la toma de posición más importante respecto a Venezuela en lo que va de su mandato.

Antes de analizar esta decisión, recordemos qué es el Grupo de Lima y para qué se creó.

El GL es un foro regional creado en Lima el 8 de agosto de 2017, con el objetivo de discutir y definir los caminos posibles para – en teoría – encontrar una salida pacífica y negociada a la crisis venezolana.

Sin embargo, en la práctica, demostró tener otro propósito: servir a los intereses de Estados Unidos, funcionando como un mecanismo regional de presión diplomática y económica, que coadyuve al aislamiento y derrocamiento del gobierno de Nicolás Maduro (haciendo uso de todos los medios disponibles) y al debilitamiento de la integración latinoamericana.

En realidad, no podía esperarse otra cosa, tratándose de un bloque impulsado por los gobiernos conservadores de la región, fuertemente alineados a la potencia mundial y muy críticos con el gobierno de Venezuela.

Así, puede entenderse una de sus decisiones más polémicas, como el apoyo unánime al líder opositor Juan Guaidó, y su reconocimiento, en 2019, como presidente interino de Venezuela.

Dicho esto, permítanme ahora hacer algunas reflexiones acerca de la salida de Argentina del Grupo de Lima.

Para empezar, podemos señalar que la decisión no nos tomó por sorpresa. Era algo que tarde o temprano se esperaba que sucediese, habida cuenta de que, desde su asunción en diciembre de 2019, Alberto Fernández nunca se sintió cómodo dentro del grupo – las diferencias ideológicas lo hacían imposible – y un sector de la coalición de gobierno presionaba constantemente para que abandonase el bloque.

Ahora bien… ¿Fue acertada la decisión? ¿Se tomó en el momento adecuado? Veamos.

En primer lugar, la experiencia ha demostrado que ninguna solución pacífica podrá ser alcanzada en la crisis venezolana, si no se apuesta al diálogo político y la negociación entre todas las partes involucradas en el conflicto, incluido el gobierno nacional.

En consecuencia… ¿Tenía sentido seguir permaneciendo en una alianza política profundamente ideologizada, que adhiere a la política neoconservadora de “cambio de régimen” (que la historia se ha cansado de demostrar su ineficacia), y que en consecuencia, la única solución que plantea consiste en la  negación y eliminación de una de las partes involucradas?

Incluso, en algún momento dentro de su seno, se barajó la posibilidad de una intervención militar, lo que hace imposible cualquier salida pacífica al problema venezolano.

Y no menor es el hecho de que el grupo ha demostrado ser un fracaso a la hora de mejorar la vida de millones de venezolanos, empeorando exponencialmente su situación.

En segundo lugar, haber seguido siendo parte del Grupo de Lima, hubiese significado continuar contradiciendo una de nuestras principales tradiciones en política exterior y uno de los principios más importantes del Derecho Internacional y las Relaciones Internacionales: “la no intervención en los asuntos internos de otros Estados”.

Ello para nada significa que la comunidad internacional deba hacer oídos sordos a lo que sucede en Venezuela. Pero a fin de cuentas, son los mismos venezolanos quienes deben sentarse a dialogar y elegir su destino, ningún poder externo debe hacerlo por ellos.

Finalmente, por ahí se ha dicho que el momento elegido para retirarse del GL no ha sido el más oportuno, dado que ese mismo día nuestro Ministro de Economía, Martín Guzmán, se encontraba en Washington negociando con el FMI por la cuestión de la deuda.

Pensar o sostener esa idea significa creer que al gobierno y a su cuerpo diplomático, se les “pasó por alto” el contexto económico en el que Argentina está inmerso. Algo imposible si quiera de considerar.

Además, habrá que ver hasta qué punto esta postura genera algún tipo de enfrentamiento con la Administración Biden. Recordemos que el Grupo de Lima fue creado durante la gestión de Donald Trump. Y quizás hoy, a la luz de sus fracasos y pese a servir como instrumento de presión, no esté dentro de las prioridades del líder demócrata a la hora de pensar cómo encarar la crisis venezolana.

Para cerrar, me gustaría señalar que esta decisión también debe entenderse en el marco de un reposicionamiento geopolítico en la región. Como ya lo hemos expresado en otras oportunidades, Alberto Fernández está apostando a la unidad latinoamericana y al fortalecimiento y reconstrucción de los mecanismos regionales de integración. Y abandonar el Grupo de Lima es un paso fundamental y necesario para la concreción de dicha aspiración.

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