Todos los caminos conducen a Viena

Todos los caminos conducen a Viena

En la arena internacional, es usual que en numerosas ocasiones, algunos Estados adopten comportamientos reactivos más que proactivos. Es decir, que actúen como consecuencia de un cambio de circunstancias, más que por iniciativa propia.

Este suele ser el caso de algunos países de Medio Oriente, donde la confluencia de numerosos factores políticos/religiosos y la penetración de potencias extra-regionales, tienen una incidencia indirecta en la orientación de sus relacionamientos externos.

Un ejemplo de este comportamiento lo ha dado Arabia Saudita a principios de este mes, cuando debido a cambios geopolíticos en la región, se vio obligado a hacer un reajuste en su política exterior, iniciando conversaciones con Irán en Bagdad, tras 5 años sin contactos, después de la ruptura de relaciones en 2016.

Situémonos en contexto. Tanto Arabia Saudita como Irán profesan el islam, pero mientras el reino saudí se identifica con la rama suní del credo, el régimen iraní lo hace con la rama chií, resultando en un enfrentamiento religioso entre quienes se atribuyen el liderazgo de ambas facciones.

Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones la religión es utilizada como un instrumento, y en consecuencia, la rivalidad es más política que religiosa, por la hegemonía, la influencia y el control geopolítico de la región.

Cuando rompieron relaciones en 2016, el detonante fue la ejecución en el reino árabe del jeque Nimr al Nimr (clérigo chií saudí), con el consecuente asalto a la Embajada saudí en Irán. Así, Riad procedió a retirar a su embajador y Teherán hizo lo mismo.

Por lo tanto, desde entonces, es la primera vez que ambas potencias se muestran predispuestas a arribar a un entendimiento. El objetivo principal de las conversaciones es rebajar tensiones en la región – particularmente, en Irak y Yemen – para luego sí, restaurar las relaciones que se rompieron hace 5 años.

Ahora bien, dicho esto, la pregunta es: ¿qué cambios geopolíticos se han  dado en Medio Oriente para que Arabia Saudita haya optado por ese acercamiento? Sin lugar a dudas, la respuesta a este interrogante lo brinda la llegada de Biden al poder de Estados Unidos y su cambio de enfoque hacia la región.

Principalmente, esto tiene que ver con la voluntad del flamante gobierno demócrata de reactivar el pacto nuclear alcanzado con Teherán en 2015 y de volver a sumarse al mismo después de su salida en 2018. Un verdadero esfuerzo colectivo que actualmente está siendo plasmado en las llamadas “conversaciones de Viena”.

En rigor, Riad, al igual que Tel Aviv, nunca ha visto con buenos ojos ese acuerdo, por considerarlo demasiado concesivo y muy poco ambicioso, al quedar exentas cuestiones como el desarrollo de misiles y el apoyo logístico que el país persa brinda a milicias desparramadas por la región.

No obstante, ante este panorama internacional en el que Estados Unidos pretende reanudar aquel compromiso histórico, la monarquía saudí se ha visto cercada por las circunstancias y obligada a replantearse su relación con Irán, iniciando los primeros contactos e incluso abogando por ser parte de las negociaciones en Viena, reclamando que sean tenidos en cuenta sus intereses.

Pero también hay otro factor que ha llevado al reino saudí a iniciar conversaciones con su histórico rival y que está directamente supeditado a la nueva política estadounidense hacia la región: el retiro del apoyo que Estados Unidos le prestaba en la guerra de Yemen y la posición de Biden a favor de un alto el fuego.

Recordemos que desde 2015, por solicitud del presidente yemení y con el aval y apoyo de Estados Unidos, Arabia Saudita está implicado en la guerra que se libra al interior de su país, liderando una coalición de nueves países de Medio Oriente y África para contener el avance de la tribu de los “hutíes”, de pertenencia chiíta y apoyada políticamente por Irán. Así, la guerra de Yemen se ha convertido en un conflicto indirecto entre ambas potencias por la influencia regional.

Pero lo que entonces era una aventura, hoy se ha convertido en una pesadilla,  y Joe Biden sabe muy bien que su aliado árabe está perdiendo la contienda y que ya no se siente cómodo allí, tratando de encontrar una fórmula que le permita salir de una guerra que se ha vuelto costosa, impopular y que ha causado una tragedia humanitaria sin precedentes.

Para cerrar, no quiero dejar de señalar el importantísimo rol que ha jugado el primer ministro iraquí, Mustafa al Kadhimi, quien ha sido el promotor de aquel acercamiento, y de esta manera, no sólo ha procurado evitar que su país continúe siendo otro de los “teatros de operaciones” de las rivalidades regionales, sino también, convertirse en el artífice de una potencial estabilidad regional y en un referente en quien confiar.

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