Una nueva industria automotriz

Una nueva industria automotriz

Dentro de la cantidad de problemas que existen en la economía global generados por la crisis económica desatada en los EE.UU., ningún ejemplo muestra con mayor claridad la profundidad y el alcance de dicha crisis que la situación de la industria automotriz. Los anuncios recientes de Chrysler y General Motors agregan un toque de realismo a la situación económica existente y plantean la necesidad de una nueva reorganización industrial de gran escala como resultado de la actual recesión.

Vale la pena reseñar cómo funcionaron las fuerzas del mercado para llegar a este punto. El inicio del problema se originó en la creatividad misma de las empresas automotrices. Aprovechando la existencia de las plataformas motrices de las camionetas fabricadas durante años, el bajo costo de la adaptación de las líneas de fabricación impulsó la creación de los famosos 4 x 4 de tanta popularidad en los últimos años. El alto nivel de venta y el continuo interés de los consumidores hicieron que las tres empresas automotrices norteamericanas descuidaran la fabricación de automóviles de menor tamaño y con mejor eficiencia en el consumo. El exceso se originó prácticamente en el tablero de diseño.

Otro factor que contribuyó a crear la situación existente fue la gran cantidad de concesionarias. La saturación del mercado con tantas concesionarias es otro elemento distinto que divide a las automotrices norteamericanas de las japonesas. Para sobrevivir, cada concesionaria necesitaba lograr niveles de ventas realmente importantes, cosa que paulatinamente se hizo más difícil como resultado de la competencia entre concesionarias. Durante las últimas dos décadas ha sido posible para los consumidores norteamericanos negociar simultáneamente con varias concesionarias para tratar de conseguir ventajas en los precios o la financiación de los vehículos.

El ambicioso modelo exhibido por los fabricantes y vendedores de automóviles solamente pudo cristalizarse como resultado del aumento en la demanda. Los consumidores norteamericanos, armados con una cantidad extraordinaria de crédito a bajo costo, aprovecharon la facilidad ofrecida por las concesionarias para cambiar de automóvil más a menudo que en el pasado. Para quienes no estaban en condiciones de comprar, la industria creó el sistema de arrendamiento en el que uno solamente paga el costo del uso del vehículo durante los años que dura el contrato. Una vez concluido el mismo, muchos usuarios devolvieron los vehículos y las concesionarias se encontraron presionadas por la necesidad de vender muchos vehículos, tanto usados como nuevos.

Para responder a la expansión de la demanda, las empresas automotrices se convirtieron en empresas financieras capaces de ofrecer créditos a tasas muy competitivas. Incluso todavía ahora, empresas como Ford ofrecen incentivos en ciertos modelos que incluyen créditos a una tasa del 0% a 72 meses para comprar un vehículo nuevo. En otras oportunidades, a dicha tasa de interés, se le agregaban incentivos de reembolsos en efectivo que virtualmente proporcionaban la entrega inicial requerida para la compra del vehiculo. De esa manera, los encargados de producir la oferta de automóviles también se ocuparon de mantener activa la demanda.

El resultado de toda esta situación está ahora a la vista. Chrysler anunció el jueves pasado el cierre de 789 concesionarias en todo el país, como parte de su proceso de reorganización. Las concesionarias tienen apenas unas pocas semanas, hasta el 9 de junio, para desprenderse del inventario, calculado en aproximadamente uno 44.000 unidades. Lo mismo ocurrió con General Motors el viernes: 1.100 concesionarias recibieron la notificación de que no se les renovará el contrato en octubre del 2010. Aproximadamente 65.000 unidades esperan nuevos dueños en las concesionarias. Las consecuencias son, por ahora poco previsibles. La mayoría de las concesionarias anuncian que se dedicarán a la venta de automóviles usados. Lo cual realmente indica una verdadera reestructuración de toda la industria. El resultado: menos competencia entre concesionarias y menos beneficios para el consumidor.

La creación del sistema de autopistas y la falta de inversión en una infraestructura de transporte público hace que el automóvil sea realmente imprescindible en la vida diaria norteamericana. En muchas familias es necesario un vehículo por cada persona que tiene un empleo remunerado. La expansión del parque automotor ha sido tan rápida y tan acelerada que el congestionamiento del tránsito es un verdadero problema nacional.

Lo lamentable es que el costo social de estas medidas orientadas a crear un futuro para toda una industria deba tomarse a expensas del bienestar de los empleados, ejecutivos y personal técnico de las concesionarias además de las comunidades en las que se encuentran. Ya se ha comenzado a sentir el impacto: equipos infantiles de béisbol y otros deportes sin sus patrocinadores, falta de vehículos donados a organizaciones sin fines de lucro con fines benéficos, eventos en la comunidad cancelados por falta de apoyo y el impacto indirecto generado por dichas empresas en otras empresas.

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