El control de la sucesión presidencial

El control de la sucesión presidencial

En todo juicio político hay predicción o,
    por lo menos, conjetura:
apuesta asentada sobre datos
en mayor o menor medida convincentes
que se extiende sobre un incierto futuro.

Natalio Botana – El orden conservador

Una y otra vez nos hemos referido en estas columnas al deterioro institucional generado por la acumulación de poder por el anterior titular del Poder Ejecutivo, quien no solo usó de las facultades, casi monárquicas, que le acuerda la Constitución sino que, además, abusó notoriamente de ellas en desmedro del rol que le cabe al Poder Legislativo y a la organización federal.

Abuso en el dictado de decretos de necesidad y urgencia en situaciones que distan de las previstas en nuestra Carta Fundamental, delegación a favor del Jefe de Gabinete de facultades propias del Congreso que permiten el manejo irrestricto de los recursos públicos en medida tal que  la Ley de Presupuesto sea sólo una serie de recomendaciones no-obligatorias, subestimación de los recursos para tener excedentes no incluidos en el cálculo presupuestario cuyo destino asigna a su antojo, otorgamiento de facultades de crear cargos sobre consumos de energía para asignarlos a obras indeterminadas, negativa a tratar una nueva ley de coparticipación, uso de los recursos fiscales para domar intransigencias provinciales, más un largo etcétera.

Además de manejar a su antojo los asuntos públicos, el apoyo acrítico de la mayoría del justicialismo, que aprueba a libro cerrado todas las actuaciones, iniciativas o antojos del Presidente, le ha permitido a Néstor Kirchner a fines del año pasado patrimonializar la Presidencia, esto es convertirla en un bien ganancial. Él por sí y ante sí decidió que su sucesora sería una pingüina, su esposa, la Senadora Cristina Fernández de Kirchner, quien heredó la suma del poder público conseguida por su cónyuge.

Una de las características del orden conservador que gobernó nuestro país entre 1880 y 1912 fue, precisamente, el control de la sucesión presidencial por parte del Primer Magistrado que cesaba en el cargo. Cada Presidente era quien en los hechos, ante la prohibición constitucional de su reelección, designaba a su sucesor. Quien describe con precisión ese cuadro de situación es Natalio R. Botana en su clásico estudio El orden conservador, cuya relectura es casi obligatoria.

El control de la sucesión presidencial en 2007 se realizó utilizando como herramienta política una estructura creada prácticamente ad-hoc, soslayando la utilización del Partido Justicialista sobre el cual el Presidente no tenía un control absoluto, como sí controlaba al FRENTE PARA LA VICTORIA de su propia hechura. Kirchner no tuvo problemas para imponer a su cónyuge como candidata, siendo esa decisión aplaudida a rabiar por la mayoría del peronismo que, a golpes de presupuesto y conforme lo que es ya tradición de esa corriente política, se alineó casi uniformemente detrás de los deseos del Presidente.

Logrado su objetivo de incorporar al patrimonio conyugal la Primera Magistratura, tal como antes lo habían hecho los Juárez en Santiago del Estero, va ahora a buscar el control absoluto sobre las estructuras del Partido Justicialista, único lugar desde donde en el futuro podría salir alguien que cuestione con éxito el procedimiento de sucesión presidencial que acaba de imponerse a los argentinos.

La trasversalidad y la creación consecuente del radicalismo-k ha eliminado a corto y mediano plazo a la UCR como una alternativa real de gobierno. Las situaciones locales en las que dicho partido tiene responsabilidades de gestión –Santiago del Estero, Corrientes, Catamarca y Río Negro- han sido borocotizadas a partir de las necesidades de financiamiento, desapareciendo  del horizonte opositor. El último mazazo fue el acuerdo Kirchner-Lavagna, que dejó totalmente desorientados a quienes pensaban en el partido de Alem e Irigoyen como una fuerza opositora, dando aires reivindicativos a los que, apartándose de la línea oficial del partido, apoyaron la candidatura de CFK, que ahora quieren retomar el control del partido del que fueron expulsados para alinearlo con el kirchnerismo.

Kirchner quiere ser ungido Presidente del PJ por una mayoría demoledora de cualquier oposición, demonizando a través de sus voceros cualquier intento de presentar otras alternativas de normalización del justicialismo. De esta manera tendrá todas las riendas en sus manos para que en 2011 pueda él decidir nuevamente quien sucede a su esposa: ella misma o el ahora ex Presidente. Tal como se desarrollan los acontecimientos es casi seguro que logrará conseguir el control total. Lavagna, que, dice, quiere ser oposición dentro del partido, será fagocitado y triturado políticamente de la misma manera como lo fue después de 2003 el propio Eduardo Duhalde, salvo que acepte ser una herramienta dócil del ex Presidente.

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