Hebe o la encarnación del odio

Hebe o la encarnación del odio

Antes de ahora nos hemos ocupado en estas columnas de las opiniones que periódicamente hace públicas Hebe de Bonafini. Recientemente la Presidenta de Madres de Plaza de Mayo hizo declaraciones relacionadas a la frustrada liberación de rehenes de las FARC en las que calificó al Presidente de Colombia Álvaro Uribe de ser “una mierda” y “un gran hijo de puta”, responsabilizándolo por la no-liberación de los rehenes. En su diatriba en contra del nombrado equiparó los rehenes en manos de las FARC provenientes de secuestros, con los narco-revolucionarios detenidos en las cárceles colombianas.

La ideología de la señora Bonafini proviene del setentismo mesiánico, autoritarismo que piensa que la democracia es un invento burgués y que, por ése pecado de origen, debe ser condenada a su destrucción. Los grupos que reivindica constantemente Hebe de Bonafini –ERP, MONTONEROS, FAR- en nombre de sagrados ideales cometieron todo tipo de tropelías. Lejos de hacer un mea culpa está no sólo orgullosa de ésa militancia, sino que la idealiza a niveles heroicos.

En nuestra columna 22 –La ética y los derechos humanos de Hebe de Bonafini– concluíamos diciendo con relación a sus opiniones: “Los méritos de haber reclamado con valentía, casi en solitario, que una dictadura horrenda devolviera a los desaparecidos con vida, de haber integrado uno de los pocos focos de resistencia en contra de una política de Estado que secuestró, torturó asesinó a miles de Argentinos, de persistir después de 20 años de ocurridos los hechos en su lucha para que los culpables de la represión ilegal sean castigados, no le da a BONAFINI autoridad moral alguna para distinguir entre quienes son merecedores trato justo, cuyos derechos fundamentales deben serles reconocidos, y otros contra quienes pueden seguirse impunemente comportamientos que indignan la conciencia moral de la humanidad”.

No cabe ninguna duda que el régimen de gobierno de Colombia es de naturaleza democrática y que Álvaro Uribe es un Presidente que ha sido legitimado por la decisión popular de designarlo para desempeñarse en tal cargo, conservando altísimo índice de popularidad y consenso. Va de suyo que en el marco de una democracia es siempre posible disentir con el ideario de otras personas o con sus acciones concretas. La señora Bonafini tiene todo el derecho de disentir con la ideología y la praxis de un gobierno conservador. Lo que no es admisible es que pretenda por un lado descalificar con gruesos epítetos a quien confronta decididamente los ideales que sustenta la nombrada y que por otra mienta descaradamente al pretender asimilar los secuestrados por las FARC, que hacen años que padecen un injusto cautiverio en condiciones infrahumanas, muchos sin haber siquiera haber sido partícipes directos o indirectos de la confrontación que asuela a Colombia, con aquellos guerrilleros levantados en armas en contra de gobiernos legítimos, que fueron detenidos y condenados por la justicia colombiana.

En nuestra columna 26 –Hebe de Bonafini y la revisión de la historia– respecto de Montoneros, cuyo ideario idealiza la autora de aquellos dichos, decíamos también: “[…] Pablo GIUSIANI en su estudio sobre Montoneros, que es ya un clásico insoslayable, definió con precisión y sin concesiones el fenómeno montonero. Se trató de un proyecto fascista, autoritario, de una estructura política elitista con una filosofía mesiánica, que requería de sus miembros una rigurosa disciplina militar y que hizo un culto de la violencia […] es importante que fijemos claramente que los Montoneros muertos fueron víctimas del terrorismo de estado, pero ésas muertes no los convierten en héroes ni tampoco justifican su accionar criminal. La circunstancia de que los delitos cometidos desde el estado sean mucho más graves que los cometidos por la insurgencia montonera no modifica el carácter delictivo del accionar de estas organizaciones políticas. El fin, en ninguna circunstancia, justifica los medios, siendo imposible obtener un fin noble mediante la utilización de métodos perversos. Que las organizaciones guerrilleras hayan tenido como objetivo instalar una sociedad más justa no cambia la naturaleza criminal de su accionar, como tampoco cambia la naturaleza de los métodos utilizados por el gobierno de las Juntas Militares, el hecho de haber fijado entre sus objetivos “la vigencia de los valores de la moral cristiana, de la tradición nacional y de la dignidad del ser argentino […] vigencia plena del orden jurídico y social […] la obtención del bienestar general a través del trabajo fecundo, con igualdad de oportunidades y un adecuado sentido de la justicia social”.

Resulta que para Hebe de Bonafini que el Presidente de Colombia “es una mierda” y “un hijo de puta” porque su ideario político se encuentra en la antípoda del que ella pregona y porque confronta militarmente las acciones guerrilleras de las FARC, moralmente inadmisibles en un país democrático.

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