Imagínate…

Imagínate…

Imagina que no existe el Cielo.
Es fácil si lo intentas
sin el Infierno debajo nuestro.
Arriba nuestro, solo el cielo.
Imagina a toda la gente
viviendo el hoy…
Imagina que no hay países.
No es difícil de hacer.
Nadie por quien matar o morir
ni tampoco religión.
Imagina a toda la gente
viviendo la vida en paz…

Puedes decir que soy un soñador,
pero no soy el único.
Espero que algún día te unas a nosotros
y el mundo vivirá como uno.

Imagina que no hay posesiones.
Quisiera saber si puedes.
Sin necesidad de gula o hambre,
una hermandad de hombres.
Imagínate a toda la gente
compartiendo el mundo.

Puedes decir que soy un soñador,
pero no soy el único.
Espero que algún día te unas a nosotros
y el mundo vivirá como uno.
(John Lennon)

Hace ya tiempo se publicitó una estadística sobre la credibilidad que merecían a nuestra sociedad distintas instituciones o actividades, puntualizándose en ella que la de los políticos, sin distinción de banderías partidarias, era una de las más bajas.

La gente no espera que los políticos, sean gobierno u oposición, digan la verdad. Y como no lo esperan  aceptan como una cuestión común y corriente que hagan afirmaciones  para ocultar sus verdaderas intenciones o que luego no cumplan sus promesas, tanto más si éstas son  realizadas en el marco de campañas electorales. Este sentir es parte de la anomia que nos caracteriza como sociedad.

Humberto Eco, en uno de sus comentarios periodísticos recogidos en La marcha del cangrejo, señalaba que tampoco en Italia la gente espera que los políticos digan la verdad, asimilando sus promesas a los eslóganes comerciales.

La consecuencia directa de tal estado de cosas es que no se valora  la actividad política, la que a los ojos del gran público parece estar totalmente alejada de la idea de servicio público.

Hay países en los que el cumplimiento de las leyes y el respeto de las instituciones que los rigen es algo que se da por descontado y las consecuencias del falseamiento deliberado de la verdad son para nosotros impensadas. Santiago TARIN –Viaje por las mentiras de la historia universal – recuerda el caso de John Profumo, Ministro de Defensa del gabinete conservador inglés encabezado por Harold MacMillan, que debió dejar su cargo en medio de un escándalo, no  por su relación sexual con una prostituta de lujo sino por haber negado al Parlamento una cosa que era cierta, que su amante tenía también entre su clientela al agregado naval soviético. El escándalo arrastró al premier y les costó la mayoría parlamentaria a los conservadores. Conocidos son también los casos algunos Presidentes de EEUU. Richard Nixon  en 1974 debió renunciar a su cargo al ser acusado por un gran jurado por conspiración para obstruir a la justicia en el caso del escándalo de las escuchas a la sede del Partido Demócrata; y Bill Clinton, estuvo a un pelo del juicio político por sus declaraciones reticentes sobre lo que él calificó de una relación impropia  en el caso de Mónica Lewinsky.

Nuestros políticos no parecen temer semejantes consecuencias. Manipulan descarada e impúdicamente  la verdad conforme a sus intereses. La cuestión es aún más grave cuando los así actúan tienen responsabilidades de gobierno. Aunque los hechos, a veces, dan un claro mentís a sus afirmaciones, ello no les causa siquiera escozor. A nadie se le ocurre, no digo renunciar sino siquiera dar alguna explicación que vaya más allá de un intento de descalificar personalmente a quien ponga denuncie esa situación.

El fallecimiento de Raúl Alfonsín, mientras reflexionaba sobre lo que antecede, me hizo acordar la utopía de John Lennon y me dije:

Imagínate… Si las declaraciones del Ministro de Justicia y Seguridad, Aníbal Fernández, de que el clima de inseguridad ciudadana es sólo una sensación, fueran una realidad…

Imagínate… Si los datos de los últimos años del INDEC fueran ciertos…

Imagínate… Si los aumentos de las retenciones a las exportaciones de granos hubiesen sido para distribuir mejor la riqueza y que su producido para hacer escuelas y hospitales…

Imagínate… Si quien realmente gobernase fuese Cristina y no el Primer Caballero…

Imagínate… Si la eliminación de las AFJP fuese para beneficiar a los jubilados…

Imagínate… Si después de un quinquenio de desarrollo a tasas casi chinas los ricos no fueren más ricos y los pobres más pobres…

Imagínate… Si la convocatoria a una concertación plural hubiese significado lo que las palabras indican…

Imagínate… Si Argentina fuese respetada en el concierto de las naciones y tomada por los latinoamericanos como un modelo de desarrollo a imitar…

Imagínate… Si la República Argentina no fuese en camino en transformarse en Argentina S.A. con sólo unos pocos accionistas…

Imagínate…, Lo que vos quieras…

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