Algunas reflexiones sobre los resultados electorales en Ecuador y Perú

Algunas reflexiones sobre los resultados electorales en Ecuador y Perú

El pasado domingo se celebraron elecciones en Ecuador y Perú. En el primer caso, se trataba de la segunda vuelta para definir quién sería el sucesor de Lenín Moreno. En el segundo, del primer llamado a las urnas tras la inestabilidad política-institucional de los últimos 3 años.

A 4 días de esa jornada electoral, Ecuador ya tiene presidente: se trata del empresario y banquero Guillermo Lasso, quien obtuvo el 52,36% de los votos, frente al 47,64% de Andrés Arauz, el candidato de Rafael Correa.

No es el caso de Perú, donde la alta fragmentación política – 18 candidatos presidenciales – obliga a su pueblo a definir todo en una segunda vuelta, que hasta el momento, se perfila entre el izquierdista radical Pedro Castillo y la derechista conservadora Keiko Fujimori.

Por lo tanto, veamos los que estos resultados significan.

Comencemos por Ecuador. Sin dudas, lo primero que salta a la vista es el error de cálculo en el que vuelven a incurrir los encuestadores a la hora de predecir resultados. Un fenómeno cada vez más recurrente en estos tiempos.

Así, cuando las previsiones daban un final ajustado, con una leve diferencia a favor del líder correísta, el conteo final mostró 5 puntos de diferencia a favor del banquero.

Pero sin dudas, lo más llamativo de este desenlace ha sido la derrota del correísmo. Y esto se explica por varios motivos, entre los cuales el principal gira en torno a la figura del mismo Rafael Correa.

Por un lado, Arauz no es Correa. Evidentemente, el líder latinoamericano no ha logrado trasferir a su delfín todo el apoyo electoral que ha sabido cultivar en más de una década. Además, Andrés Arauz, con 36 años, era casi un desconocido frente al ya experimentado y popular candidato conservador, Guillermo Lasso.

Por otro lado, lo que estos resultados evidencian es que el correísmo no ha podido aglutinar a la izquierda en torno a la figura de su candidato, factor que era determinante para vencer, si se tiene en cuenta el caudal de votos que en primera vuelta habían cosechado sus rivales por la izquierda, el líder indígena Yaku Pérez y Xavier Hervas (de la Izquierda Democrática).

Ninguno de ellos llamó a votar por Arauz, y así, a diferencia del “peronismo” en Argentina y el “masismo/evismo” en Bolivia, el correísmo no logró actuar como factor aglutinante o hegemonizante de las fuerzas progresistas.

En el caso peruano, la cosa es muy diferente. Los resultados, los cuales nadie pudo prever y en los que ninguno de los candidatos alcanza el 20% de los votos, son un reflejo de la alta fragmentación electoral y la desconfianza generalizada hacia la clase política.

Recordemos que ya hace unos años, Perú está atravesando una profunda crisis de representación y una crisis de sus partidos políticos.

Y esto se debe principalmente a que, durante todos estos años, la clase política tradicional no pudo (ni quiso) acabar con la desigualdad estructural que existe en la sociedad peruana, ni tampoco supo responder a sus necesidades y demandas básicas.

Por el contrario, sólo se preocupó por satisfacer sus intereses personales y políticos, contribuyendo a la proliferación de investigaciones y causas por corrupción y a la inestabilidad política de la que hemos sido testigos en estos últimos años, con el continúo enfrentamiento entre el Ejecutivo y el Congreso.

Si a eso le sumamos los efectos de la pandemia, la falta de liderazgo y la poca disciplina partidaria, no debería extrañarnos lo que las urnas están manifestando.

Así es como debe interpretarse que un “outsider” de izquierda como Pedro Castillo, haya sido el candidato más votado. Al final de cuentas, lo que el electorado peruano manifestó a través de su voto es el hartazgo con el “establishment” político y la necesidad de encontrar una solución por fuera del  sistema, alguien diferente, que estuviese dispuesto a satisfacer de una vez por todas sus necesidades concretas.

Además, Castillo encaja perfecto con el perfil del “otro Perú”, el Perú pobre y olvidado, al que la clase política ha desatendido durante años.

En suma, el caso ecuatoriano es el típico caso en el que el voto se emitió por la negativa, es decir, no por lo que representaba y ofrecía Lasso, sino con el único fin de evitar la vuelta del correísmo al poder. Así, fue un voto anti-Correa.

En el caso peruano, la contienda aún está abierta, y todo parece indicar que la segunda vuelta se definirá entre el voto de las regiones pobres del país y el de la Lima opulenta, aparentemente yendo a estar representada por Keiko Fujimori, que a pesar del rechazo que genera su figura, podría aglutinar el voto conservador sólo para evitar la victoria de un líder político como Castillo.

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