Dos discursos, dos mensajes

Dos discursos, dos mensajes

La cuestión relacionada con la seguridad nacional y la famosa prisión de la Bahía de Guantánamo en Cuba volvieron a ocupar la atención de la opinión pública norteamericana. Barack Obama se vio obligado a hablar del tema para tratar de contener la falta de apoyo de su propio partido. El Senado, en una clara repudia a la iniciativa presidencial, votó 90 a 6 y negó al presidente los fondos necesarios para cerrar la prisión antes del próximo enero. Y pocas horas después de Obama presentara su posición, el exvicepresidente Dick Cheney hizo lo propio ante el American Enterprise Institute en Washington.

Las palabras de Obama reafirmaron su decisión de implementar la política anunciada, a pesar del revés legislativo. Su argumento fue claro: La complejidad que encierra el cierre de la prisión es preferible al daño que causa prolongar su existencia. A pesar de la certitud del análisis, la propuesta de la Casa Blanca adolece de detalles tan importantes que impiden llevar adelante la idea. El problema que enfrenta Obama es convencer sobre su compromiso en la lucha contra el terrorismo mientras decide qué hacer con respecto a los detenidos.

La falta de votos en el Congreso tiene su justificación. A pesar de que varios terroristas están ya alojados en penitenciarías del gobierno federal, pocas comunidades están dispuestas a recibir a los ocupantes de Guantánamo. Las otras alternativas también presentan problemas. Es difícil convencer a países extranjeros que acepten a algunos detenidos cuando EE.UU. mismo no está dispuesto a hacerlo. En qué medida aplicar los principios del derecho internacional también es una cuestión abierta a interpretación y el presidente se encuentra en la comprometida situación de tener que armonizar la seguridad nacional con la jurisprudencia. Dejó en claro que su opinión es que la existencia misma de Guantánamo ayudó a fomentar el terrorismo internacional.

Una clara conclusión emerge de las declaraciones del presidente. La solicitud de los 80 millones destinados al cierre de Guantánamo fue presentada ante el Congreso sin un plan concreto que indique de qué manera se llevará a cabo dicho proceso. El voto en contra de tantos senadores demócratas demanda que Obama aclare con precisión los detalles de su decisión. El líder de la mayoría en el Senado, el senador por Nevada, Harry Reid, declaró que se necesitarán más información para convencer a suficientes senadores demócratas que apoyen la iniciativa de Obama.

Pocos minutos después, el ex-vicepresidente Dick Cheney hizo uso de la palabra para recalcar las diferencias entre el gobierno de Obama y de Bush. En las últimas semanas, Cheney ha criticado las decisiones de Obama como arriesgadas para la seguridad nacional. Cheney declaró la utilidad de las técnicas de interrogación utilizadas en el pasado, cosa que ha sido desmentida por varios funcionarios y en declaraciones presentadas por expertos ante el Congreso. Recalcó la persecución de terroristas llevada a cabo por el gobierno de Bush, a pesar de que es de público conocimiento que ni siquiera se conoce el paradero de Osama Ben Laden. Mencionó también que no existía ninguna relación entre las técnicas de interrogación y los abusos de Abu Ghraib, a pesar de la existencia de informes que mencionan que miembros del gobierno de Bush aprobaron su aplicación. Aclaró además que solamente los peores enemigos de la nación fueron detenidos cuando ha quedado en claro que muchos fueron el resultado de denuncias presentadas a cambio de dinero.

Los dos discursos no podrían presentar dos perspectivas más diametralmente opuestas sobre un mismo problema. Si bien Obama se enfrenta a una difícil situación para resolver un tema de tanta complejidad, especialmente al tratar de equilibrar los requisitos de la seguridad nacional y el derecho nacional e internacional, su énfasis se orienta hacia el futuro. El ex-vicepresidente, en cambio, propone un recuento del pasado inmediato que todavía está fresco en la memoria de la opinión pública. Quizás por eso, es más importante que nunca recordar los errores cometidos para que el futuro no se convierta en el camino hacia el pasado.

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