El lugar de Ucrania en la percepción de Rusia

El lugar de Ucrania en la percepción de Rusia

Como sabemos, en las ultimas semanas se ha reactivado el conflicto entre Rusia y Ucrania, situación que preocupa sobremanera a Washington y Bruselas, pero que también mantiene en vilo a la comunidad internacional por sus potenciales consecuencias.

Las alarmas de alerta se volvieron a encender a partir del desplazamiento y concentración de un número nada desdeñable de contingentes militares rusos en la frontera entre ambos países y Crimea, península al sur de Ucrania que Rusia se anexionó en 2014, y qué desde entonces, controla de facto.

La inquietud que yace detrás del temor y la sospecha, tanto de Ucrania como de Occidente, es si Rusia está planeando invadir a ese país en las próximas semanas, habida cuenta de las señales que provienen del terreno.

A priori, el mismo Vladímir Putin se encargó de descartar dicho escenario. Pero también está en la memoria el recuerdo de Crimea y la influencia que Rusia tiene sobre las regiones separatistas del este de Ucrania. Ello sin contar los lazos identitarios y culturales que existen entre ambos países.

Ahora bien, para poder comprender los movimientos del país euroasiático, es necesario tener en cuenta una serie de consideraciones.

Para comenzar, como alguna vez comenté acerca de la idea de una “excepcionalidad estadounidense” que existe al interior de EEUU, también existe la idea de una “excepcionalidad rusa” que predomina en su sociedad y clase dirigente. Es ésta la que ha determinado la política exterior rusa, por lo menos en lo que va del siglo XXI.

La misma cuenta con cuatro bases fundamentales. La primera de ellas está asociada a la creencia de que Rusia es una civilización propia que está entre Europa y Asia. En consecuencia, no se ven a si mismos como occidentales ni orientales, sino que esa particularidad es la que los hace considerarse como una civilización única e inigualable.

La segunda de ellas es aquella por la cual se ven a si mismos como la 3° Roma, la sucesora o continuadora de los históricos imperios romanos. Y esta idea tiene su raíz en los valores ortodoxos y en el fuerte nacionalismo que aun predomina en la sociedad rusa.

La tercera base tiene fundamentos históricos y empíricos, porque se apoya sobre una realidad y es que fue Rusia (ya sea en la época del Imperio ruso o la Unión Soviética) la que salvó a Europa de Napoleón y de Hitler y determinó el destino de ambos. En consecuencia, la apelación histórica es parte de este excepcionalismo ruso.

Y por último, la excepcionalidad se fundamenta en la idea de que Rusia – ya sea por su condición geográfica, geopolítica o bien cultural – es el equilibrio entre Occidente y Oriente. Como se ve, esto está muy ligado al primer fundamento, por el cual Rusia no se siente parte ni de uno, ni de otro.

Ya comentamos que cada acción emprendida por el Estado ruso lo hace con base en estos 4 pilares. No obstante, uno podría preguntarse que lugar ocupa Ucrania en esta autopercepción del Estado ruso.

Y la respuesta es muy sencilla: Ucrania es considerada parte fundamental de esa gran Rusia, de esa gran civilización histórica y excepcional.

Recordemos que Ucrania formó parte de lo que en su momento fue la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), y en consecuencia, hoy el Estado ruso, bajo la figura de Putin, está llevando a cabo una política de “rusificación” de su entorno exsoviético, como una forma de recuperar el territorio perdido y “reavivar” lo que fue la ex URSS, buscando conservar y fortalecer su condición de potencia.

En este sentido, la frontera entre Rusia y Ucrania es vista por la primera no como una frontera “línea” (la tradicional) sino como una frontera “zona” o “colchón”, que determina los espacios de seguridad o zonas de influencia que la potencia considera fundamental conservar y defender.

Y decimos defender porque la principal preocupación de Rusia hoy es la expansión y ampliación de la OTAN hacia el Este, particularmente su presencia en Ucrania. En el Kremlin, la cuestión ucraniana se lee en términos de la variable seguridad, porque se considera que perder ese territorio (o su influencia) sería tener al enemigo en “casa”, desplegando su arsenal armamentístico en dirección a Moscú.

De este modo, existe en la clase dirigente rusa la percepción de que Rusia siempre está amenazada por Occidente, representado por la OTAN. De allí se explica su doctrina de “fronteras seguras”, que responde a un nacionalismo fomentado desde el mismo seno del Kremlin.

Para cerrar, no quiero dejar de mencionar la videoconferencia llevada a cabo en el día de ayer entre Putin y Xi Jinping, que vuelve a confirmar que las relaciones entre ambas potencias están en su mejor momento y que no estaban tan erradas aquellas voces que sostenían que Rusia no era una amenaza y que se la debía integrar, justamente para evitar un escenario donde Moscú y Pekín estrecharan y fortalecieran sus lazos en pos de intereses comunes.

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