Otra vez sobre el pacto de Olivos

Otra vez sobre el pacto de Olivos

Intercambiando ideas políticas con un amigo éste me hizo una serie de reflexiones relacionadas con una columna de opinión mía que le envié, en la que me refería al Pacto de Olivos, significándome que “si bien coincidía en el relato, la teoría de la reforma constitucional a cualquier precio es historia ficción. La realidad es que la reforma constitucional no agregó calidad institucional pues la Convención Reformadora claudicó en los puntos más relevantes, delegando a la ley temporal cuestiones como el Consejo de la Magistratura, la coparticipación federal de impuestos. Pero lo más importante desde el punto de vista histórico, (es) que provocó el vaciamiento convictivo de la UCR  La vocación reformadora del radicalismo es indiscutible, pero claudicamos en el rol opositor y eso nos diluyó internamente, y frente a la sociedad quedamos como un movimiento político sin convicciones y que lo único que le importaba es la alquimia política, así pues hasta el día de hoy tenemos un sistema político de partidos, que gracias al Pacto de Olivos, no tiene partidos fuertes. Alfonsín no entendió que el rol del radicalismo no era el de encausar una reforma, sino de confrontar al menemismo. Perdida la confianza en el sistema de partidos políticos, hoy nos encontramos a merced de una serie de caudillos políticos, sin ningún tipo de entramado partidario que los vincule en un sistema que sea útil a la sociedad”.

¿Fue la amenaza de una reforma constitucional sin consenso una historia inventada? ¿Un país como Argentina, que venía de más de 50 años de gobiernos militares o de gobiernos civiles en cuya elección se había proscrito al justicialismo, podía soportar una reforma constitucional sin legitimidad? ¿El rol histórico del radicalismo era sólo confrontar con el menemismo, que en ése tiempo era la expresión más cabal del justicialismo? Más allá de que la afirmación de que el acuerdo generó el sentimiento de frustración generalizada en el sector no-peronista  de la sociedad, lo que es cierto, ¿es correcto encuadrar el acuerdo al que aludimos como una claudicación del rol opositor del radicalismo? ¿La desvalorización social del sistema de partidos -¡Que se vayan todos!- es la consecuencia del Pacto de Olivos?

Subyacen, entiendo, en las apreciaciones críticas glosadas restos de la concepción movimientista del radicalismo. Como bien lo señaló Juan José Sebrelli, también el radicalismo tradicional se sintió  a sí mismo como un movimiento que se identificaba con la República, él era la causa contra el régimen falaz y descreído. Aquella identificación, que perduró más que el irigoyenismo, le impidió a sus seguidores percibir matices en el peronismo, cuyas ideas y praxis rechazó en bloque. En su confrontación con éste, cuyos rasgos movimientistas y mesiánicos eran –y aún lo son mucho más acusados- aglutinó alrededor de sus estructuras partidarias a todo el antiperonismo. El radicalismo fue la principal oposición que tuvo Perón antes de 1955 y su rol fue preponderante en el ciclo de gobiernos que siguieron a la denominada Revolución Libertadora, y ése rol signó su perfil ideológico durante y después de aquella ruptura institucional.

Quien primero se animó a desafiar la antinomia peronismo-antiperonismo fue Arturo Frondizi. Hoy dicho  Presidente es visto como un estadista, más allá de las críticas puntuales que puedan generar algunas de sus estrategias.

Limitar el rol institucional del radicalismo a ser sólo la valla de contención de los desbordes del menemato, entender que no era posible arribar a ningún acuerdo para intentar que la república ganara en calidad institucional, es renunciar a lo esencial de la política. Ésta no es sólo confrontación. Los adversarios son eso, no enemigos de la paz pública. Es posible dialogar y acordar con ellos todo lo referente a las cuestiones de interés permanente del Estado. Negarlo es caer en el fundamentalismo, en una visión maniquea de la política, en la que nosotros somos los buenos y ellos los malos; que con el adversario no se dialoga, se le imponen nuestras mayorías sin escuchar sus razones, aunque las tengan y buenas.

Es cierto que el antiperonismo en los años siguientes al Pacto de Olivos no entendió ésa manera de hacer política –aunque en el 2008 toda la oposición le haya pedido a Cristina que dialogue, que consensúe sus decisiones-  y que por eso haya castigado duramente al radicalismo en las elecciones posteriores. El pecado de sus dirigentes no es haber aprobado un acuerdo con su principal oposición, sino en no haber explicado adecuadamente a su clientela electoral las razones del porqué era conveniente arribar a dicho consenso.

Alfonsín entendió que la UCR era un partido, una parte del todo. Fue por eso que después de ser electo Presidente en 1983 ofreció a Ítalo Argentino Luder la Presidencia de la Corte. Fue por eso que en procura de una mejor calidad institucional acordó los términos de una reforma constitucional que dio origen a la Convención de 1994.

Si el intento fue fallido, como quiere mi amigo, o no, tal como yo lo veo, requiere de un análisis que excede éste espacio.

One thought on “Otra vez sobre el pacto de Olivos

  1. Hola, necesito saber si me podrias contestar una serie de preguntas acerca del Pacto de olivos. Es un trabajo para el colegio.
    Muchas gracias

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