Argentina – Chile: reminiscencia de un pasado no muy lejano

Argentina – Chile: reminiscencia de un pasado no muy lejano

Hace poco menos de una semana, el gobierno chileno de Sebastián Piñera haría pública la firma de un decreto que podría considerarse toda una decisión en materia de política exterior: la pretensión de proyectar la plataforma continental chilena al este del meridiano 67° 16’ 0, es decir, sobre una parte de la plataforma continental argentina y sobre una extensa área de los fondos marinos y oceánicos, que, de acuerdo a la CONVEMAR, forman parte del Patrimonio Común de la Humanidad.

Como era de esperarse, ni bien el gobierno argentino de Alberto Fernández tomó conocimiento de tal medida, hizo la correspondiente denuncia, y el mismísimo mandatario chileno salió a responderle, redoblando la apuesta.

No obstante, si bien todavía está por verse hasta dónde puede llegar a escalar este conflicto diplomático, no cabe duda de que una decisión de esas características tiene importantes implicancias políticas y jurídicas, además de implicar una profunda regresión, ya no sólo en términos de la afinidad entre ambos gobiernos – la cual en los últimos tiempos no había presentado mayores sobresaltos – sino también en términos de la relación bilateral entre ambos Estados y ambos pueblos hermanos.

En primer lugar, la extensión de la plataforma continental más allá del límite correspondiente constituye una violación del Tratado de Paz y Amistad celebrado entre ambos países en 1984, recordado por haber puesto fin al conflicto limítrofe en una de las fronteras mas largas del mundo, y por el cual, Argentina y Chile estuvieron a minutos de ir a la guerra.

Es decir, la flamante arremetida del gobierno de Piñera no sólo atenta contra el Derecho Internacional, sino que también, en los hechos, reabre un capítulo amargo y espinoso en la historia de los dos pueblos, cuando se suponía que la cuestión estaba definitivamente cerrada y aclarada.

En segundo lugar, dicha pretensión contradice y pone en tela de juicio lo que ya Naciones Unidas había analizado y aprobado respecto a los límites marítimos de Argentina en esa zona. Nos estamos refiriendo al trabajo formidable que llevó a cabo la Comisión Nacional del Límite Exterior de la Plataforma Continental (COPLA) para demarcar ese límite, y cuya presentación fue eventualmente aprobada – incluso con honores – por la Comisión de Límites de la Plataforma Continental (CLPC) de ONU.

Pero más allá de eso, lo que bajo ningún motivo hay que perder de vista aquí, es que una decisión como ésta socava y/o pone en peligro la posibilidad de que ambos países cooperen de cara al futuro frente a un desafío común como lo es su proyección hacia la Antártida.

Como sabemos, en un tiempo no muy lejano, esta cuestión va a volver a plantearse y discutirse entre todos los actores que allí tienen reclamaciones e intereses. Por lo tanto, en ese escenario, es necesario y fundamental que Argentina y Chile se encuentren fuertemente unidos y trabajando en conjunto frente a las pretensiones de una potencia extrarregional como el Reino Unido, quien posee reclamaciones sobre la misma porción de territorio.

Ahora bien, lo que uno se pregunta es por qué ahora: ¿por qué el gobierno de Piñera decidió recién ahora tomar esta medida, siendo que no había realizado objeción alguna cuando Argentina hizo su presentación ante la Comisión de ONU y ésta se expidió sobre el asunto?

Para responder esta pregunta hay que tener en cuenta dos variables: la variable doméstica y la variable regional.

En cuanto a la primera, sería imprudente soslayar el hecho de que, en poco más de dos meses, se celebran elecciones generales en Chile. Y en este sentido, no sería la primera vez que un presidente busque un enemigo externo con el fin de obtener apoyo y popularidad de cara a un acto electoral.

Recordemos que a su espacio político no le ha ido muy bien en las elecciones constituyentes, y que su candidato, Sebastián Sichel, deberá enfrentarse en las próximas elecciones a dos personalidades fuertes de la izquierda.

En lo que respecta a la variable regional, no hay duda de que ante el evidente debilitamiento de las principales instituciones y mecanismos regionales – producto de una profunda división y disputa política en la región – los Estados latinoamericanos (como es en este caso el Estado de Chile) cuentan con más margen de maniobra para satisfacer o promover intereses egoístas.

En suma, si bien es poco probable que esta tensión escale a mayores – ambos países privilegiarán el diálogo y la solución pacífica de la controversia –, la misma constituye un claro ejemplo de cómo la miopía y la ineptitud de las élites dirigentes pueden condicionar el futuro de un país y arrastrar a su pueblo a un conflicto con un país hermano, sólo para satisfacer intereses personales y/o políticos de corto plazo.

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